Demian Reidel dejó la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina S.A. después de una gestión corta, conflictiva y políticamente insostenible. No fue un recambio técnico ni una decisión personal. Fue la consecuencia directa de una concepción de país incompatible con la conducción de un sector estratégico.
Reidel es el mismo funcionario que afirmó, ante un auditorio empresario, que uno de los problemas de la Argentina es que “está poblada por argentinos”. No pidió disculpas. No aclaró. No corrigió. Porque no fue un error: fue una definición ideológica.
Desprecio social como método
La frase no fue una anécdota. Fue una síntesis. Reidel piensa la Argentina como territorio disponible, recursos explotables y población molesta. Esa mirada no es novedosa ni sofisticada: es el viejo desprecio de las elites locales por su propio pueblo, reciclado en lenguaje de consultora.
Arturo Jauretche lo explicó hace décadas: “El medio pelo quiere parecer extranjero aunque viva del país que desprecia.” Reidel no disimuló. Dijo en voz alta lo que otros suelen esconder.
Un cuerpo extraño en la energía nuclear
Reidel llegó a Nucleoeléctrica sin antecedentes en energía nuclear, sin experiencia en planificación estatal y sin conocimiento del sector científico-tecnológico argentino. Su único capital fue ideológico: la creencia de que todo puede administrarse como un activo financiero.
Pero la energía nuclear no es un negocio más. Administra reactores, acuerdos internacionales, tecnología sensible y décadas de inversión pública. No admite conducción por desprecio ni improvisación gerencial.
Juan Domingo Perón fue explícito: “Los intereses de la Nación no se administran como un almacén.” Reidel intentó hacerlo igual.
Conflictos, denuncias y derrumbe interno
Desde comienzos de 2026, su gestión quedó atravesada por denuncias administrativas por presuntos sobreprecios, conflictos internos y renuncias de funcionarios que respondían a su línea. El choque con los cuadros técnicos históricos fue total.
No hubo resultados estructurales. No hubo consenso sectorial. Hubo desgaste, parálisis y daño institucional.
Rodolfo Walsh escribió: “La verdad es siempre subversiva.” En este caso, la verdad fue más simple: no estaba capacitado para el cargo que ocupaba.
La frase que explica la caída
El problema no fue el tono de una frase. Fue la lógica que esa frase reveló. Un funcionario que considera a la población un obstáculo no puede conducir un sector que existe gracias al trabajo, la formación y el financiamiento de esa población.
La energía nuclear argentina es uno de los pocos espacios de soberanía tecnológica real que conserva el país. Tratarla como una variable de mercado no es modernizarla: es ponerla en riesgo.
Raúl Scalabrini Ortiz lo dejó claro: “Un país no se entrega: se lo traiciona.”
Reidel no se fue por decir lo que dijo. Se fue porque pensaba así. La energía nuclear no tolera funcionarios que desprecian al país que la sostiene. Los argentinos no son el problema. El problema es cuando el Estado queda en manos de quienes no creen en la Nación que administran.



























