La empresa Sabri, uno de los principales empleadores de Recreo, comunicó 80 despidos mediante mensajes de WhatsApp. El caso expone la crisis que atraviesa la industria textil, golpeada por la caída del consumo, la apertura de importaciones y el aumento de los costos, en un contexto de creciente pérdida de empleo manufacturero.
La crisis que atraviesa la industria textil argentina sumó un nuevo episodio de fuerte impacto social. La histórica empresa Sabri, radicada en la localidad de Recreo, Catamarca, despidió a 80 trabajadores y eligió un mecanismo que generó una fuerte polémica: las cesantías fueron notificadas mediante mensajes enviados por WhatsApp, en lugar de utilizar los telegramas laborales previstos para este tipo de comunicaciones.
La decisión provocó indignación entre los empleados y sus representantes legales, quienes cuestionaron tanto la forma elegida para comunicar los despidos como la situación que desde hace meses atravesaba la planta. Para una comunidad donde la fábrica llegó a emplear a más de 350 personas, la reducción del personal representa un duro golpe para la economía local.
Fundada en 1984, Sabri se consolidó como una de las principales empresas textiles del norte argentino. La firma confecciona prendas para marcas nacionales e internacionales como Zara, Puma y Kosiuko, y durante décadas fue uno de los motores industriales de Recreo.
Sin embargo, el conflicto no comenzó con los despidos. Los trabajadores denunciaron que desde hacía meses la empresa acumulaba atrasos en el pago de salarios y horas extras, exigía mayores niveles de producción y había implementado distintas medidas para reducir costos, entre ellas vacaciones anticipadas, rotación del personal y paradas técnicas debido a la acumulación de stock.
La modalidad elegida para comunicar las desvinculaciones profundizó el malestar. Los abogados que representan a los empleados sostuvieron que la utilización de WhatsApp en lugar de los mecanismos laborales tradicionales podría abrir una controversia jurídica respecto de la validez de las notificaciones y denunciaron que la empresa intentó evitar el procedimiento habitual previsto por la legislación laboral.
Frente a la repercusión pública, la compañía difundió un comunicado firmado por el integrante del directorio Martín Brieva, donde aclaró que no tiene previsto cerrar la planta y calificó la reducción del personal como una «medida de reorganización profundamente dolorosa».
La empresa atribuyó la decisión a una combinación de factores que viene afectando a buena parte del sector textil. Entre ellos mencionó la fuerte caída del consumo interno, el crecimiento de las importaciones de indumentaria provenientes principalmente de China, Brasil e Indonesia, el aumento de la presión tributaria y financiera, la desaparición de proveedores nacionales de hilados y los extensos plazos de pago exigidos por las grandes cadenas comerciales, que deterioraron su liquidez.
El caso de Sabri refleja un escenario que excede a una sola empresa. La industria textil continúa siendo una de las actividades más golpeadas por la recesión. Según distintos relevamientos sectoriales, las fábricas trabajan con niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al 45%, mientras persisten la caída de las ventas, la reducción de la producción y la pérdida de puestos de trabajo en todo el país.
La crisis también alcanza al comercio minorista. En los últimos días, el histórico local de indumentaria Up Store, de Lomas de Zamora, anunció su cierre definitivo luego de 36 años de actividad. Su propietaria explicó que la competencia de productos importados de bajo precio y el deterioro del mercado interno hicieron inviable sostener el negocio.
En Catamarca, el episodio reavivó además el debate sobre el impacto del modelo económico nacional sobre la producción local. Semanas atrás, la Unión Industrial de Catamarca había advertido que la apertura comercial, el atraso cambiario y la caída del consumo estaban afectando seriamente a las industrias provinciales, un diagnóstico que fue rechazado por dirigentes libertarios.
Mientras tanto, para las 80 familias afectadas en Recreo, el problema ya dejó de ser una discusión sobre política económica. La pérdida del empleo llega en un contexto donde las oportunidades laborales son escasas y donde una fábrica histórica, que durante décadas fue símbolo del desarrollo industrial de la región, intenta sobrevivir reduciendo personal en medio de una de las crisis más profundas que atraviesa el sector textil argentino.



























