Marcelo Gallardo se fue, River necesita entrenador, y el elegido parece ser Eduardo Coudet, el técnico de Alavés que está a tres puntos del descenso en España. Mientras tanto, la directiva prepara una «reorganización» que incluye un nuevo director deportivo. Todo muy lógico, como siempre.
Hay una ley no escrita en el fútbol argentino que dice: cuando un club grande se queda sin técnico, el primer nombre que suena es el del que está más o menos disponible y, preferentemente, en un momento de crisis en su equipo actual. Así, el círculo virtuoso se completa: el técnico llega con el crédito de haber dirigido en Europa y el club se anota el tanto de haber pescado en aguas internacionales. Después, si los resultados no acompañan, siempre se puede echar la culpa al «contexto».
River Plate, fiel a esta tradición, está a punto de contratar a Eduardo «Chacho» Coudet como reemplazante de Marcelo Gallardo. La noticia, que algunos medios confirmaron este sábado, no es un hecho consumado —faltan detalles económicos— pero está tan avanzada que ya se habla de que el Chacho podría debutar el 12 de marzo ante Huracán, después del parate por las elecciones.
El Chacho y su baile con las palabras
Coudet, que actualmente dirige al Alavés en la Liga española, viene de perder con Leganés y acumula cuatro partidos sin ganar. Su equipo está 14°, a tres puntos del descenso. Cuando le preguntaron por el interés de River, el técnico hizo una de esas jugadas que lo caracterizan: primero dijo que no sabía nada, que no había tenido contactos, que todo era humo. Después, su representante Christian Bragarnik confirmó que sí, que lo habían llamado, aunque todavía no habían hablado con el Chacho. Horas más tarde, Coudet aclaró en conferencia: «No es una situación en la que, a día de hoy, yo pueda gravitar. Entiendo el revuelo que se arma. Un club de ese nivel genera estas cosas por el solo hecho de que suene mi nombre».
Traducción: «Me están llamando, pero no puedo decirlo muy fuerte porque todavía no arreglamos el contrato».
El vínculo afectivo (y el contrato)
Lo más curioso de esta novela es que Coudet siempre manifestó su deseo de dirigir a River. En 2019, cuando estaba en Racing, soltó la frase que ahora los hinchas recuerdan con devoción: «En algún momento, mi carrera se va a cruzar con River». Siete años después, el destino (y la necesidad de un DT) parece cruzarlos.
El contrato, según Infobae, sería hasta 2027. O sea: dos años para que el Chacho demuestre que puede hacer en Núñez lo que no pudo en el Celta, en el Inter, en el Mineiro o en el Alavés. No es poca cosa.
Mientras tanto, en la vereda de enfrente
River, que viene de una era Gallardo de ocho años con 14 títulos, ahora enfrenta la transición más complicada de su historia reciente. El Muñeco se fue, dejando la vara tan alta que cualquier sucesor va a tener que lidiar con la comparación eterna. Coudet, que tiene un estilo de juego intenso y ofensivo, deberá además adaptarse a un plantel que no armó y a una dirigencia que, según anunciaron, está «evaluando un cambio en la estructura del fútbol del club» con la incorporación de un nuevo director deportivo.
En criollo: mientras el técnico intenta armar el equipo, los dirigentes discuten quién va a ser el que maneje los hilos desde arriba. Un clásico.
La contratación de Coudet tiene todos los ingredientes de una novela argentina: un técnico con pasado exitoso en el fútbol local (Racing, Rosario Central), un presente complicado en Europa, un deseo declarado de dirigir al club y una dirigencia que busca un nombre que entusiasme a la hinchada. Si sale bien, será un acierto. Si sale mal, la culpa será del «contexto», de los dirigentes, de los jugadores o de la prensa.
Mientras tanto, el lunes, Marcelo Escudero (técnico de la Reserva) dirigirá a River ante Independiente Rivadavia. Un interinato de manual, con el Chacho mirando desde la tele y firmando su contrato con la ilusión de que esta vez sí, su carrera se cruza con River.
Qué duro que viene el 2026, y recién estamos en febrero.




























