El organismo prevé un crecimiento mundial del 3,1% para 2026, pero advierte que el encarecimiento de la energía, el endeudamiento y una posible corrección de las inversiones tecnológicas amenazan la estabilidad financiera. Los países de menores ingresos aparecen entre los más expuestos.
La economía mundial resiste las consecuencias de los conflictos armados y la incertidumbre financiera, pero esa capacidad tiene límites. Durante las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en Bangkok, la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, advirtió que las reservas fiscales y energéticas utilizadas para amortiguar las crisis se están agotando.
El último informe Perspectivas de la economía mundial, publicado el 13 de octubre, proyecta un crecimiento del 3,1% para 2026 y del 3,4% para 2027. También estima una inflación global del 4,7% este año, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía y los alimentos. La recuperación, sin embargo, es desigual: las economías vinculadas con la industria tecnológica avanzan mientras las importadoras de energía soportan mayores costos.
Las guerras golpean los precios y los presupuestos públicos
La guerra en Medio Oriente provoca alteraciones en el abastecimiento energético y amenaza rutas comerciales estratégicas. A esto se suman las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania. El aumento de los combustibles repercute en el transporte, la producción y el precio de los alimentos, con especial impacto sobre los hogares de menores ingresos.
El FMI advierte que los gobiernos disponen de menos recursos para responder a estas perturbaciones. Los subsidios energéticos y el mayor costo de refinanciar la deuda reducen el margen para financiar servicios públicos e inversiones. Según un análisis publicado durante las reuniones, las medidas de apoyo energético representan alrededor del 0,5% del producto mundial.
La inteligencia artificial impulsa el crecimiento, pero también genera riesgos
La expansión de la inteligencia artificial sostiene inversiones millonarias en centros de datos, semiconductores y sistemas informáticos. Sin embargo, el Fondo advierte que una parte de las valuaciones financieras depende de expectativas de productividad que todavía deben materializarse. Si los resultados económicos quedan por debajo de lo esperado, podría producirse una corrección de los mercados.
Georgieva reclamó el 16 de octubre mecanismos de supervisión y reglas éticas para evitar que los riesgos de la tecnología superen sus beneficios. También advirtió sobre las consecuencias laborales: la automatización puede aumentar la productividad, pero desplazar determinadas tareas y dificultar el ingreso de trabajadores jóvenes al mercado laboral.
La preocupación también alcanza al sistema bancario. Los ministros de Finanzas del G7 analizaron ejercicios de simulación de ciberataques potenciados por inteligencia artificial contra entidades financieras e infraestructura crítica. Se trata de medidas preventivas frente a una amenaza tecnológica creciente, no de la confirmación de una crisis bancaria.
Una economía que crece, pero distribuye desigualmente sus beneficios
El problema central es que las oportunidades y los costos no recaen sobre los mismos países. Estados Unidos y varias economías asiáticas concentran buena parte de las inversiones tecnológicas, mientras numerosos países de bajos ingresos enfrentan dificultades para financiar infraestructura digital, electricidad y capacitación laboral.
El 17 de octubre, el presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional, Mohammed Aljadaan, advirtió que los conflictos armados provocan graves pérdidas humanas y afectan la seguridad energética y alimentaria. También señaló que la inteligencia artificial podría ampliar las desigualdades si sus beneficios no llegan a las economías más vulnerables.
El FMI no anticipa una recesión mundial inevitable. Su advertencia es más concreta: el crecimiento depende cada vez más de la inversión tecnológica, mientras las guerras y la deuda debilitan la capacidad de los Estados para enfrentar nuevas crisis.
La cuestión de fondo será si los beneficios de la innovación se traducen en empleo, productividad y mejores condiciones de vida, o si quedan concentrados en las economías y empresas que ya cuentan con mayores recursos.



























