El oficialismo busca aprobar leyes de financiamiento universitario, reforma electoral y cambios en el Código Aduanero, pero enfrenta resistencia sindical y reclamos de fondos de los gobernadores. La pelea entre Karina y Caputo se apagó temporalmente. Y el cruce entre el Presidente y el diputado opositor subió la temperatura.
Siete semanas después del estallido del escándalo Adorni, el gobierno nacional parece haber salido a flote. O al menos eso cree. La presentación del jefe de Gabinete en el Congreso le permitió al oficialismo mostrar una foto de unidad y guardar la interna en el freezer. Pero la agenda legislativa que impulsa La Libertad Avanza es ambiciosa, por decir lo menos, y enfrenta serias dificultades para avanzar.
La ensalada legislativa libertaria
El menú que el gobierno quiere aprobar en el corto plazo incluye lo que el oficialismo denomina «Ley Hojarasca» (palazo a normativas obsoletas), un proyecto de financiamiento universitario (contradicción pura para un gobierno que ajusta la educación pública), una Ley de Discapacidad (otra contradicción, después de debilitar la ANDIS), la reforma electoral, la reforma del Código Penal y la reforma del Código Aduanero.
Este último proyecto es el que más ampollas levanta. Federico Sturzenegger, fiel a su estilo, redactó un lineamiento para «desregular» el área de Aduana. Los despachantes de aduana, el gremio SUPARA y la CGT ya lanzaron una batería de críticas. La reforma, según fuentes libertarias, fue redactada con la asistencia del Ministerio de Seguridad, lo que sugiere que el control aduanero pasaría a ser manejado por Gendarmería y Prefectura. Una transferencia de poder que, por supuesto, genera roces internos.
Santilli a la carga
Diego Santilli, el ministro del Interior que se ganó la confianza de Karina Milei, será el encargado de negociar con los gobernadores. El próximo jueves viajará a San Juan para ver a Marcelo Orrego. Después, podría seguir recorriendo provincias en busca de votos, tal como lo hizo para conseguir apoyos para el Presupuesto y las reformas laboral y penal juvenil.
El problema de fondo es que los gobernadores no solo quieren leyes. Quieren plata. La coparticipación no alcanza, los salarios de los empleados públicos presionan, y el gobierno ya no puede seguir repartiendo fondos discrecionalmente sin afectar su propio déficit cero. Santilli va a pedir votos sin ofrecer fondos. Suerte con eso.
La interna que se congeló (por ahora)
La pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo protagonizó una pulseada por el control del armado político libertario. La hermana del Presidente, que maneja la estructura territorial, y el asesor estrella, que concentra poder en la estrategia y la comunicación, disputaron espacios, decisiones y nombres propios.
Pero Javier Milei intervino y ordenó bajar los decibeles. La interna quedó en el freezer. La tregua es táctica. Los antecedentes muestran que se rompe.
El cruce más picante: Tailhade vs. Milei
El diputado Rodolfo Tailhade reveló en el Congreso movimientos de la esposa de Adorni que el gobierno calificó de «espionaje ilegal». Milei, furioso, posteó en X: «Me gustaría saber qué opinan las basuras inmundas de FOPEA sobre lo que ha hecho Tailhade… ¿Creen estar por encima de la CN?».
Tailhade no se achicó. Le respondió con una frase que debería estar tatuada en la pared de la Rosada: «No tiene idea de cómo le mintió a su hermana cuando le dijo ‘ahora sí, no hay nada más’. Hay mucho, mucho, MUCHO más que los 10 minutos que me dieron para hablar en el recinto».
Y le recomendó al Presidente: «Sáquese para cuidarse, Presidente. Ya hizo un papelón con Espert y ahora está repitiendo el mismo error. Y deje de boludear en X y póngase a trabajar, porque la situación económica de los laburantes es dramática».

El cierre
El gobierno intenta mostrar que el escándalo Adorni quedó atrás y que la agenda legislativa avanza. Pero los gremios se resisten, los gobernadores piden plata, la interna libertaria sigue latente y el Presidente pasa más tiempo peleando en X que construyendo mayorías.
Milei quiere aprobar leyes, pero no tiene los votos. Santilli quiere negociar, pero no tiene fondos. Karina y Caputo se disputaron el poder y ahora callan. Y el diputado Tailhade, mientras tanto, avisa que todavía no mostró todo.
El problema no es la agenda. Es la realidad.
Y mientras el oficialismo intenta avanzar como si la tuviera, el sistema político sigue sin resolver lo básico: cómo gobernar sin votos, sin acuerdos y sin respaldo real.
El espectáculo, como siempre, continúa. Y los laburantes, como siempre, siguen esperando.




























