Buenos Aires, 2 de octubre de 2026. La recaudación del IVA volvió a caer en términos reales en septiembre y completó once meses consecutivos de retroceso, una señal directa del debilitamiento del consumo y de la actividad interna. Mientras la recaudación total llegó a $21,36 billones, impulsada por Ganancias y derechos de exportación, el Fondo Monetario Internacional confirmó que el deterioro de los ingresos fiscales será parte de la discusión de la tercera revisión del acuerdo argentino.
Los números de septiembre esconden dos fotografías muy diferentes de la economía argentina. En la superficie, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) informó ingresos tributarios por $21,359 billones, un incremento nominal interanual del 38,3%. Pero cuando se observa qué impuestos sostienen esa cifra y se descuenta la inflación, aparece una señal bastante menos favorable: el IVA continúa perdiendo terreno.
Según los cálculos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) que acompañan la serie elaborada por su titular, Nadin Argañaraz, el IVA bruto cayó alrededor de 5,8% real interanual en septiembre. La serie muestra además que el deterioro no es un episodio aislado: el impuesto acumula once meses consecutivos de variaciones reales negativas.
Los gráficos son todavía más reveladores cuando se separa el IVA impositivo —vinculado principalmente con operaciones dentro del país— del IVA aduanero, asociado al comercio exterior. En septiembre, el primero mostró una pequeña variación positiva real, cercana al 1,3%, pero el IVA aduanero se desplomó aproximadamente 18,4% real. En el acumulado enero-septiembre, las tres mediciones permanecen negativas: IVA DGI -1,3%, IVA DGA -18,4% e IVA bruto -6,9%, de acuerdo con la estimación de IARAF.
Once meses con el IVA en rojo
El problema es la persistencia. Desde noviembre de 2025, el IVA bruto no logra registrar crecimiento real interanual. Durante 2026 atravesó caídas particularmente fuertes: alrededor de -13,7% en enero, -15,5% en febrero, -10,1% en marzo, -8,1% en abril, -9% en mayo, -6,3% en junio, -4,4% en julio, -2,7% en agosto y -5,8% en septiembre, según la serie presentada por IARAF.
El acumulado permite quitarle ruido a cada mes. Entre enero y septiembre de 2026, el IVA bruto recaudó en términos reales 6,9% menos que durante igual período de 2025. El IVA aduanero es el componente más castigado, con una caída acumulada cercana al 18,4%.
No se trata solamente de una discusión tributaria. El IVA es uno de los impuestos que más rápidamente recoge los movimientos de las ventas, el consumo y las transacciones económicas. Una caída persistente en términos reales significa que la base sobre la cual el Estado recauda uno de sus principales tributos está creciendo por debajo de los precios.
Y eso introduce una contradicción delicada para el programa económico: el Gobierno necesita recaudar para sostener el superávit, pero una economía debilitada erosiona precisamente los impuestos que deberían financiarlo.
La recaudación subió, pero Ganancias salvó la foto
Los datos oficiales de ARCA permiten entender cómo la recaudación global consiguió crecer 38,3% nominal mientras el IVA continuó debilitándose.
El IVA Neto aportó $6,918 billones, con un aumento nominal de apenas 26,1% interanual. El IVA Impositivo avanzó 35,5% y el Aduanero solamente 8,7%. En agosto, el IVA Neto había crecido 25,3% nominal, de modo que el problema no nació en septiembre.
Ganancias mostró una realidad completamente diferente: ingresaron $4,773 billones, un salto nominal del 63,3%. Seguridad Social recaudó $4,974 billones (+35,4%), Débitos y Créditos $1,605 billones (+33%) y los derechos de exportación alcanzaron $1,122 billones, con una extraordinaria suba nominal del 99,2%.
Parte del fuerte desempeño de Ganancias estuvo afectado además por el calendario de vencimientos. Esto obliga a ser cuidadosos al interpretar el 38,3% de crecimiento nominal de la recaudación como una señal equivalente de recuperación general de la economía.
El IVA cuenta otra historia.
El FMI preguntó exactamente por eso
La preocupación dejó de ser solamente una lectura de economistas argentinos. El 1 de octubre, durante la conferencia de prensa oficial del FMI en Washington, periodistas preguntaron expresamente a Julie Kozack por la caída de la recaudación y por su posible impacto sobre el equilibrio fiscal.
La respuesta de la directora de Comunicaciones del Fondo confirmó que el asunto está sobre la mesa.
Kozack informó que la misión encabezada por Joyce Wong estuvo en Buenos Aires entre el 21 y el 29 de septiembre para trabajar sobre la tercera revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas y aclaró que las negociaciones continuarán durante las próximas semanas con el objetivo de alcanzar un acuerdo a nivel técnico.
Ante la pregunta específica sobre la recaudación, señaló que “el posible impacto en los ingresos fiscales” será parte de las conversaciones entre el equipo del Fondo y las autoridades argentinas.
La precisión importa: el FMI no dijo públicamente que la caída del IVA, por sí sola, lo haya “alarmado” ni anunció una exigencia concreta de cambio de política fiscal. Sí confirmó oficialmente que el impacto de la evolución económica sobre los ingresos tributarios forma parte de la revisión. Esa diferencia evita transformar una preocupación verificable en una afirmación que el organismo no realizó.
El problema es más grande que el IVA
La discusión llega además en un momento incómodo. El FMI reconoció que el PBI argentino se contrajo durante el segundo trimestre, que hubo fuertes retrocesos del consumo y la inversión, y recibió preguntas sobre el aumento del desempleo y la pobreza. Kozack sostuvo que el crecimiento argentino se concentró principalmente en energía, minería y agro, y señaló que existe una coincidencia entre el Fondo y el Gobierno sobre la necesidad de extenderlo hacia otros sectores y trabajadores.
Ese diagnóstico es especialmente significativo frente a la recaudación del IVA. Una economía puede generar dólares y crecimiento en sectores exportadores muy productivos sin que esa expansión se traslade proporcionalmente al empleo, los salarios y el consumo masivo.
De hecho, el propio Fondo proyectaba todavía en julio un crecimiento argentino del 3,5% para 2026 y del 4% para 2027. La cuestión que empieza a aparecer detrás de los números tributarios es, por lo tanto, qué tipo de crecimiento está produciéndose y cuánto de ese crecimiento llega al mercado interno.
El círculo fiscal que preocupa
Aquí aparece el punto más delicado para Luis Caputo.
El superávit fiscal depende de dos grandes variables: ingresos y gastos. Hasta ahora, el Gobierno concentró buena parte del esfuerzo sobre el segundo componente mediante reducción del gasto real. Pero esa estrategia encuentra un límite cuando la actividad y el consumo debilitan simultáneamente la recaudación.
Si los ingresos tributarios quedan por debajo de las previsiones y el Ejecutivo decide preservar a cualquier costo la meta fiscal, necesitará compensarlo con mayores ingresos, nuevos recortes o una combinación de ambos.
Pero una poda adicional sobre salarios públicos, transferencias, inversión, obra pública o programas estatales puede volver a reducir demanda y actividad. Y una economía todavía más débil puede recaudar todavía menos IVA.
Es el riesgo de una retroalimentación contractiva: menor actividad, menor recaudación, mayor ajuste para preservar el resultado fiscal y nuevamente menor actividad.
El Gobierno apuesta exactamente a lo contrario. El Presupuesto 2027 parte de que, después de una caída real de los recursos durante 2026, la recaudación se recuperará el próximo año acompañando un crecimiento del PBI proyectado en 4%. Si esa recuperación del mercado interno no aparece, una de las piezas centrales del esquema presupuestario comenzará a quedar bajo presión.
La caja empieza a contar una historia distinta
Septiembre deja entonces una paradoja difícil de disimular. ARCA recaudó $21,36 billones y Ganancias creció 63,3%; sin embargo, el impuesto que acompaña diariamente el consumo lleva once meses consecutivos cayendo en términos reales.
La fotografía puede mostrar una recaudación nominal creciente. La película muestra algo diferente.
Y el FMI ya está mirando la película.
Después de años en los que el centro de la discusión estuvo puesto en cuánto podía recortar el Estado para alcanzar el superávit, la tercera revisión introduce una pregunta bastante más incómoda para Caputo: qué ocurre con el equilibrio fiscal cuando el problema deja de estar solamente en el gasto y empieza a estar también en una economía que recauda cada vez menos IVA en términos reales.



























