Una jubilada de 75 años fue engañada en Santa Fe y perdió cerca de 400 mil dólares en una estafa que combinó una vieja modalidad criminal con un detalle inesperado: el delincuente escapó en monopatín eléctrico. El caso vuelve a encender las alarmas sobre las estafas contra adultos mayores en Argentina.
En una escena que parece salida de una crónica policial de otro tiempo pero atravesada por los códigos del presente urbano, una jubilada de 75 años fue víctima de una estafa millonaria en la provincia de Santa Fe. El hecho ocurrió bajo una modalidad conocida desde hace décadas en Argentina como “cuento del tío”, un tipo de engaño basado en la manipulación psicológica y la urgencia emocional.
El resultado fue devastador: la mujer entregó cerca de 400 mil dólares en efectivo a un hombre que logró convencerla de que venía de parte de su esposo para realizar un supuesto trámite bancario. Tras obtener el dinero, el delincuente abandonó la vivienda y escapó rápidamente de la escena utilizando un monopatín eléctrico, un elemento que sorprendió a investigadores y vecinos y que se convirtió en uno de los detalles más llamativos del caso.
El episodio, actualmente investigado por la fiscalía de Santa Fe, expone una combinación cada vez más frecuente en el delito urbano contemporáneo: modalidades de estafa tradicionales adaptadas a nuevas dinámicas de movilidad y a la creciente vulnerabilidad social de determinados sectores de la población, especialmente los adultos mayores.
El engaño
Según reconstruyeron los investigadores a partir del testimonio de la víctima, el hecho comenzó cuando un hombre se presentó en la vivienda de la jubilada y se identificó como alguien vinculado con su esposo. Con un discurso convincente, el estafador le explicó que su marido se encontraba en una entidad bancaria esperando que ella le entregara el dinero que tenía guardado en su casa.
La historia que utilizó no fue casual. El delincuente apeló a un argumento habitual en este tipo de estafas: la necesidad urgente de cambiar billetes por una nueva serie de circulación, una narrativa que ha sido utilizada durante años por estafadores para persuadir a víctimas de entregar ahorros en efectivo.
El mensaje se construyó sobre tres elementos clave: urgencia, autoridad y confianza familiar.
Primero, el supuesto trámite debía hacerse de inmediato.
Segundo, el pedido estaba asociado a un banco.
Y tercero, involucraba directamente al esposo de la víctima.
Esta combinación suele ser suficiente para generar confusión y presión emocional en la persona engañada.
El delincuente logró que la mujer le abriera la puerta de su casa y, una vez dentro, se dirigió a una de las habitaciones donde estaba guardado el dinero. Según trascendió, la jubilada tenía una suma cercana a los 400 mil dólares en efectivo, un monto que representaba gran parte de sus ahorros.
Una vez que obtuvo el dinero, el hombre abandonó la vivienda sin ejercer violencia física.
Pero el detalle que transformó el caso en una historia inusual ocurrió en la fuga.
El ladrón escapó en un monopatín eléctrico.
Una fuga inesperada
La utilización de un monopatín eléctrico como vehículo de escape no solo sorprendió a la víctima, sino también a los investigadores.
Los monopatines eléctricos se han convertido en una forma de transporte cada vez más común en las ciudades argentinas, especialmente en áreas urbanas donde permiten desplazamientos rápidos y discretos. Su tamaño reducido, su bajo nivel de ruido y la facilidad para circular por veredas o calles secundarias los convierten en un medio ideal para evadir controles o desaparecer rápidamente del lugar de un delito.
Especialistas en seguridad urbana señalan que los delincuentes han comenzado a incorporar estos dispositivos en distintos tipos de delitos, desde arrebatos hasta estafas o robos de oportunidad.
En este caso, el monopatín permitió al estafador escapar rápidamente de la escena antes de que los vecinos o la policía pudieran reaccionar.
Las autoridades ahora analizan cámaras de seguridad de la zona para intentar identificar al sospechoso y reconstruir su recorrido después del robo.
Un delito viejo que no desaparece
El llamado “cuento del tío” no es una modalidad nueva. En Argentina, este tipo de estafas existe desde principios del siglo XX y se basa en una técnica simple: convencer a la víctima de entregar voluntariamente dinero o bienes mediante una historia falsa pero verosímil.
Con el paso de los años, el método se fue adaptando a las transformaciones tecnológicas y sociales.
En las últimas décadas, por ejemplo, se popularizó el “cuento del tío telefónico”, donde los delincuentes llaman a adultos mayores fingiendo ser familiares o empleados bancarios para convencerlos de entregar dinero a supuestos mensajeros.
Según datos del Ministerio de Seguridad de la Nación y de distintas fiscalías provinciales, los adultos mayores siguen siendo uno de los principales blancos de este tipo de delitos.
Esto se debe a varios factores.
Primero, muchas personas mayores guardan ahorros en efectivo en sus viviendas, especialmente en contextos de inestabilidad económica o desconfianza en el sistema financiero.
Segundo, suelen tener rutinas más previsibles y pasar más tiempo en sus hogares.
Y tercero, los estafadores explotan la confianza generacional en instituciones como bancos o fuerzas de seguridad.
La magnitud del problema
El crecimiento de las estafas contra adultos mayores se ha convertido en una preocupación creciente en distintos países.
Un informe reciente de Interpol sobre fraude y estafas financieras advierte que los delitos basados en manipulación psicológica representan una parte significativa de los crímenes económicos a nivel global.
En Argentina, las fiscalías especializadas en ciberdelitos y fraudes han registrado un aumento sostenido en denuncias relacionadas con engaños telefónicos, estafas digitales y modalidades tradicionales como el “cuento del tío”.
Datos del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires indican que las estafas constituyen uno de los delitos económicos más denunciados en el país, y que los adultos mayores figuran entre las víctimas más frecuentes.
El problema se agravó después de la pandemia de COVID-19, cuando el aislamiento social incrementó el uso de tecnología y generó nuevas oportunidades para los estafadores.
La vulnerabilidad de los adultos mayores
Organizaciones que trabajan con adultos mayores advierten que estos delitos no solo provocan pérdidas económicas, sino también impactos emocionales profundos.
Para muchas víctimas, el dinero entregado representa ahorros acumulados durante décadas de trabajo.
Además, el engaño suele producir sentimientos de culpa o vergüenza que dificultan denunciar el hecho.
Especialistas en gerontología señalan que el daño psicológico puede ser tan grave como la pérdida económica.
Muchas víctimas desarrollan ansiedad, desconfianza o miedo a interactuar con desconocidos después de sufrir una estafa.
El rol de la información y la prevención
Las autoridades insisten en que la mejor herramienta para prevenir este tipo de delitos sigue siendo la información.
Los bancos y organismos de seguridad suelen recordar que ninguna entidad financiera envía personas a los domicilios para retirar dinero, ni solicita cambios urgentes de billetes mediante intermediarios.
También recomiendan desconfiar de cualquier persona que invoque urgencia o presión emocional para obtener dinero.
Sin embargo, los estafadores continúan encontrando nuevas maneras de adaptar sus historias.
En muchos casos utilizan información obtenida a través de redes sociales, guías telefónicas o incluso datos filtrados de bases comerciales para construir relatos más creíbles.
Una investigación en marcha
El caso ocurrido en Santa Fe quedó en manos de la fiscalía correspondiente, que ya inició una investigación para identificar al autor del hecho.
Entre las primeras medidas se encuentran el análisis de cámaras de seguridad de la zona, el relevamiento de testigos y la reconstrucción del recorrido del sospechoso.
Los investigadores no descartan que el delincuente forme parte de una banda especializada en estafas, una modalidad frecuente en este tipo de delitos.
En muchos casos, los grupos criminales se organizan en distintos roles: quienes llaman o realizan el engaño, quienes retiran el dinero y quienes se encargan de trasladarlo o ocultarlo.
El delito que evoluciona
El robo sufrido por la jubilada santafesina resume una transformación más amplia en el delito urbano contemporáneo.
Por un lado, las estafas tradicionales siguen vigentes porque explotan mecanismos psicológicos universales: la confianza, la urgencia y el miedo a perder una oportunidad o evitar un problema.
Por otro, los delincuentes incorporan herramientas y dinámicas propias de la vida urbana actual.
En este caso, el monopatín eléctrico se convirtió en el símbolo de esa adaptación.
Un dispositivo asociado con la movilidad sustentable terminó funcionando como vehículo de escape en una estafa millonaria.
Una historia que se repite
Mientras la investigación continúa, el caso vuelve a poner en evidencia un problema persistente: la exposición de los adultos mayores a delitos basados en engaño.
Aunque la escena del monopatín pueda parecer casi cinematográfica, la lógica del crimen es tristemente conocida.
Un engaño rápido.
Una historia creíble.
Una víctima vulnerable.
Y una pérdida que, en muchos casos, es imposible de recuperar.
El desafío para las autoridades y la sociedad no es solo encontrar al responsable de este robo.
Es evitar que la próxima historia tenga el mismo final.



























