Fernanda Raverta reprodujo insultos de Milei y los libertarios contraatacaron con un audio de Alberto Fernández agrediendo verbalmente a Fabiola Yañez. Una senadora denunció sufrir violencia porque no le tratan los proyectos. La Legislatura inauguró un nuevo género musical: grandes éxitos de la decadencia política argentina.
El Senado bonaerense dejó de debatir leyes y organizó un festival de audio. Sin entradas, sin músicos y con dos expresidentes —uno en ejercicio— compitiendo por el premio al peor vocabulario institucional.
La democracia argentina ya no necesita cuarto oscuro. Necesita auriculares y un botón para saltar canciones.
Fernanda Raverta abrió el espectáculo reproduciendo desde su teléfono una compilación de insultos de Javier Milei. La senadora cuestionó que la máxima autoridad del país naturalice semejante violencia verbal.
Hasta ahí, una discusión política.
Pero los libertarios entendieron que había empezado una batalla de DJ.
Gonzalo Cabezas pidió la palabra y reprodujo un audio incorporado a la denuncia de Fabiola Yañez contra Alberto Fernández, en el que el expresidente insulta a su entonces pareja.
Raverta puso a Milei. Cabezas puso a Alberto. Faltaba que alguien gritara “¡otra, otra!” y apareciera el Chaqueño Palavecino.
La discusión sobre la violencia terminó convertida en una competencia para determinar qué espacio político tenía al insultador más desagradable.
Un campeonato extraordinario: todos llevaban pruebas y ninguno quería ganar.
Entonces intervino Analía Balaudo, senadora libertaria cercana a Sebastián Pareja, para denunciar que ellos también eran víctimas de violencia.
El recinto se puso serio.
¿Qué había pasado?
¿Amenazas? ¿Agresiones? ¿Intimidaciones?
No.
El peronismo no les daba tratamiento a sus proyectos en comisión.
En Argentina, una mujer denuncia violencia de género y un legislador responde que no le aprobaron el expediente.
La próxima sesión alguien va a pedir una perimetral contra el orden del día.
Mientras tanto, Diego Valenzuela discutía por el cierre de Fate y defendía que los neumáticos argentinos eran mucho más caros que los de otros países. Federico Fagioli lo cruzó, Valenzuela quiso responder y Verónica Magario no le concedió la palabra.
El exintendente terminó abandonando el recinto, indignado.
Fue a defender la libre competencia y perdió por abandono ante el reglamento.
Lo más grotesco es que todo empezó cuando Raverta recordó el femicidio de Lucía Pérez, ocurrido diez años atrás en Mar del Plata. Una oportunidad para discutir violencia machista terminó secuestrada por el archivo sonoro de dos dirigentes.
La víctima quedó fuera de la discusión.
Los insultos consiguieron tiempo de aire.
Y los legisladores demostraron que, para hablar de violencia, primero necesitan encontrar una grabación del adversario.
No estaban debatiendo cómo terminar con la violencia. Estaban disputándose los derechos de autor.
Al final, la sesión dejó una conclusión preocupante: el peronismo tiene los audios de Milei, los libertarios tienen los de Alberto y ambos cuentan con suficiente material para editar un álbum doble.
Próximo lanzamiento: Grandes éxitos de la República Argentina. Incluye insultos, gritos, acusaciones y una pista oculta: el sonido de los proyectos de ley muriéndose de aburrimiento.



























