Marcelo Fígoli ofreció 204 mil millones de pesos por la explotación de Tecnópolis durante 25 años, frente a los 183.300 millones del consorcio encabezado por La Nación. Pero el dinero representa apenas el 20% de la evaluación. En medio de versiones sobre preferencias políticas y acuerdos anticipados, el Gobierno deberá decidir quién se queda con el predio. La libertad de mercado enfrenta su peor pesadilla: que gane el que puso más plata.
¡Qué momento extraordinario para el capitalismo argentino!
El Gobierno que vino a terminar con la intervención del Estado ahora tiene que resolver una licitación en la que uno de los interesados ofreció 20.700 millones de pesos más que su competidor.
Y, según las versiones publicadas, la oferta más alta podría complicar los planes que se atribuyen al entorno de Karina Milei.
¡La puta madre! ¡Estos empresarios no entienden nada!
¡Uno organiza una licitación y aparece un desubicado ofreciendo más plata!
Marcelo Fígoli, dueño de Fenix Entertainment, presentó una propuesta de 204 mil millones de pesos por Tecnópolis.
El consorcio encabezado por La Nación ofreció 183.300 millones.
Hasta ahí, las matemáticas son sencillas.
Pero resulta que la oferta económica representa solamente el 20% de la evaluación final.
El otro 80% corresponde a los demás criterios establecidos para adjudicar el predio.
Y ahí está la magia.
En la escuela te enseñan que 204 es más que 183. En la política argentina te explican que depende de quién esté corrigiendo el examen.
Por supuesto, que una oferta económica sea mayor no significa automáticamente que deba ganar. También importan la solvencia, el proyecto y las condiciones técnicas.
El problema empieza cuando aparecen versiones de que alguien ya conocía al ganador antes de que terminara la competencia.
Según la información publicada, desde el entorno de La Nación habrían comenzado a sondear productores para administrar partes del predio. Una fuente incluso sostuvo que alguien del Gobierno les habría anticipado un resultado favorable.
Eso es una versión periodística, no una adjudicación anticipada demostrada.
Pero como argumento para una comedia es extraordinario.
¡Imaginate presentarte a un concurso de baile y descubrir que uno de los participantes ya está contratando a los músicos para su fiesta de campeón!
Tecnópolis tiene 54 hectáreas, infraestructura para grandes espectáculos y estacionamiento para dos mil vehículos.
No estamos hablando de alquilar el salón de la sociedad de fomento para hacer un cumpleaños de quince.
Estamos hablando de un negocio importante, con una concesión proyectada por un cuarto de siglo.
¡Veinticinco años!
Si te quedás con Tecnópolis hoy, cuando termine el contrato probablemente ya hayamos tenido seis planes económicos, cuatro salvatajes del Fondo y otro presidente explicando que la inflación es culpa de los zurdos.
La disputa también tiene nombres internacionales.
La Nación aparece asociada con Live Nation, mientras Fígoli incorporó a AEG.
Dos gigantes del entretenimiento peleando por el predio.
¡Qué lujo!
Antes Tecnópolis recibía muestras de ciencia, tecnología y cultura.
Ahora podría convertirse en el lugar donde los argentinos aprendan experimentalmente cómo funciona la gravedad política: cuanto más cerca estás del poder, menos pesan ciertas cosas.
Y hay otro detalle delicioso.
La información publicada recuerda que, en la licitación de Costa Salguero, una oferta económica superior tampoco terminó imponiéndose.
Eso no demuestra irregularidades en este proceso, pero alcanza para despertar una pregunta bastante razonable: ¿cómo se ponderan los criterios y quién verifica que se apliquen de manera transparente?
Porque cuando la plata representa el 20%, el otro 80% merece explicaciones muy claras.
No vaya a ser cosa que la fórmula de evaluación termine siendo veinte por ciento dinero, treinta por ciento experiencia y cincuenta por ciento «me lo recomendó un conocido».
Mientras tanto, las versiones sobre el entorno de Karina Milei agregan condimento a una licitación que debería resolverse exclusivamente por sus méritos.
Y el Presidente, que ha protagonizado fuertes enfrentamientos públicos con La Nación, tampoco contribuye a que el asunto parezca una tranquila evaluación administrativa.
¡Es una familia hermosa!
Uno se pelea con el diario, a la otra le atribuyen preferencias por su consorcio y en el medio hay empresarios tratando de averiguar si los números alcanzan para ganar.
La libertad de mercado argentina es fascinante: los empresarios compiten, los funcionarios evalúan y los ciudadanos rezamos para que las reglas sean las mismas para todos.
Pero tampoco corresponde dar por hecho que la licitación está arreglada. No hay en la información presentada una resolución definitiva ni pruebas concluyentes de una adjudicación irregular.
Lo que sí hay es una diferencia económica de 20.700 millones de pesos que deberá ser considerada junto con el resto de los criterios.
Y una obligación elemental: explicar con transparencia por qué gana quien gane.
Porque si Fígoli tiene la mejor propuesta integral, que gane Fígoli.
Si la tiene el consorcio de La Nación, que gane La Nación.
Lo que no puede ocurrir es que los ciudadanos tengan que adivinar si están presenciando una competencia empresarial o el reparto de una torta de cumpleaños.
Milei prometió que el mercado decidiría quién gana y quién pierde. Ahora el mercado puso 21 mil millones de pesos más sobre la mesa y todos están mirando qué decide la política.
Al final, Tecnópolis podría seguir siendo un gran centro de experimentación científica: el único lugar del mundo donde se estudia si 204 mil millones pesan menos que 183 mil millones cuando los pone el empresario equivocado.



























