El Gobierno busca evitar que los diputados salteños contribuyan al quórum para debatir el DNU 70/23. Justo cuando sus votos se volvieron decisivos, Caputo anunció que intentará conseguir inversiones para el Belgrano Cargas. No hay obras garantizadas ni compromisos firmes, pero sí una coincidencia ferroviaria extraordinaria: cada vez que al oficialismo le faltan legisladores, aparece un tren cargado de promesas.
Javier Milei descubrió que Argentina necesita ferrocarriles.
¡Milagro, carajo!
Después de años de escuchar que el Estado era una organización criminal y que el mercado resolvía todo, resulta que un tren puede ser fundamental para el futuro del país.
Especialmente si lleva tres diputados salteños en el último vagón.
El Gobierno está preocupado porque la oposición quiere reunir quórum para tratar el DNU 70/23. Y los legisladores que responden al gobernador Gustavo Sáenz pueden resultar decisivos.
Entonces apareció Toto Caputo con una noticia maravillosa: buscarán inversiones para los ramales C-14 y C-15 del Belgrano Cargas.
¡Qué sensibilidad federal!
Hasta ayer, si Salta necesitaba un tren, tenía que esperar al mercado. Ahora que Milei necesita votos, el mercado viene con locomotora y servicio de catering.
Eso sí, el anuncio tiene una particularidad: no garantiza las obras ni establece que deban incluirse obligatoriamente en los pliegos de privatización.
Prometen que van a intentar conseguir inversiones.
¡Espectacular!
Es como regalarle a tu novia una foto de un anillo y pedirle que se case con vos porque estás averiguando precios.
La maniobra llega justo cuando el oficialismo necesita que los diputados salteños no contribuyan al quórum.
Y ahí está la belleza de la política argentina.
Cuando una provincia reclama infraestructura, le explican que no hay plata.
Cuando el Gobierno necesita una votación, aparecen funcionarios capaces de encontrar hasta las vías del ferrocarril que todavía no construyeron.
¡No hay presupuesto para el tren, pero aparentemente sí hay combustible para la máquina de hacer promesas!
El diputado Pablo Outes advirtió que sin compromisos concretos para Salta no pueden seguir trabajando en el Congreso como si nada pasara.
Y tiene razón en algo: una provincia necesita obras, no una declaración de buenas intenciones.
Porque si alcanzara con anunciar que van a buscar inversiones, Argentina tendría trenes bala, hospitales de primer mundo y una estación espacial en Santiago del Estero.
Mientras tanto, Bernardo Biella seguía siendo una incógnita y Yolanda Vega había informado que no asistiría por cuestiones de salud.
En la Casa Rosada deben estar haciendo cuentas como un apostador que perdió hasta los calzoncillos.
¡Necesitan diputados, pero lo único que tienen para ofrecer es un ferrocarril en tiempo futuro!
Y atención, porque no se trata de cualquier decreto.
El DNU 70/23 incluye cambios importantes en el régimen de tierras rurales, una cuestión que involucra la soberanía territorial y las condiciones para la adquisición de tierras por extranjeros.
O sea que mientras se discuten reglas sobre la tierra argentina, el Gobierno intenta convencer a una provincia con la posibilidad de inversiones ferroviarias.
La patria no se vende, muchachos. Pero parece que el quórum se puede negociar con un tren que todavía no tiene fecha de salida.
Desde el entorno de uno de los legisladores calificaron el anuncio como un apriete.
Eso es una interpretación política que el Gobierno seguramente rechazaría.
Pero admitamos que la coincidencia es preciosa.
Sáenz reclama inversiones.
El Gobierno necesita que sus diputados no bajen al recinto.
Y Caputo anuncia que va a intentar conseguir exactamente esas inversiones.
¡Qué suerte! ¡Es como que tu suegra te pida plata justo el día que necesitás que cuide a los chicos!
Lo más gracioso es que Milei llegó al poder prometiendo terminar con la vieja política.
Nada de negociaciones entre gobernadores y la Casa Rosada.
Nada de favores.
Nada de toma y daca.
¡La casta tenía miedo!
Y ahora tenemos al ministro de Economía anunciando posibles inversiones ferroviarias en medio de una pelea por el quórum.
El león terminó haciendo lo mismo que denunciaba, pero con una diferencia: antes te prometían un puente; ahora te prometen que van a buscar a alguien que quizá quiera financiarlo.
Y si el anuncio consigue su objetivo político, será una obra maestra de la ingeniería libertaria.
Un tren que no necesita estar construido para transportar resultados.
Una locomotora que funciona sin combustible.
Un ferrocarril que no lleva cargas, sino expectativas.
¡El Belgrano Cargas pasó de transportar mercadería a transportar diputados imaginarios!
Porque el Gobierno todavía no consiguió las inversiones, todavía no garantizó las obras y todavía no sabe qué harán todos los legisladores.
Pero ya descubrió una nueva forma de transporte público.
Se llama Belgrano Quórum: no lleva pasajeros, no tiene horario, no garantiza llegar a Salta y su única parada confirmada es donde a Milei le conviene que no se siente un diputado.



























