En la Argentina del 1870, cuando el país se esforzaba por parecer europeo y blanco, había un negro que dirigía un periódico. Se llamaba José León Suárez, su diario se llamaba La Raza, y desde ahí escribía sobre política, derechos y la existencia misma de los afroargentinos. Después, como siempre, la historia lo borró. Hasta ahora.
Si alguien te dice que en Argentina no hay negros, mostrale una foto de José León Suárez. El problema es que no hay fotos. O mejor dicho: las que había, las quemó el olvido.
Quién era
José León Suárez nació en Buenos Aires en 1834, en una familia de afrodescendientes. Su abuelo, Francisco Suárez, había sido esclavo y después carrero. Su padre, Victoriano Suárez, fue un reconocido músico afroporteño que tocaba el violín en la Catedral Metropolitana. O sea: José no vino de la nada, vino de una familia negra que había labrado su lugar a fuerza de talento y resistencia.
Pero ser negro en la Argentina de Rosas, primero, y de la Organización Nacional, después, no era exactamente un pase libre. Los afroargentinos, que habían sido parte central de las guerras de independencia, empezaban a ser invisibilizados por la oleada inmigratoria europea y la construcción de un país «blanco».
El periodista
Suárez estudió, se formó, y en 1870 fundó un periódico llamado La Raza. El nombre no era casual: era una declaración de principios. Desde ahí escribía sobre política nacional, sobre los derechos de los afrodescendientes, sobre la necesidad de que los negros no desaparecieran del mapa argentino.
La Raza no era un folletín de barrio. Era un diario serio, con opinión, que se metía en los debates de la época. Suárez escribía con pluma filosa, defendiendo a su comunidad y denunciando el racismo solapado de una sociedad que prefería mirar para otro lado.
El invisible
Después de su muerte, en 1887, pasó lo de siempre: el olvido. Los pocos registros que quedaban de su vida y su obra se fueron perdiendo. Durante más de un siglo, José León Suárez fue un fantasma. Ni siquiera los historiadores más grosos lo mencionaban.
Recién en las últimas décadas, con el resurgir de los estudios afroargentinos, su nombre empezó a reaparecer. Investigadores como George Reid Andrews o Miriam Gomes lo rescataron del archivo. Pero el argentino medio, el que va al supermercado y mira la tele, no tiene idea de quién fue.
La imagen que no está
No hay retratos de José León Suárez. O al menos no se conocen. Los archivos del siglo XIX no se preocuparon por guardar la cara de un periodista negro. Pero existen otras imágenes, de la misma época, de la misma comunidad.
Un daguerrotipo de 1847, por ejemplo, muestra a una mujer afroporteña con un niño. Es uno de los registros visuales más antiguos de la comunidad afro en Argentina.

Mujer afroporteña con su hijo, 1847. Colección Vertanessian.
Redoblante
La historia de José León Suárez es la historia de un tipo que existió, que escribió, que peleó, y que después fue borrado. No porque no fuera importante, sino porque en la construcción de la «Argentina blanca» no había lugar para un periodista negro.
No hay calles con su nombre. No hay estatuas. No hay billetes. Solo algunos investigadores que insisten en sacarlo del archivo. Como siempre, los negros están en los márgenes, incluso cuando hicieron más que muchos que sí tienen monumentos.
Qué duro que viene el 2026, y recién estamos en febrero.



























