Mientras el debate público se centra en los 190.000 empleos formales perdidos y los 6 millones de trabajadores no registrados, hay una realidad que el INDEC no mide con lente étnico: la población afrodescendiente y los migrantes de origen africano en Argentina enfrentan una tasa de informalidad mucho más alta, salarios más bajos y una discriminación estructural que el ajuste de Milei viene a profundizar. La reforma laboral no los va a ayudar. Al contrario: los va a dejar aún más expuestos.
BUENOS AIRES, 26 de febrero de 2026 – Cuando se habla de la crisis laboral, los números gruesos ya duelen: 190.000 empleos privados registrados perdidos, 6 millones de trabajadores no registrados, 20.000 empresas cerradas, jornadas laborales que se estiran 3,5 horas semanales para llegar a fin de mes . Pero hay una verdad que no aparece en los promedios: la crisis no golpea a todos por igual. Y cuando se mira con lente étnico, el cuadro es todavía más brutal.

LO QUE LAS ESTADÍSTICAS NO DICEN (PORQUE NO PREGUNTAN)
Argentina no tiene datos oficiales desagregados por origen étnico-racial sobre empleo, salario o informalidad. El INDEC, el mismo que se niega a actualizar la canasta del IPC para no mostrar la inflación real, tampoco se toma el trabajo de medir sistemáticamente la situación de los afrodescendientes. Pero lo que se sabe, por estudios fragmentarios y relevamientos de organizaciones sociales, es preocupante.
Según el Informe Regional sobre la Situación de los Derechos Humanos de la Población Afrodescendiente en América Latina, presentado por la RINDHCA en febrero de 2026, en Argentina persisten «patrones de desigualdad estructural, racismo sistémico y exclusión histórica» que afectan a esta población . El informe señala que, pese a avances normativos en algunos países de la región, las brechas en acceso a empleo de calidad, educación y salud siguen siendo profundas.
LOS AFROINMIGRANTES: EN LA BASE DE LA PIRÁMIDE LABORAL
La población afrodescendiente en Argentina incluye tanto a afroargentinos históricos como a migrantes recientes de países como Cabo Verde, Senegal, Nigeria, República Dominicana y Haití, entre otros. Estos últimos suelen insertarse en los segmentos más precarios del mercado laboral: venta ambulante, construcción, servicio doméstico, trabajo textil clandestino.
Con la crisis actual, esa precariedad se ha profundizado. La pérdida de poder adquisitivo golpea más fuerte a quienes ya ganaban menos. La informalidad, que afecta al 44,2% de los trabajadores en general , es aún mayor entre la población migrante afrodescendiente, donde puede superar el 70% según relevamientos de organizaciones como la Red de Mujeres Afro.
EL RACISMO COMO VARIABLE DE AJUSTE
La reforma laboral que el Senado se apresta a aprobar este viernes contiene varios puntos que afectarán desproporcionadamente a los trabajadores afrodescendientes:
📌 Banco de horas: al habilitar jornadas de hasta 12 horas sin pago de horas extra, perjudica más a quienes ya están en los trabajos más explotadores y con menor capacidad de negociación.
📌 Monotributo como exclusión: al eliminar la posibilidad de reclamar relación de dependencia encubierta para quienes facturan, deja desprotegidos a miles de trabajadores precarizados, muchos de ellos migrantes.
📌 Indemnizaciones en cuotas: para un trabajador que ya vive al día, cobrar una indemnización en 12 cuotas es directamente no cobrarla.
Pero además de los puntos explícitos, está el funcionamiento real del mercado laboral. La discriminación en la contratación, los prejuicios de los empleadores, la falta de redes de contacto, todo eso hace que cualquier flexibilización adicional golpee primero y más fuerte a los que ya están en el borde.
LOS DATOS QUE NO TENEMOS (Y QUE DEBERÍAMOS EXIGIR)
El informe de RINDHCA recomienda a los Estados de la región «fortalecer la producción de información estadística con enfoque étnico-racial» y «desarrollar políticas públicas específicas para cerrar las brechas estructurales» . Argentina está lejos de cumplir esas recomendaciones.
No hay cifras oficiales sobre desempleo afro. No hay estudios sobre brecha salarial por color de piel. No hay políticas activas de inclusión laboral para esta población. En un contexto donde el ajuste se mide en horas trabajadas y en pérdida de derechos, esa invisibilidad estadística es, en sí misma, una forma de violencia.
EL COSTO DE SER INVISIBLE
En Argentina, ser negro o migrante africano ya era difícil antes del ajuste. Ahora, con la reforma laboral, la precarización tiene nombre y apellido. Pero como el INDEC no pregunta, los números no existen. Y lo que no existe, no duele en las estadísticas. Duele en la vida real.
Mientras el Congreso debate una reforma que profundiza la precarización, hay sectores enteros de la clase trabajadora que ni siquiera aparecen en las estadísticas. Los afroargentinos y afroinmigrantes están ahí, en los márgenes, en la informalidad, en los trabajos que nadie quiere ver.
La pregunta no es si la reforma laboral los va a perjudicar. La pregunta es si alguien va a medir cuánto. Y si alguna vez el Estado argentino va a dejar de tratarlos como invisibles.
La crisis no es democrática: golpea a todos, pero mucho más a los que ya estaban en el fondo. Los afroinmigrantes y afroargentinos, invisibilizados por la historia y por las estadísticas, son los primeros en perder cuando el ajuste aprieta. La reforma laboral no va a cambiar eso. Al contrario: va a ponerle el sello legal a una discriminación que ya existe.



























