Más de 80 mil personas fueron al Monumental para despedir al mejor futbolista de la historia. Algunas pagaron más de un millón de pesos para verlo del tamaño de una hormiga. El Grupo Cali no tocó, los drones hicieron publicidad de Sancor Seguros y la tribuna terminó puteando a Tapia. Messi merecía una fiesta inolvidable. La AFA le organizó un trámite de ANSES con fuegos artificiales.
Lionel Messi le dio a la Argentina un Mundial, dos Copas América y 21 años de fútbol extraordinario. Claudio «Chiqui» Tapia decidió agradecerle organizándole una despedida a la altura de las instituciones argentinas: cara, desorganizada y con un funcionario al que todos terminaron puteando.
Faltó que le dijeran que vuelva en sesenta días hábiles porque se cayó el sistema.
Más de 80 mil personas llenaron el Monumental. Algunas entradas superaron el millón de pesos. Pero no había pantallas gigantes, así que desde las tribunas más alejadas Messi parecía una pulga con la camiseta argentina.
Por esa plata, en otros países te sentás a cenar con el ídolo. Acá tenías que llevar binoculares y una declaración jurada de buena vista.
La productora Marketing Sports, contratada por la AFA, culpó a River por haber retirado las pantallas. River respondió que las había sacado antes del anuncio del partido.
Una investigación apasionante: dos instituciones millonarias buscando quién se había llevado el televisor, como una pareja divorciada discutiendo por el Smart TV en el reparto de bienes.
También estaba previsto el reencuentro del Grupo Cali, la banda de cumbia favorita de Messi. Finalmente no tocó.
Los músicos habían sido convocados para sorprender al diez, pero la falta de pantallas frustró el espectáculo. Una verdadera hazaña organizativa: conseguir que se reúna una banda y que el único que termine cantando sea el público puteando al presidente de la AFA.
Pero la obra maestra llegó después de las palabras de despedida de Messi.
El estadio esperaba un homenaje emocionante. Algo que hiciera llorar a los hinchas, recordar Qatar y agradecerle al hombre que convirtió el 18 de diciembre de 2022 en una fecha patria no oficial.
Se elevaron los drones.
El cielo se iluminó.
Y apareció una publicidad de Sancor Seguros.
Ochenta mil personas estaban por quebrarse de emoción y les ofrecieron cobertura contra terceros.
Messi miró al cielo con una expresión de desconcierto. Después de enfrentar a defensores holandeses, franceses y croatas, se encontró con un adversario inesperado: el departamento de marketing.
La reacción fue tan negativa que la propia aseguradora terminó pidiendo disculpas por haberle quitado protagonismo al homenaje.
Una empresa de seguros tuvo que pedir perdón por un siniestro provocado por su publicidad. Ni el actuario más pesimista había calculado semejante pelotudez.
Mientras tanto, la barra de River comenzó a cantar contra Tapia. Miles de espectadores se sumaron y los insultos al titular de la AFA se repitieron durante la noche.
El Chiqui había preparado una despedida para Messi y consiguió que el estadio entero se interesara por su propia salida.
Es el primer organizador de eventos que contrata un estadio para recibir una moción de censura con bombos.
La guerra entre River y la AFA tampoco ayudó. Tapia sospecha que Stefano Di Carlo pretende desplazarlo de la conducción del fútbol argentino. River, por su parte, rechazó que le atribuyeran la responsabilidad por las pantallas.
Entre acusaciones y comunicados, el homenaje terminó pareciéndose a una asamblea de consorcio donde nadie pagó las expensas, pero todos quieren administrar la pileta.
Y Messi, que pasó dos décadas soportando patadas, marcas personales y la presión de todo un país, tuvo que aguantar una última prueba de resistencia: una fiesta organizada por dirigentes que no pudieron coordinar ni dónde mirar.
Lo extraordinario es que la AFA maneja una de las selecciones más exitosas del planeta. Tiene patrocinadores internacionales, contratos millonarios y una marca que despierta admiración en todo el mundo.
Sin embargo, para despedir a su máxima figura, no logró resolver algo que cualquier salón de fiestas de barrio considera indispensable: que los invitados puedan ver al homenajeado.
Messi se fue ovacionado. Tapia, insultado. River, enojado. La productora, dando explicaciones. Y Sancor, tratando de que la gente dejara de asociar su nombre con un papelón.
Al final, la despedida fue perfectamente argentina: el trabajador hizo todo bien durante 21 años, los jefes arruinaron el acto y, cuando llegó el momento de agradecerle, apareció uno a venderle un seguro de vida.
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