Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza y uno de los empresarios más influyentes de Córdoba, advirtió sobre el derrumbe del consumo, el endeudamiento de los comercios y la falta de fondos nacionales. Al mismo tiempo, Metalfor perdió $26.484 millones y redujo 78% su producción de maquinaria agrícola.
El círculo rojo cordobés comenzó a decir en público lo que durante meses comentó en reuniones privadas. Roberto Urquía, propietario de Aceitera General Deheza y uno de los empresarios más influyentes del país, trazó un diagnóstico devastador sobre la economía cotidiana: “A los trabajadores no les alcanza para llegar al día 15 de cada mes”.
La frase no salió de un dirigente sindical, un movimiento social ni un economista opositor. La pronunció el dueño de uno de los mayores complejos agroindustriales de la Argentina, referente habitual del empresariado cordobés y figura poco proclive a conceder entrevistas o confrontar públicamente con los gobiernos.
Urquía describió una comunidad en la que los salarios se terminan antes de llegar a la mitad del mes, los comercios acumulan deudas y personas con décadas de trabajo comienzan a preguntarse cómo sostendrán sus actividades.
“Esta comunidad es chica y vemos gente que ha trabajado treinta o cuarenta años en un comercio y está preocupada, con deudas y sin vender”, afirmó durante una entrevista concedida en General Deheza, la ciudad donde nació y se desarrolló el grupo empresario de su familia.
El mensaje golpeó especialmente dentro de un establishment provincial que acompañó con expectativas el programa de Javier Milei. Gran parte del empresariado cordobés rechazó durante años al kirchnerismo, reclamó una reducción del gasto público, menos impuestos y mayor apertura económica. Ahora comienza a comprobar que la estabilización sin recuperación del consumo, crédito productivo ni obra pública también puede arrasar con empresas privadas.
Cuando ni siquiera el dueño de una aceitera puede seguir vendiendo el relato del vaso medio lleno, el problema ya no está en el vaso: desapareció la mesa.
Del apoyo silencioso a la crítica pública
Urquía también cuestionó la interrupción de las transferencias nacionales hacia provincias y municipios, en particular los fondos destinados a infraestructura vial. “Espero que en el corto plazo la Nación envíe al municipio los fondos. Ahora nos enteramos de que no envió a las provincias los fondos para las rutas. No son momentos fáciles”, sostuvo.
La preocupación no es abstracta para una empresa agroindustrial. Las rutas permiten transportar granos, aceites, harinas y combustibles; conectan las plantas con los campos, los puertos y los mercados. El deterioro de la infraestructura se traduce en mayores costos logísticos, roturas, demoras y accidentes.
Durante 2025, el Fideicomiso de Infraestructura del Transporte, financiado mediante el impuesto a los combustibles, recaudó alrededor de $1,2 billones. Para 2026 se proyectan cerca de $2 billones. Gobernadores y legisladores reclaman que la Nación explique cuánto de ese dinero fue efectivamente utilizado para mantener rutas nacionales.
El empresario evitó realizar una ruptura política explícita y cerró su intervención con un prudente “esperemos que todo esto pase pronto y que la gente esté un poco mejor”. Sin embargo, en el lenguaje habitualmente medido del poder económico cordobés, admitir que los trabajadores no llegan al día 15 equivale a activar una alarma.
Urquía conoce tanto la actividad privada como la política. Fue senador nacional por el Frente para la Victoria y presidió la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Durante el conflicto por la Resolución 125 se apartó de esa función por sus diferencias con las retenciones móviles impulsadas por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Después se alejó de la política partidaria, pero conservó su influencia dentro del empresariado y del poder provincial.
Su crítica no significa un regreso al kirchnerismo ni una conversión ideológica. Expresa algo más incómodo para Milei: una parte del poder económico que lo acompañó por oposición al peronismo comienza a advertir que el modelo también perjudica sus propios negocios.
Metalfor produjo 21 máquinas donde antes fabricaba 96
La advertencia de Urquía coincidió con la difusión de los resultados de Metalfor, una de las compañías emblemáticas de la industria cordobesa de maquinaria agrícola. La empresa de Marcos Juárez cerró el primer semestre de 2026 con una pérdida de $26.484 millones. Durante el mismo período de 2025 había obtenido una ganancia de $11.870 millones.
El deterioro no se limita a una pérdida contable. La fabricación de equipos nuevos se redujo de 96 unidades durante los primeros seis meses de 2025 a solamente 21 en el mismo período de 2026. La caída fue del 78%.
Metalfor fabricó 21 equipos automotrices frente a los 67 del año anterior y no produjo equipos de arrastre ni implementos, categorías en las que había completado cinco y 24 unidades, respectivamente, durante el primer semestre de 2025.
Las ventas también retrocedieron, aunque en menor proporción que la producción. La empresa comercializó 167 máquinas, frente a las 258 del año anterior: una caída del 35%. Parte de esas operaciones correspondió a equipos usados o fabricados previamente.
El resultado operativo pasó de una ganancia de $19.971 millones a una pérdida de $10.508 millones. Los resultados financieros y por tenencia agregaron un rojo de $16.356 millones. Luego del cómputo impositivo, la pérdida final quedó en $26.484 millones, según la información aprobada por el directorio y presentada ante la Comisión Nacional de Valores.
La compañía reconoció que durante 2026 se produjo una “aceleración del deterioro” de su posición financiera. Bancos que buscaban reducir su exposición limitaron las líneas de crédito, algunos proveedores restringieron las entregas y aumentaron los cheques rechazados. La falta de fondos impidió reponer materiales y pagar salarios con normalidad, reduciendo todavía más la producción.
“La crisis financiera se transformó luego en una crisis organizacional”, admitió la propia Metalfor.
Una empresa endeudada dentro de una economía sin crédito
La situación de Metalfor no puede atribuirse exclusivamente al programa económico de Milei. La empresa arrastra problemas propios de liquidez, una estructura de deuda exigente, dificultades para conciliar cobranzas de fideicomisos y decisiones financieras que aumentaron su vulnerabilidad.
En julio, la calificadora FIX redujo su nota de largo plazo desde BB+ hasta CC, una categoría que refleja un riesgo crediticio extremadamente elevado. La decisión se apoyó en una caída interanual del 57% de los ingresos durante el primer trimestre, cheques rechazados por $5.522 millones y una deuda financiera cercana a USD 101 millones.
A marzo, Metalfor contaba con apenas USD 2,4 millones en efectivo e inversiones de corto plazo, suficientes para cubrir solo el 6% de su deuda inmediata. El 42% del endeudamiento financiero se concentraba en vencimientos de corto plazo.
Estos datos impiden construir una explicación cómoda en la que toda la crisis de la compañía sea responsabilidad del Gobierno. Pero tampoco permiten aislarla del contexto económico. La maquinaria agrícola requiere crédito de largo plazo porque pocos productores pueden pagar un tractor o una pulverizadora al contado. Las tasas altas, la restricción bancaria y la incertidumbre llevan a postergar inversiones, aun cuando exista demanda potencial.
Metalfor lo reconoció en su propia presentación: tiene productos y posibles compradores, pero carece del flujo financiero necesario para convertir esos negocios en máquinas entregadas y dinero disponible.
La promesa libertaria sostiene que, al retirar al Estado, el sector privado ocupará naturalmente su lugar. En Marcos Juárez ocurrió otra cosa: se retiró el crédito y la producción cayó 78%.
Seiscientos trabajadores en medio del ajuste
La crisis afecta directamente a unos 600 trabajadores. Metalfor inició un Procedimiento Preventivo de Crisis ante el Ministerio de Trabajo de Córdoba y propuso reducir alrededor del 70% de su estructura laboral, planteo rechazado por la Unión Obrera Metalúrgica.
El procedimiento concluyó sin acuerdo ni medidas autorizadas. La empresa anticipó que avanzará durante agosto con una reducción significativa de su estructura, modificará turnos y sectores, revisará adicionales salariales y concentrará su producción en los modelos con mayor demanda y rentabilidad.
También prevé suspender temporalmente actividades sin retorno inmediato y vender inventarios y maquinaria usada para obtener liquidez. La compañía sostiene que busca convertirse en una empresa más pequeña, capaz de sobrevivir sin continuar consumiendo recursos por debajo de su punto de equilibrio.
Detrás del lenguaje financiero aparecen empleos, familias y una ciudad cuya actividad gira alrededor de la industria metalmecánica. Una reducción del 70% no termina en la puerta de la fábrica: golpea comercios, alquileres, talleres, transportistas y proveedores.
Es la misma cadena que describió Urquía en General Deheza. Primero disminuyen las ventas; después aparece la deuda; luego se recorta personal y finalmente los trabajadores dejan de llegar al día 15. El ajuste se presenta como una serie de decisiones individuales, pero termina dibujando una crisis colectiva.
Córdoba descubre el costo del modelo
Córdoba fue uno de los principales territorios electorales de Milei y una provincia donde el discurso contra el kirchnerismo encontró una adhesión masiva. Parte de su empresariado interpretó que la apertura, la disciplina fiscal y la eliminación de regulaciones generarían rápidamente una etapa de inversión y crecimiento.
La inflación comenzó a desacelerarse, pero la recuperación prometida no alcanzó con igual intensidad a los salarios, el consumo, las industrias ni los comercios. La estabilidad nominal se construyó sobre una economía en la que millones de personas se endeudan para comprar alimentos y fábricas con productos vendibles no consiguen financiamiento para producirlos.
La crítica de Urquía y el derrumbe de Metalfor pertenecen a sectores diferentes, pero cuentan la misma historia desde ambos extremos. El dueño de un gigante agroindustrial observa que los trabajadores no llegan a mitad de mes. Una fábrica de maquinaria agrícola produjo en seis meses apenas 21 equipos y perdió más de $26.000 millones.
El círculo rojo cordobés no se volvió peronista, estatista ni revolucionario. Hizo algo mucho más peligroso para el Gobierno: comenzó a mirar sus balances, sus ciudades y sus clientes. Y descubrió que la motosierra también corta del lado de quienes creían estar sosteniendo el mango.
Los resultados de Metalfor fueron informados al mercado y reproducidos por Granar; el deterioro crediticio había sido advertido previamente por la calificadora FIX.

























