AtlasIntel midió una aprobación de 36,4% y una evaluación negativa del Gobierno de 57,4%.
El 74% ve mal el mercado laboral y el 65% califica negativamente la economía. La caída coincide con un clima de menor consumo, más pesimismo y mayor percepción de riesgo político.
Desgaste en números: caída sostenida y cambio de clima político
El último relevamiento de AtlasIntel confirma un punto de inflexión en la gestión de Javier Milei: la desaprobación alcanzó el 61,6%, mientras que la aprobación descendió al 36,4%, el nivel más bajo desde el inicio del gobierno . Más allá del dato puntual, lo relevante es la tendencia. La serie temporal muestra que no se trata de un episodio aislado, sino de un deterioro progresivo que se consolidó en los últimos meses.
Este tipo de evolución suele marcar el pasaje de una etapa de expectativa a una etapa de evaluación. El capital político inicial —basado en la promesa de cambio— empieza a ser reemplazado por una lógica de resultados concretos.

Economía percibida: el factor central del malestar
El núcleo del desgaste aparece claramente en la percepción económica. Según el informe, el 65% de los argentinos evalúa negativamente la situación económica, mientras que el 74% considera malo el mercado laboral . A esto se suma que más de la mitad percibe deterioro en su situación personal.
Estos datos no solo reflejan condiciones objetivas, sino expectativas. Y en política, la expectativa es determinante: cuando la población cree que la situación no va a mejorar en el corto plazo, el respaldo político tiende a erosionarse rápidamente.
El Índice de Confianza del Consumidor se ubica en valores negativos (alrededor de -32), lo que indica un clima de pesimismo extendido . Este indicador es clave porque sintetiza percepciones sobre presente y futuro.
Consumo en retroceso: cuando el ajuste impacta en la vida cotidiana
Uno de los datos más significativos del estudio es la intención de compra: una mayoría de los encuestados prevé reducir su consumo en los próximos meses. Este comportamiento no solo responde a ingresos ajustados, sino también a incertidumbre.
Cuando las familias postergan gastos, el ajuste deja de ser una política macroeconómica abstracta y se convierte en una experiencia concreta. Ese traslado del plano técnico al plano cotidiano es lo que suele acelerar el desgaste político.
Ejemplo: aun si algunos indicadores macro mejoran, la percepción social puede seguir siendo negativa si el consumo y el empleo no acompañan.

Sube la desaprobación y baja la aprobación de forma sostenida.
El mapa de las preocupaciones: corrupción, empleo y precios
El informe ubica a la corrupción como el principal problema del país, seguida por el desempleo y la inflación . Este dato tiene implicancias políticas profundas.
Por un lado, confirma que el eje anticorrupción sigue siendo central en la agenda social. Pero al mismo tiempo, eleva el estándar de exigencia sobre el propio gobierno. Cuando la corrupción lidera las preocupaciones, la sociedad no distingue entre gestiones pasadas y presentes: demanda transparencia inmediata.
Por otro lado, la persistencia del desempleo y los altos precios refuerza la idea de que el ajuste económico no se traduce aún en mejoras perceptibles.

Cómo varía el rechazo según edad, ingreso, región y voto.
Fragmentación política: desgaste sin reemplazo claro
El estudio también muestra que el deterioro del oficialismo no se traduce automáticamente en una consolidación opositora. La mayoría de los dirigentes presenta niveles elevados de imagen negativa, lo que configura un escenario de fragmentación.
Esto genera una paradoja:
- hay descontento social creciente
- pero no hay un liderazgo alternativo claramente dominante
En este contexto, el gobierno puede perder apoyo sin que eso implique necesariamente una transferencia directa hacia otra fuerza política.

57,4% lo considera malo o muy malo
👉 Refuerza el diagnóstico de desgaste.
Acuerdo con Estados Unidos: apoyo dividido y temor productivo
La encuesta también analiza el acuerdo comercial con Estados Unidos, donde la sociedad aparece dividida: casi la mitad se muestra en contra y un 40% a favor .
Sin embargo, lo más relevante son las expectativas asociadas. Una mayoría teme efectos negativos:
- más del 50% anticipa cierre de fábricas o pymes
- casi la mitad prevé pérdida de empleo industrial
- solo una minoría espera beneficios como baja de precios
Esto revela una tensión estructural: incluso entre quienes apoyan la apertura económica, predomina la preocupación por sus consecuencias en el tejido productivo local.
Riesgo político: señales de mayor tensión social
El informe incorpora un índice de riesgo político que mide variables como conflicto social, estabilidad institucional y corrupción. Argentina muestra niveles que reflejan un escenario de incertidumbre creciente.
Entre los riesgos percibidos para los próximos meses aparecen:
- aumento de protestas
- conflictos económicos
- posibles escándalos de corrupción
Esto no implica una crisis inmediata, pero sí un aumento de la fragilidad del contexto político.

Crece la percepción negativa con el tiempo
Política exterior: decisiones que también impactan en la opinión pública
Otro punto relevante es el rechazo a decisiones de política internacional. La mayoría de los encuestados desaprueba el alineamiento en iniciativas impulsadas por Estados Unidos y también cuestiona declaraciones presidenciales en el plano global .
Este dato sugiere que, en contextos de dificultades internas, la sociedad tiende a evaluar con mayor sensibilidad las prioridades del gobierno. Las decisiones externas dejan de ser periféricas y pasan a formar parte del juicio político general.
Del respaldo inicial al examen permanente
Los datos del informe no describen únicamente una caída en la imagen presidencial. Señalan un cambio de etapa.
El gobierno enfrenta ahora un escenario donde:
- la economía condiciona la legitimidad política
- las expectativas sociales son mayormente negativas
- el consumo y el empleo no acompañan
- la oposición no logra capitalizar plenamente el descontento
El 61,6% de desaprobación no es solo un número. Es la expresión de una transición: de la promesa al balance, de la expectativa al juicio.
Y en ese punto, cada decisión deja de ser interpretada como parte de un proyecto en construcción y pasa a ser evaluada como resultado.



























