El INDEC informó que la actividad económica retrocedió 1,7% interanual en agosto y apenas avanzó 0,1% respecto de julio, cuando había sufrido una caída del 2,8%. La industria perdió 3,2%, el comercio 3,5% y la construcción 2,5%. El crecimiento de la minería y la energía ya no alcanza para compensar el deterioro de los sectores que concentran buena parte del empleo.
La economía argentina continúa sin encontrar una recuperación sostenida. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), difundido por el INDEC el 21 de octubre de 2026, registró una caída interanual del 1,7% en agosto, mientras que la comparación desestacionalizada con julio mostró una mejora de apenas el 0,1%. El resultado prácticamente dejó a la actividad estancada después del retroceso mensual del 2,8% registrado en julio.
El dato agrava las perspectivas para el tercer trimestre y acerca al país a una nueva recesión técnica. La economía ya había retrocedido un 0,6% durante el segundo trimestre y, según las estimaciones privadas, septiembre tendría que mostrar una recuperación extraordinaria para impedir otra caída trimestral.
El problema no se limita a la evolución de un indicador estadístico. Los sectores que más retroceden son precisamente aquellos que sostienen una parte importante del empleo, la producción industrial y el consumo cotidiano. Mientras la minería y la energía continúan expandiéndose, las fábricas, los comercios y la construcción muestran una contracción que afecta directamente la demanda de trabajo y la circulación de ingresos.
La economía necesitaría crecer 8,5% en septiembre para evitar otra caída trimestral
La consultora LCG calculó que la actividad debería aumentar un 8,5% mensual en septiembre para que el tercer trimestre cierre sin una nueva contracción. La magnitud de esa recuperación resulta excepcional frente al comportamiento reciente de la economía.
La estimación se explica por el fuerte deterioro de julio y la recuperación prácticamente inexistente de agosto. Aunque el EMAE avanzó un 0,1% en el octavo mes, esa mejora fue insuficiente para compensar el retroceso anterior.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado a fines de septiembre, ya proyectaba una caída del 1% para el tercer trimestre. De confirmarse esa previsión en las cuentas nacionales, Argentina acumularía dos trimestres consecutivos de contracción del producto, la definición convencional de recesión técnica.
Todavía corresponde distinguir entre una proyección y un resultado oficial. El EMAE constituye un indicador mensual de actividad, mientras que la confirmación de dos trimestres consecutivos de caída del PBI requiere los datos trimestrales correspondientes. Sin embargo, los resultados conocidos hasta agosto dejan un margen muy reducido para revertir la tendencia.
La debilidad también compromete el balance de todo 2026. Según LCG, si la actividad permaneciera estancada durante los últimos cuatro meses del año, el producto terminaría con una caída del 0,1% respecto de 2025. Se trata de un escenario condicional, pero muestra hasta qué punto se deterioraron las expectativas de crecimiento.
La industria y el comercio explican buena parte del retroceso
La composición sectorial del EMAE permite comprender por qué el crecimiento de determinadas actividades no consigue impulsar al conjunto de la economía.
En agosto, la industria manufacturera registró una caída interanual del 3,2% y restó aproximadamente medio punto porcentual al resultado general. El comercio mayorista y minorista retrocedió 3,5%, con una contribución negativa de magnitud similar, mientras que la construcción disminuyó 2,5%.
Estas tres actividades tienen una importancia que excede su participación en el producto. La industria demanda trabajadores, insumos, transporte y servicios; el comercio depende del poder de compra de los hogares; y la construcción moviliza empleo directo y una extensa cadena de proveedores.
Cuando las fábricas producen menos, se reducen los pedidos de materias primas y componentes. Si las familias compran menos, los comercios disminuyen su reposición de mercadería. La contracción de la construcción, a su vez, afecta a proveedores de cemento, acero, materiales eléctricos y otros productos industriales.
El resultado es una economía en la que el deterioro de una actividad puede trasladarse a otras, dificultando la recuperación del empleo y del consumo.
La caída del comercio es especialmente significativa porque refleja la debilidad de la demanda interna. Las familias enfrentan restricciones de ingresos y capacidad de financiamiento, mientras los establecimientos comerciales deben recurrir a promociones y descuentos para sostener operaciones.
La minería crece 11%, pero no alcanza para compensar el deterioro productivo
El contraste aparece en las actividades vinculadas con los recursos naturales. Durante agosto, la minería creció un 11% interanual y el sector energético avanzó un 4,3%, según los datos consignados en el informe.
Ambas actividades pueden contribuir al ingreso de divisas, la inversión y el desarrollo de determinadas regiones. Sin embargo, su expansión no garantiza automáticamente una mejora equivalente en el empleo o el consumo del conjunto del país.
La diferencia se relaciona con las características de cada sector. La producción minera y energética suele requerir inversiones de capital importantes y puede generar un elevado valor agregado con una cantidad relativamente menor de trabajadores directos que otras actividades.
La industria manufacturera, el comercio y la construcción, en cambio, mantienen vínculos más extendidos con el mercado laboral urbano y con el gasto cotidiano de los hogares.
Esto no significa que la minería y la energía carezcan de efectos positivos sobre el empleo o la producción nacional. Sus inversiones pueden movilizar proveedores y economías regionales. El problema es que, con los resultados de agosto, su crecimiento no fue suficiente para contrarrestar las caídas de los sectores más vinculados con la demanda interna.
La economía puede registrar avances importantes en actividades exportadoras y, simultáneamente, mostrar dificultades para sostener el empleo y las ventas en otras ramas productivas.
La menor actividad también golpea la recaudación y el transporte
Otro dato relevante aparece en los impuestos netos de subsidios vinculados con la producción y los productos, que registraron una caída del 4,2% y restaron aproximadamente 0,78 puntos porcentuales al EMAE.
Este componente tiene una incidencia considerable en el resultado agregado. Su retroceso es compatible con una menor actividad económica gravada, aunque no debe confundirse directamente con la variación de la recaudación tributaria total, que depende también de otros factores.
La debilidad de este componente muestra cómo la contracción económica puede afectar la base sobre la cual se generan ingresos fiscales. Para un Gobierno que sostiene el equilibrio de las cuentas públicas como prioridad, una economía estancada representa una dificultad adicional: si la actividad no crece, resulta más complejo aumentar los recursos tributarios sin modificar impuestos o profundizar ajustes.
El sector de transporte y comunicaciones también retrocedió un 2,9%, con una incidencia negativa cercana a 0,2 puntos porcentuales sobre el indicador general.
Su caída refleja un menor nivel de actividad en un conjunto amplio de servicios, aunque el EMAE no permite atribuirla exclusivamente a la disminución del uso del transporte público. La evolución del movimiento de pasajeros, la logística comercial y las comunicaciones responde a factores diferentes que requieren indicadores específicos para ser evaluados.
Lo que sí muestra el dato es que la debilidad económica alcanza actividades que conectan la producción con el consumo.
El desafío de Caputo: una estabilización que no consigue reactivar la economía
Los resultados de agosto profundizan una contradicción central del programa económico de Javier Milei y Luis Caputo. Mientras el Gobierno destaca la desaceleración inflacionaria y el ordenamiento fiscal, los indicadores de actividad muestran que la recuperación productiva sigue siendo insuficiente.
La diferencia importa porque reducir la inflación y recuperar la producción son objetivos relacionados, pero no equivalentes. Una economía puede registrar menores aumentos de precios sin que eso implique automáticamente más ventas, empleo o inversión.
El deterioro de la industria, el comercio y la construcción plantea además un problema de sostenibilidad social. Si las actividades que generan numerosos puestos de trabajo continúan retrocediendo, la recuperación de los ingresos familiares puede quedar limitada, incluso cuando otros sectores registren crecimiento.
A su vez, una demanda interna debilitada reduce los incentivos de las empresas para ampliar la producción. Sin expectativas de mayores ventas, las decisiones de inversión y contratación pueden postergarse, prolongando el estancamiento.
Los datos del INDEC todavía no permiten afirmar que Argentina haya ingresado oficialmente en una nueva recesión técnica. Pero la caída interanual del 1,7%, el derrumbe mensual de julio y el estancamiento de agosto dejan una perspectiva desfavorable para el cierre del tercer trimestre.
La economía no enfrenta solamente un problema de crecimiento insuficiente, sino también de desigualdad entre sectores. Mientras la minería y la energía avanzan, las actividades más vinculadas con el empleo y el consumo continúan retrocediendo. Si esa brecha persiste, el país puede aumentar la producción de recursos estratégicos sin conseguir una recuperación equivalente de la actividad cotidiana de millones de trabajadores y pequeños comerciantes.



























