Diputados en llamas
El oficialismo aprobó el plan de labor con 136 votos negativos y 107 positivos. Pero la votación fue a mano alzada, sin registro nominal. UP se precipitó al estrado, Carignano desconectó los cables de los taquígrafos y Martínez comparó la alianza con la «Banelco» de los 2000. El debate por la reforma laboral arrancó como termina todo en Argentina: en llamas.
A las 14, el recinto de Diputados era una olla a presión. Afuera, el país parado por el paro de la CGT. Adentro, el oficialismo imponía su número y su método: 130 legisladores dieron quórum para tratar la reforma laboral, pero la primera batalla no fue por el articulado sino por las reglas del juego .
La reunión de Labor Parlamentaria había fracasado. No hubo acuerdo. Entonces, el jefe del bloque oficialista, Gabriel Bornoroni, presentó una moción: 20 minutos por cada uno de los cinco dictámenes, 40 oradores individuales con 5 minutos cada uno, votación por títulos (son 26) y después homenajes y cuestiones de privilegio intercalados . El secretario Parlamentario, Adrián Pagán, la leyó. Y el oficialismo la votó a mano alzada.
Ahí explotó todo.
LOS DATOS DUROS DE LA PELEA REGLAMENTARIA
Quórum: 130 diputados (LLA, PRO, UCR, MID, Innovación Federal, fuerzas provinciales) .
Moción oficialista: 20′ por dictamen + 40 oradores de 5′ + votación por títulos .
Votación del plan de labor: a mano alzada. La oposición pidió votación nominal. Menem no la concedió .
Votación testimonial (después del caos): 107 positivos, 136 negativos . El plan quedó vigente.
Requerimiento para cambiar la votación: necesitaba 2/3. La oposición no los tenía .
LOS TEXTUALES QUE QUEDARON PARA LA HISTORIA
🗣️ Germán Martínez (jefe de UP), antes de la votación: «Estoy absolutamente en desacuerdo con el esquema de la sesión que están planteando el oficialismo y esta nueva alianza anti-derechos de los trabajadores». Y soltó la frase que retumbó en el recinto: «Han ofrecido distintos pack: el pack quórum, das quórum, te levantás y te vas; el pack quórum votación en general y después te hacés la crítica; pack me opongo en general y después voto los artículos… Han ofrecido packs en concepto no sé de qué» .
Luego, comparó la alianza con la UCR-Frepaso de los 2000 y habló de «la Banelco de los 2000». Cerró con un pronóstico: «Se van a arrepentir pronto de lo que están haciendo en esta sesión» .
🗣️ Cecilia Moreau (UP), después del caos, cuando aceptaron la votación testimonial a sabiendas de que perderían: «Usted se está pasando de la raya». Y a los diputados oficialistas que la cuestionaban: «Callensé, monigotes» .
🗣️ Carlos Zapata (LLA), en respuesta: «Para evitar dilaciones, le sugiero que constituya una comisión de catarsis, así se pueden descargar ahí y nosotros podemos sesionar» . Y antes, cuando la oposición protestaba: «En mandrilandia no se respeta el reglamento» .
🗣️ Martín Menem, presidente de la Cámara, intentando calmar: «Más de 140 diputados en el recinto votaron a favor» .

LA ESCENA QUE NADIE ESPERABA (O SÍ)
Cuando Martínez reclamó votación nominal y Menem no la concedió, un grupo de diputados de UP y el FIT se precipitó al estrado. Julia Strada, Jorge Araujo Hernández, Agustín Rossi, Mario Manrique, Lorena Pokoik, Aldo Leiva, Nicolás del Caño, todos encararon al riojano .
En medio del caos, Florencia Carignano (La Cámpora) se acercó sigilosamente a la mesa de los taquígrafos y comenzó a desconectar los cables de alimentación e internet. Lilia Lemoine la grabó y subió el video a X: «¡Esto es inaceptable! Miren como se acerca haciéndose la distraída… no puede pasar inadvertido, tiene que haber sanciones» .
La táctica era clara: sin taquígrafos, no hay versión taquigráfica. Sin versión, el debate queda en el aire. Una jugada de manual de resistencia parlamentaria que los libertarios registraron como «agresión a los trabajadores».
EL PLAN DE LABOR Y LA TRAMPA DE LOS 2/3
Después del tumulto, Menem le sugirió a Martínez que hiciera una moción para cambiar el método de votación. Pero eso requería los dos tercios. La oposición no los tenía. Era una trampa perfecta: el oficialismo había impuesto las reglas con los votos que tenía, y cualquier intento de modificarlas necesitaba más votos de los que la oposición podía reunir .
Cecilia Moreau planteó entonces una votación testimonial. A sabiendas de que perderían, pidieron que se registrara. El resultado: 107 positivos, 136 negativos . El plan de labor votado a mano alzada quedó firme. La oposición perdió la primera batalla.
LO QUE ESTABA EN JUEGO (MÁS ALLÁ DE LOS GRITOS)
El plan de labor no era un detalle menor. Establecía 40 oradores de 5 minutos cada uno, votación por títulos y tiempos acotados por dictamen. En un proyecto con 26 títulos y cinco dictámenes, eso significa menos tiempo para discutir, menos posibilidad de introducir modificaciones, más velocidad para que el oficialismo imponga su texto .
La votación por títulos, además, evita la discusión artículo por artículo. Se vota en bloque, todo junto, sin posibilidad de objetar puntos específicos. Es el sueño de cualquier gobierno que quiere aprobar algo sin que le miren la letra chica.
La oposición lo sabía. Por eso estalló.
EL CONTEXTO (POR SI ALGUIEN SE OLVIDÓ)
Todo esto pasaba mientras:
- Afuera, el país estaba paralizado por el paro de la CGT .
- La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, amenazaba en X: «Nuestras Fuerzas están listas y van a actuar» .
- Fate cerraba sus puertas con 920 despidos .
- El Senado ya había convocado a un plenario de comisiones para el viernes, antes incluso de que Diputados votara .
El tiempo, para el oficialismo, corría a favor. La reforma tenía que estar aprobada antes del 1° de marzo, cuando Milei inaugure las sesiones ordinarias y pueda mostrar su trofeo. Por eso apuraban. Por eso atropellaban. Por eso la votación a mano alzada.
LA PREGUNTA QUE QUEDA
El plan de labor se aprobó. La sesión sigue. La reforma avanza.
Pero las imágenes del caos —diputados yéndose al estrado, cables desconectados, gritos de «monigotes» y «mandrilandia»— quedaron grabadas.
Lo que se vio hoy en Diputados no fue un debate. Fue una declaración de guerra. Y como toda guerra, tiene vencedores y vencidos.
Por ahora, ganó el oficialismo. Pero Martínez lo dijo: «Se van a arrepentir». Habrá que ver cuándo.




























