LA diputada oficialista Mercedes Llano presentó un proyecto para repudiar presuntas operaciones de desinformación extranjera en Argentina. La iniciativa surge tras denuncias de una red vinculada a espionaje ruso y pone en el centro el debate sobre medios, inteligencia artificial y soberanía informativa.
En el marco de un creciente debate sobre la circulación de información y la influencia externa en el escenario político local, la diputada nacional Mercedes Llano presentó el 13 de abril de 2026 un proyecto de declaración en la Cámara de Diputados para repudiar lo que definió como “maniobras de desinformación extranjera” detectadas en el país. La iniciativa se inscribe en un contexto de tensión institucional luego de la difusión de informes que vinculan a una presunta red de origen ruso con el financiamiento de contenidos periodísticos orientados a desacreditar al gobierno nacional.
El proyecto plantea la existencia de una estructura organizada que habría operado en territorio argentino mediante la publicación de noticias falsas en medios digitales y la utilización de perfiles ficticios generados con inteligencia artificial, con el objetivo de influir en la opinión pública. Según se detalla en los fundamentos, estas prácticas no solo afectan la calidad del debate democrático, sino que también representan una forma de injerencia externa que compromete la soberanía informativa del país.
La presentación de esta iniciativa se produce en paralelo a decisiones adoptadas por el Poder Ejecutivo, como la suspensión de acreditaciones de periodistas en Casa Rosada y en la Cámara de Diputados, medida que el Gobierno justificó en la necesidad de resguardar el funcionamiento institucional frente a posibles operaciones de desinformación. Este contexto agrega una dimensión política al debate, en tanto vincula la discusión sobre la circulación de información con el acceso a fuentes oficiales y el ejercicio del periodismo.
En sus argumentos, Llano señaló que este tipo de acciones “buscan erosionar la confianza en las instituciones democráticas y distorsionar el debate público”, advirtiendo sobre la necesidad de fortalecer mecanismos que permitan identificar y contrarrestar este tipo de operaciones. En ese sentido, el proyecto no propone medidas restrictivas sobre la libertad de expresión, sino que se presenta como una declaración de posicionamiento institucional frente a lo que se considera una amenaza externa.
Uno de los puntos más relevantes de la iniciativa es la referencia al ecosistema mediático argentino y a sus condiciones estructurales. La diputada advirtió sobre “los riesgos de un sistema vulnerable, donde la dependencia de la pauta oficial puede facilitar la penetración de intereses externos”, introduciendo un elemento que trasciende el caso puntual y remite a la forma en que se financian y sostienen los medios de comunicación en el país. Este aspecto ha sido señalado en diversos informes de organizaciones como la Reporteros Sin Fronteras, que advierten sobre la fragilidad de los sistemas mediáticos en contextos de concentración económica y presión política.
La problemática de la desinformación, además, no es exclusiva del caso argentino. Organismos internacionales como la Unesco han alertado en los últimos años sobre el crecimiento de campañas de manipulación informativa a través de plataformas digitales, muchas de ellas potenciadas por el uso de inteligencia artificial para la creación de contenidos falsos, perfiles automatizados y redes de amplificación. Estas dinámicas han sido identificadas como uno de los principales desafíos para las democracias contemporáneas, en tanto afectan la confianza pública y la calidad del debate político.
El proyecto de Llano cuenta con el acompañamiento de varios diputados del oficialismo, lo que le otorga respaldo dentro del bloque y anticipa su posible tratamiento en comisión. Más allá de su eventual aprobación, la iniciativa pone en agenda un tema que combina dimensiones tecnológicas, políticas y comunicacionales, y que plantea interrogantes sobre los límites entre regulación, libertad de expresión y seguridad institucional.
En este escenario, la discusión sobre desinformación no se limita a identificar actores externos o a denunciar operaciones específicas, sino que abre un debate más amplio sobre las condiciones en que se produce, circula y legitima la información en la sociedad contemporánea. La combinación de financiamiento, tecnología y plataformas digitales redefine las formas de intervención en el espacio público, obligando a repensar tanto las herramientas institucionales como el rol de los medios y los actores políticos en la construcción del debate democrático.



























