El Gobierno envió al Congreso una reforma de 240 artículos que incluía gravar las ganancias por la venta de CEDEARs, con una alícuota potencial del 15%. Los inversores estallaron, Economía culpó a un borrador viejo y la Casa Rosada decidió retirar el proyecto completo para revisarlo. ¡El presidente que prometió cortarse un brazo antes de subir impuestos casi termina descuartizado por sus propios discípulos!
Javier Milei protagonizó un milagro económico: consiguió que sus seguidores descubrieran las virtudes de la protesta social.
No hicieron falta bombos, columnas sindicales ni cortes de ruta. Bastó con que el Gobierno amenazara las ganancias de quienes compran acciones de Nvidia desde el celular.
¡Los revolucionarios del libre mercado estaban a dos tuits de fundar el Sindicato Único de Especuladores Agraviados!
El artículo 230 del proyecto proponía modificar las exenciones del Impuesto a las Ganancias. Los CEDEARs adquiridos desde el 31 de octubre de 2026 recibirían el tratamiento fiscal del activo extranjero que representan.
Traducido al idioma del trader: si Nvidia subía y vendías con ganancia, ARCA podía aparecer a reclamar su parte.
¡El Gobierno quería ponerle un impuesto a la inteligencia artificial y terminó demostrando que la estupidez humana sigue siendo gratuita!
La verdadera joya estaba en los fundamentos. El Ejecutivo denunciaba que el régimen vigente incentivaba a los argentinos a invertir sus ahorros en activos extranjeros.
¡Agarrate, Perón! ¡Milei descubrió la defensa del ahorro nacional!
El hombre que predica la libertad absoluta de los capitales apareció preocupado porque los pesos terminaran financiando empresas de Estados Unidos.
¡El León se levantó proteccionista! ¡Dos decretos más y lo veíamos expropiando Nvidia para fabricar placas de video en Tierra del Fuego!
Pero la insurrección financiera duró menos que una promesa de campaña.
Felipe Núñez, asesor de Luis Caputo, explicó que el artículo pertenecía a un borrador viejo.
¡Fantástico! Una reforma firmada por el Presidente y varios ministros llegó al Congreso con una disposición que, según el propio oficialismo, nadie quería mantener.
¡Sturzenegger desregula hasta el control de calidad: ahora las leyes salen de fábrica con errores y las devoluciones se tramitan por Twitter!
La marcha atrás escaló: ya no retirarían solamente el impuesto, sino todo el proyecto para revisarlo.
Doscientos cuarenta artículos al taller porque uno hizo saltar la térmica del electorado bursátil.
¡La Ley de Competitividad Financiera resultó tan competitiva que perdió por abandono antes de disputar su primer partido!
El episodio dejó una contradicción digna de estudio. Milei defiende la eliminación de impuestos como principio doctrinario, pero su administración propuso quitar una exención fiscal para evitar que el ahorro local se desviara hacia activos externos.
La propuesta tenía una explicación técnica. El problema político fue descubrir que la coherencia ideológica también cotiza y puede desplomarse.
¡Al final, Nvidia siguió fabricando chips, los libertarios conservaron sus CEDEARs y Milei consiguió algo que ninguna supercomputadora había logrado: convertir 240 artículos de reforma financiera en un archivo enviado a la papelera por sus propios fanáticos!
¡Prometió que antes de subir un impuesto se cortaba un brazo. Cuando llegó la hora, prefirió sacrificar la ley entera: la motosierra revolucionaria terminó convertida en una manicura de urgencia para los accionistas!


























