La sudafricana Navanethem «Navi» Pillay, de 85 años, recibió el Premio Nobel de la Paz 2026 por su defensa del derecho internacional y los derechos humanos. La ex alta comisionada de la ONU presidió la comisión que concluyó que Israel cometió genocidio en Gaza. Su trayectoria también incluye la lucha contra el apartheid y los procesos judiciales por las atrocidades de Ruanda.
El Comité Noruego del Nobel anunció este viernes 9 de octubre que el Premio Nobel de la Paz 2026 fue otorgado a Navanethem «Navi» Pillay, jurista sudafricana reconocida por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos, la justicia internacional y la lucha contra la impunidad. La distinción llega en un contexto de cuestionamientos a los organismos multilaterales y a los tribunales encargados de investigar los crímenes más graves.
Pillay, nacida en Durban en 1941, desarrolló sus primeros años profesionales bajo el régimen del apartheid, el sistema de segregación racial institucionalizado en Sudáfrica. Como abogada defendió a personas perseguidas por motivos políticos y denunció prácticas discriminatorias. Posteriormente integró el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, del que fue presidenta entre 1999 y 2003, y la Corte Penal Internacional. Entre 2008 y 2014 se desempeñó como alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Uno de los aportes jurídicos más relevantes de su carrera estuvo vinculado con los procesos por el genocidio de Ruanda de 1994. Como integrante del tribunal internacional, participó en el desarrollo de una jurisprudencia que reconoció que la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir actos de genocidio cuando existe la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo protegido. Aquellas decisiones marcaron un precedente en el reconocimiento de la violencia sexual como instrumento de persecución y exterminio.
Su nombre volvió a ocupar un lugar central en el debate internacional por su trabajo al frente de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel. En septiembre de 2025, el organismo concluyó que Israel había cometido genocidio contra la población palestina de Gaza. El Gobierno israelí rechazó esas conclusiones y cuestionó la imparcialidad de la investigación. El informe constituye una determinación de una comisión de la ONU, no una sentencia definitiva de la Corte Internacional de Justicia.
Tras conocerse el premio, Pillay expresó su sorpresa y recordó las críticas recibidas por sus investigaciones. Durante sus primeras declaraciones planteó una pregunta sobre las dificultades que enfrentan quienes denuncian violaciones de derechos humanos: por qué debería requerirse valentía para decir la verdad. La Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas celebró el reconocimiento, al igual que representantes de instituciones internacionales y del ámbito jurídico sudafricano.
El Comité Noruego destacó su contribución a la construcción de mecanismos internacionales de justicia y al principio de que las violaciones graves de derechos humanos deben investigarse, independientemente de quiénes sean sus responsables. Actualmente, Pillay también participa como jueza ad hoc ante la Corte Internacional de Justicia en el procedimiento iniciado por Gambia contra Myanmar por presuntas violaciones de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.
El Premio Nobel de la Paz será entregado el próximo 10 de diciembre en Oslo. Aunque el reconocimiento comprende décadas de trabajo y no exclusivamente su investigación sobre Gaza, la distinción vuelve a colocar en el centro de la discusión internacional la protección de las poblaciones civiles, la responsabilidad de los Estados y la independencia de las instituciones judiciales.
Desde la Sudáfrica del apartheid hasta los tribunales que investigan genocidios, la trayectoria de Navi Pillay expresa una misma cuestión jurídica: los derechos humanos no deberían depender del poder político, económico o militar de quienes son acusados de vulnerarlos.



























