El canciller regresó del viaje oficial con Milei convencido de que tiene el aval de Karina para dar el salto a la Jefatura de Gabinete. En el Gobierno crecen las dudas sobre la continuidad de Adorni y se abre la interna por la sucesión. El recambio, si se confirma, reordena el poder dentro del gabinete y tensiona a Caputo.
📍 Ciudad de Buenos Aires, 22 de abril de 2026
El viaje a Israel no solo dejó fotos, gestos diplomáticos y declaraciones de alineamiento internacional. También trajo de regreso una certeza —al menos para él—: Pablo Quirno cree que está en condiciones de dar el salto político más importante de su carrera.
En la Casa Rosada y en Cancillería empezó a circular con fuerza una versión: el canciller volvió “agrandado” y convencido de que tiene el respaldo de Karina Milei para convertirse en jefe de Gabinete.

La hipótesis no aparece en el vacío.
El actual jefe de ministros, Manuel Adorni, atraviesa su momento más delicado desde que asumió. El escándalo por su situación patrimonial y los cuestionamientos por sus movimientos personales lo dejaron expuesto, y dentro del oficialismo ya se habla de un posible paso al costado después de su próxima presentación en el Congreso.
Ahí es donde entra Quirno.
Según fuentes del propio espacio libertario, el canciller habría logrado una sintonía directa con Karina Milei durante la gira oficial. En un gobierno donde las decisiones clave pasan por ese vínculo, ese dato pesa más que cualquier currículum.
Y el clima interno ayuda.
Dentro del gabinete, las tensiones vienen en aumento. La relación entre Luis Caputo y Federico Sturzenegger atraviesa su peor momento, con reproches cruzados por la marcha de la economía. En ese contexto, cualquier movimiento en la Jefatura de Gabinete puede desatar un efecto dominó.
Un eventual ascenso de Sturzenegger, por ejemplo, podría precipitar la salida de Caputo. Por eso, en el oficialismo empiezan a mirar alternativas menos explosivas. Y ahí el nombre de Quirno aparece como una salida “ordenada”.
Aunque no exenta de ruido.
En Cancillería, donde el rumor circula desde hace días, no todos compran el entusiasmo. Algunos lo describen como un funcionario que supo adaptarse rápido al cambio de clima político: “un amarillo que se pintó de violeta”, dicen, en referencia a su pasado vinculado al macrismo y su actual alineamiento con el universo libertario.
Pero más allá de las etiquetas, Quirno tiene algo que el Gobierno valora: perfil combativo. En redes sociales y en el Congreso, mostró disposición para confrontar y sostener el discurso oficial sin matices. Es decir, podría ocupar el lugar de vocero político que hoy encarna Adorni, con la misma lógica: exposición alta y conflicto permanente.
El problema es que ese rol también tiene costos.
Adorni lo comprobó en pocos meses: cuanto más central es la figura, mayor es el desgaste. Y en un gobierno que construye poder a través de la confrontación, ese desgaste llega rápido.
Mientras tanto, otras alternativas generan más dudas que certezas. Un eventual salto de Martín Menem dejaría vacante un lugar clave en el Congreso. El nombre de Sandra Pettovello aparece, pero su estilo genera resistencias internas. Y opciones externas, como Diego Santilli, no terminan de cerrar.
En ese tablero, Quirno juega su carta.
Se muestra cercano al núcleo de poder, activo en redes y alineado sin fisuras. Y, según quienes lo rodean, convencido de que este es su momento.
La decisión, sin embargo, no pasa por él.
Pasa por Karina Milei.
Y en ese esquema, la sensación de poder muchas veces llega antes que el cargo.



























