«Fue una explosión», dijo el ministro de Energía y Minas de República Dominicana, Joel Santos. Y como todo buen dominicano sabe, cuando el Estado no quiere gastar, lo que sigue es una comisión investigadora. La luz volvió, pero la comisión… esa sí que va a durar. Probablemente hasta el próximo blackout.
SANTO DOMINGO (Y TAMBIÉN BUENOS AIRES, PORQUE ACÁ TAMBIÉN SABEMOS DE CORTES DE LUZ) – El lunes 23 de febrero de 2026, a las 10:43 de la mañana, la línea de 138 kilovoltios que conecta Hainamosa con Villa Duarte dijo: «Bueno, hasta aquí llegué, me jubilo» . Se disparó. Y lo que siguió fue una reacción en cadena tan perfecta que parecía coreografía: interruptor que salta acá, interruptor que salta allá, y el sistema de transmisión entero metiéndose en modo protección como un gato que se esconde debajo de la cama cuando hay visita.
A las 10:50, las subestaciones de Hainamosa, Los Mina, Juan Dolio y Villa Duarte empezaron a dispararse como si estuvieran en una competencia de fuegos artificiales . Las centrales fotovoltaicas Washington Capital, Mata de Palma Solar, Maranatha y La Victoria se quedaron sin tensión. Y el país entero, sin luz. Así, sin aviso, sin permiso, sin que nadie le preguntara al pueblo si estaba de acuerdo.
Para las 11:00 de la mañana, la generación eléctrica se había desplomado a 955.1 megavatios. Hagamos cuentas simples, que para eso estamos: estaban programados más de 2,658 MW. La diferencia: 1,703 megavatios fuera de servicio. El 65% del sistema eléctrico nacional en estado de coma inducido .

LO QUE DICE EL MINISTRO (O EL ARTE DE DECIR MUCHO SIN DECIR NADA)
Salió el ministro Joel Santos al día siguiente, impecable, con corbata y todo, a dar la cara. «No fue error humano», aclaró rápido, porque claro, el error humano ya lo habían usado en noviembre del año pasado, cuando en San Pedro de Macorís un operario hizo una «maniobra manual incorrecta» y dejó al país a oscuras. No podían repetir el libreto tan pronto.
«Fue una explosión», dijo Santos . Y acto seguido, soltó la frase que ya es un clásico en estos casos: «Una falla en un interruptor de la línea de transmisión activó el modo de protección del sistema» . Traducción para los mortales: algo explotó, el sistema se asustó y dijo «mejor me apago antes de que sea peor». Como cuando ves un corto en la instalación eléctrica de tu casa y saltan las llaves térmicas. El problema es que acá no saltaron las llaves de una casa. Acá saltaron las de todo un país.
Y entonces llegó lo mejor. Lo que todos esperaban. Lo que hace que cualquier dominicano que haya vivido más de treinta años en esta isla se tome la cabeza y suspire profundo:
«Vamos a formar una comisión investigadora para determinar las causas y tomar medidas correctivas» .
Ahí está. La frase mágica. El comodín que saca el Estado cuando no tiene plata, cuando no quiere gastar, cuando prefiere que el problema se enfríe solo mientras los técnicos llenan formularios y los políticos se sacan fotos.
Porque lo gracioso (o triste, según como se mire) es que ya hubo una comisión después del apagón de noviembre. Esa comisión seguro que trabajó noche y día, hizo recomendaciones brillantes, redactó informes impecables. Tanto trabajó que en apenas cuatro meses, ¡pum!, otro blackout. Así que esta nueva comisión, probablemente, va a descubrir lo que todos sabemos: que el sistema eléctrico dominicano es una olla a presión con la válvula tapada, que se integraron más de 1,000 MW de nueva generación en el último año y que las líneas de transmisión (esas de 138 kV) están pidiendo auxilio a gritos.

LO QUE SINTIÓ LA GENTE (MIENTRAS LA COMISIÓN SE REÚNE)
El Metro de Santo Domingo se paró. El teleférico, también. Los semáforos, convertidos en adornos inútiles, convirtieron cada intersección en un juego de ruleta rusa. Los comercios cerraron. Los hospitales activaron sus plantas de emergencia (los que tienen, y los que las tienen funcionando) . La Policía Nacional reforzó las labores preventivas en zonas bancarias, supermercados y plazas comerciales, porque cuando no hay luz hay menos ojos viendo lo que pasa y más oportunidades para los vivos de siempre.
El sistema empezó a recuperarse con el «arranque en negro», una técnica fina que consiste en usar las hidroeléctricas para energizar las líneas desde cero. A las 3:00 de la tarde, apenas se había recuperado el 30% . A las 11:53 de la noche, recién ahí, el SENI quedó restablecido al 100%. Casi 13 horas después del inicio del colapso.
Trece horas sin luz. Trece horas con el ventilador quieto, el teléfono descargándose, la comida en la nevera calentándose, la paciencia enfriándose.
LO QUE NADIE TE CUENTA (Y LA COMISIÓN VA A TARDAR MESES EN DESCUBRIR)
El sistema eléctrico dominicano ya no es el de hace diez años. Es más grande, más complejo, más diversificado. Tiene más de 1,000 MW de nueva generación, mezclando térmicas con renovables, todo repartido por la geografía nacional . La energía es más cuantiosa y está más dispersa. Las líneas de transmisión, esas pobres líneas de 138 kV, tienen que gestionar una carga para la que no fueron diseñadas. Y cuando algo falla en un nodo crítico, todo el castillo de naipes se derrumba.
El blackout total fue, en realidad, una respuesta de seguridad. El sistema se apagó solo para no explotar del todo. Como el botón de pánico que apaga todo para que no se queme la casa. El problema es que cuando ese botón salta, te quedás a oscuras mientras el técnico viene a revisar.
Y el técnico, en este caso, es una comisión investigadora. Que investigará. Que redactará. Que recomendará. Y que probablemente archivaré, hasta el próximo apagón.
Y EN ARGENTINA TAMBIÉN SABEMOS DE ESO
Para el lector argentino que pueda estar leyendo esto y preguntándose «¿y a mí qué me importa?», va una aclaración: ustedes también saben de apagones, de promesas incumplidas, de comisiones que nunca resuelven nada. La diferencia es que allá es Edesur o Edenor. Acá es la línea de 138 kV que explota. Allá es «estamos trabajando para restablecer el servicio». Acá es «probablemente aceleraremos las inversiones». Allá es «vamos a investigar». Acá es «formaremos una comisión».
Mismo perro, diferente collar. Misma desconexión entre el discurso oficial y la realidad que vive la gente.
LA PREGUNTA QUE QUEDA FLOTANDO (Y QUE NINGUNA COMISIÓN VA A RESPONDER)
¿Cuánto falta para el tercer apagón?, ¿Otra explosión?, ¿Otro error humano?, ¿O tal vez simplemente la constatación de que el sistema eléctrico dominicano es una novela interminable donde los únicos que no tienen papel son los que pagan la factura todos los meses?.
El ministro Santos dice que van a acelerar inversiones . Probablemente. Como probablemente la comisión va a investigar. Como probablemente va a haber otro blackout antes de que esa comisión entregue su primer informe.
Mientras tanto, la gente sigue esperando que el ventilador gire cuando el termómetro marca 35 grados. Los comerciantes siguen rezando para que no se les eche a perder la mercadería. Las madres siguen buscando velas para que los niños puedan hacer la tarea. Y el ministro, desde su despacho con aire acondicionado, sigue diciendo que «probablemente» las cosas van a mejorar.
Probablemente. Como probablemente el sol saldrá mañana. Como probablemente volverá a llover. Como probablemente, en unos meses, estaremos escribiendo la misma nota sobre el tercer apagón.
Y la comisión, mientras tanto, seguirá investigando. Porque eso es lo lindo de las comisiones: investigan, pero nunca encuentran al verdadero responsable. Que es siempre el mismo: la falta de inversión, la mala planificación, la negligencia crónica de quienes tendrían que asegurarse de que la luz no se vaya y, cuando se va, vuelva rápido.
Pero bueno, ya formaron la comisión. Así que tranquilos, que ya mismo resuelven el problema.
Probablemente.
República Dominicana: segundo apagón en cuatro meses, 1.703 MW fuera de servicio, el 65% del país a oscuras. La solución del Estado: una comisión investigadora. Porque investigar es gratis, no hay que poner plata, no hay que mejorar nada. Arreglar, eso sí cuesta. Mientras tanto, la gente espera. Probablemente hasta el próximo blackout.




























