Los clubes del interior denuncian arbitrajes favorables a San Martín de Formosa, vinculado al entorno de Insfrán. Una mano dentro del área terminó en un siga-siga y crecen las sospechas sobre la AFA. El Federal A no tiene VAR, pero parece que tiene gobernador.
En Formosa, Gildo Insfrán lleva tantos años en el poder que ya debe pensar que el cuarto árbitro es el encargado de anunciar su próxima reelección.
Ahora San Martín de Formosa pelea por ascender a la Primera Nacional y varios clubes del interior denuncian que los árbitros lo vienen ayudando. Las sospechas apuntan a Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA, y a los vínculos del equipo con el entorno del gobernador.
Gildo no necesita comprar al árbitro. Según las sospechas, le alcanzaría con presentarlo como candidato a concejal.
El escándalo más reciente ocurrió en Río Cuarto. Un jugador de San Martín tocó ostensiblemente la pelota con la mano dentro del área. El árbitro vio la jugada y dejó seguir.
—¡Fue mano, hijo de puta!
—¿Qué mano?
—¡La tiene al final del brazo!
—En Formosa los brazos son patrimonio provincial.
En el Federal A no hay VAR. La tecnología todavía no llegó, aunque la política parece haber instalado fibra óptica hasta el vestuario.
Y cuando un club protesta, aparece el nombre de Pablo Toviggino, tesorero de la AFA y hombre fuerte del fútbol del interior, famoso por sus enfrentamientos públicos con los críticos de la conducción.
Antes te mandaban al Tribunal de Disciplina. Ahora te hacen una autopsia por Twitter.
La obsesión de los gobernadores con el fútbol tampoco es nueva. Gerardo Zamora presume de los equipos santiagueños que compiten en las principales categorías nacionales. Insfrán, según las denuncias, querría conseguir su propio ascenso de colección.
El federalismo argentino encontró su verdadera vocación: cada provincia con su equipo, cada gobernador con su tribuna y cada árbitro con miedo a perder el empleo público.
San Martín enfrentará a Olimpo de Bahía Blanca en semifinales. En condiciones normales, Olimpo tendría que estudiar cómo marcar al nueve rival, cerrar los espacios y aprovechar las pelotas paradas.
Ahora también convendría que lleve un abogado constitucionalista.
Porque si le cobran un penal inexistente, todavía puede protestar. Si le aparece publicado en el Boletín Oficial, está al horno.
Por supuesto, ninguna de estas denuncias demuestra que Tapia o Insfrán hayan ordenado manipular un partido. Pero el fútbol argentino tiene una capacidad extraordinaria para fabricar sospechas y después ofenderse porque alguien sospecha.
La AFA podría despejar las dudas mostrando criterios arbitrales claros, controles independientes y explicaciones públicas.
Pero sería una lástima arruinar una institución tan tradicional como el choreo sospechado.
Mientras tanto, los hinchas del interior siguen esperando que los ascensos se definan por goles y no por relaciones políticas.
Tapia habla de federalismo.
Gildo lleva décadas hablando de democracia.
Y el árbitro de Río Cuarto vio una mano que parecía penal y dejó seguir.
Al final, el problema no es que San Martín quiera subir de categoría. Es que, si se confirma lo que denuncian sus rivales, el único que habría ascendido por mérito propio sería el gobernador: de manejar elecciones a manejar resultados.



























