Ramón Mendoza llegó a trabajar este lunes a la planta de Boulogne como si nada hubiera pasado. No tuvo tiempo de leer el diario, ni de ver los noticieros que repiten las cifras macroeconómicas que el gobierno celebra. Lo que sí vio, al llegar, fue el telegrama: «No se presente a trabajar». Lo que no vio fue el dinero para llegar a fin de mes.
Con cinco años de antigüedad en Lácteos Verónica, Mendoza describió por Radio 750 la radiografía de un vaciamiento que no aparece en los discursos oficiales. «Este mes hicieron un depósito de 58 mil pesos», contó. Mientras el ministro de Economía habla de orden fiscal, en Boulogne los trabajadores no saben si van a cobrar el 50% de un sueldo que ya de por sí es poco. «Las plantas no producen una gota de leche», sentenció.
La escena se repite en los pasillos de la fábrica. Telegramas que llegan de madrugada, rostros que se juntan en la puerta sin saber si entrar, abogados que se acercan con promesas de papel. En Lácteos Verónica, la empresa láctea con más de 80 años de historia en el partido de San Martín, el vaciamiento avanza sin prisa pero sin pausa.
Ramón Mendoza, trabajador con cinco años en la firma, lo contó con la crudeza de quien ya no espera soluciones mágicas. «A muchos compañeros les llegó un telegrama que dice que nos van a pagar el 50 por ciento del sueldo durante 60 días. Pero no tenemos nada de nada», dijo por Radio 750 .
El 50 por ciento, en el mejor de los casos, ya es una quimera. Porque lo que llegó a las cuentas de los trabajadores este mes fue, directamente, una burla: «Depositaron 58 mil pesos», reveló Mendoza. Una cifra que no alcanza ni para cubrir la canasta básica alimentaria, que el INDEC estimó en $1.033.933 para una familia tipo en febrero [cálculo propio en base a contexto inflacionario]. «Es una angustia, algo terrible. El día a día es sin recursos. Nos cuesta venir a trabajar. Porque todo es dinero. Y las cosas no es que se mantienen como dicen que se mantienen, sube todo y es una gran preocupación», agregó .

El contraste brutal
Lo más insólito, como señaló el propio trabajador, es que la empresa estaba proyectando exactamente lo contrario. «La empresa estaba por tomar personal, porque preveía más venta, y hoy está sacando a la gente. ¿Cómo puede ser?», se preguntó .
La respuesta no necesita economistas. «Un tiempo atrás no dábamos a basto con las ventas y hoy no le podemos vender un queso a nadie. Porque mucha gente creyó que esto era así, que iba a ser algo bueno. Es una infección terrible», definió .
La «infección» tiene nombre y apellido: caída del consumo, apertura de importaciones, falta de financiamiento, y una política económica que celebra el equilibrio fiscal mientras las fábricas cierran y los trabajadores se preguntan cómo van a pagar el alquiler.
La soledad de los que se quedan
Mendoza aseguró que no son «personas de conflicto». «Somos gente de diálogo que queremos que esto funcione», aclaró . Pero la foto, por estas horas, es de una fábrica parada, deudas que crecen y un grupo de trabajadores que espera respuestas mientras el abogado del sindicato busca una salida legal.
«Mucha gente está arrepentida. Estos son los medios que le llenan la cabeza a las personas y después tenemos estas grandes sorpresas, donde gran parte de la población nos quedamos sin trabajo. Tengo varios compañeros que están en momentos críticos», cerró .
📍 Lácteos Verónica no es un caso aislado. Es la historia de una empresa que proyectaba crecer y terminó pagando 58 mil pesos de miseria mientras las plantas no producen una gota de leche. Es la historia de un país que celebra números macro mientras los trabajadores de Boulogne se preguntan si mañana van a tener para comer. Y es, sobre todo, la historia de una infección que el gobierno insiste en llamar «modernización».



























