Katopodis y Alak aparecen adelante en la lista de posibles sucesores de Kicillof, pero también corren Ferraresi, Bianco, Larroque y una colección creciente de intendentes. Después vendrán los candidatos de Cristina y Massa y, eventualmente, la negociación por la unidad. El zoológico electoral bonaerense abrió antes de tiempo: depredadores, presas y carroñeros ya empezaron a organizarse para decidir quién hereda la granja mientras el dueño sueña con mudarse a la Casa Rosada.
Todavía falta para 2027, pero en el peronismo bonaerense alguien tocó la campana de la comida.
Y empezaron a salir de las cuevas.
Axel Kicillof quiere proyectarse hacia la Presidencia y necesita resolver quién podría quedarse con la provincia. La lista es tan corta que ya tiene a Gabriel Katopodis, Julio Alak, Jorge Ferraresi, Carlos Bianco, Andrés Larroque y, esperando detrás del alambrado, intendentes con hambre propia.
Eso solamente en el corral axelista.
Después llegan Cristina.
Massa.
Los intendentes.
La Cámpora.
Los independientes.
Los independientes que fueron dependientes.
Y los dependientes que están esperando una encuesta para independizarse.
National Geographic pidió exclusividad.
Por ahora Katopodis aparece con una pequeña ventaja. Tiene algo fundamental para cualquier candidato bonaerense: obras para inaugurar y fotografías con intendentes.
Ruta.
Foto.
Puente.
Foto.
Cloaca.
Foto.
Cordón cuneta.
Foto.
A este ritmo no está haciendo campaña.
Está completando el álbum Panini del conurbano.
Julio Alak viene por otra estrategia. Recuperó La Plata, tiene peso en la capital provincial y alrededores y está juntando a la vieja guardia peronista.
Ya apareció Eduardo Duhalde.
Eso en términos zoológicos significa una sola cosa:
encontraron ADN del Pleistoceno.
Ferraresi también está anotado. Mide fuerte en Avellaneda y otros distritos del sur, aunque fuera de esa zona su conocimiento se diluye. Había dejado la intendencia para lanzarse a la carrera provincial y ahora podría regresar al municipio como jefe de asesores.
Salió para ser gobernador.
Puede volver como asesor.
El GPS dijo “recalculando” antes de llegar a Sarandí.
Bianco y Larroque también recorren la provincia, aunque dentro del propio peronismo interpretan sus candidaturas como piezas que aumentan las opciones de Kicillof para la negociación final.
Traducido del peronés:
no todos los caballos que están calentando van a correr; algunos están para encarecer el stud.
Y faltan los intendentes.
Federico Otermín.
Federico de Achával.
Leo Nardini.
Otros que todavía dicen que “no están pensando en candidaturas”, frase que en la provincia de Buenos Aires significa aproximadamente:
“mandame la encuesta por WhatsApp”.
Kicillof les pidió a los suyos que recorran sin generar fricciones.
Una ternura.
Cinco dirigentes caminando simultáneamente para conseguir el mismo sillón pero sin competir entre ellos.
—Gabriel, ¿vos querés ser gobernador?
—Estoy recorriendo.
—¿Julio?
—Escuchando.
—¿Ferraresi?
—Construyendo.
—¿Cuervo?
—Militando.
—¿Bianco?
—Organizando.
—¿Y el sillón?
—No politices todo.
Pero la verdadera carnicería empieza después.
Porque los candidatos de Kicillof tendrán que negociar con los de Cristina Kirchner y Sergio Massa.
Ahí el zoológico deja de ser reserva natural.
Abre el horario de alimentación.
Incluso Massa podría aparecer sobre el final como candidato de unidad a gobernador, aunque por ahora dice sentirse más atraído por la pelea presidencial.
Sergio todavía no decidió qué sillón quiere.
Pero ya reservó mesa.
Todo dependerá además de si Kicillof consigue transformarse en candidato presidencial. Si lo logra, podría condicionar quién lo sucede, quizá vetar nombres demasiado identificados con La Cámpora, pero difícilmente elegir solo.
O sea:
el dueño de la granja quiere mudarse.
Los animales ya descubrieron que puede quedar libre la casa.
Y todavía nadie sabe quién será heredero, quién aliado, quién presa y quién terminará comiéndose los restos de otro.
Por ahora todos sonríen.
Todos recorren.
Todos hablan de unidad.
Todos aseguran que no es momento de candidaturas.
Es la etapa más peligrosa del zoológico: cuando los depredadores todavía se saludan.


























