Datafolha ubica al presidente brasileño con 39 % de intención de voto y al hijo de Jair Bolsonaro con 35 %. En un balotaje hipotético, la diferencia es de apenas dos puntos: 46 % a 44 %. La elección todavía no está definida, pero una disputa tan estrecha ya obliga a mirar sus consecuencias más allá de Brasil.
La encuesta no anuncia una victoria de Flávio Bolsonaro. Tampoco le garantiza la reelección a Luiz Inácio Lula da Silva. Muestra una carrera en la que el presidente conserva la ventaja numérica en primera vuelta, mientras su adversario logra mantener unido a buena parte del electorado bolsonarista pese a la ausencia de Jair Bolsonaro en la boleta. En comparación con la medición anterior, Lula pasó de 38 % a 39 % y Flávio de 33 % a 35 %. Es un movimiento pequeño, dentro del margen de error, pero reduce la distancia política y refuerza la posibilidad de un segundo turno disputado.
Datafolha entrevistó a 2.002 personas entre el 8 y el 10 de septiembre. Su margen de error nacional es de dos puntos porcentuales. El empate técnico de 46 % a 44 % en la simulación de balotaje no significa que los candidatos tengan exactamente el mismo apoyo, sino que el sondeo no permite establecer con certeza una ventaja electoral entre ambos. Brasil votará en primera vuelta el 4 de octubre y, si hace falta, celebrará la segunda el 25.
Una disputa nacional con alcance continental
Brasil no es un país cuya política exterior pueda pasar inadvertida a sus vecinos. Por su tamaño económico y territorial, el resultado influirá en el peso del Mercosur, la coordinación sudamericana, las negociaciones comerciales y la posición regional frente a Estados Unidos, China y Europa. La pregunta no es simplemente qué presidente se sentará en Brasilia, sino qué alianzas priorizará y cuánto margen intentará conservar frente a las grandes potencias.
Lula representa una apuesta por sostener distintos vínculos internacionales a la vez. Una eventual victoria de Flávio podría modificar esas prioridades y acercar políticamente a Brasilia a gobiernos de derecha de la región. Eso es un escenario de análisis, no una política exterior ya anunciada y ejecutada por Flávio. Tampoco corresponde suponer que Brasil podría romper de un día para otro sus relaciones económicas: los intereses de sus exportadores, sus instituciones y sus socios comerciales limitan el margen de cualquier presidente.
La tensión con Washington muestra por qué esta elección importa fuera de las urnas. El Gobierno brasileño informó que medidas arancelarias estadounidenses adoptadas en 2026 alcanzaron parte de sus exportaciones. Quien gane deberá negociar en un contexto donde la afinidad ideológica con la Casa Blanca no garantiza mejores condiciones comerciales, del mismo modo que una relación política tensa no elimina la necesidad de comerciar.
El mapa interno explica la incertidumbre
El empate nacional oculta apoyos distribuidos de manera desigual. En el relevamiento de Datafolha, Lula mantiene una ventaja clara en el Nordeste, mientras Flávio registra mejores números en varios segmentos de ingresos medios y altos. Entre católicos prevalece Lula; entre evangélicos, Flávio. Las mujeres se inclinan más por el presidente. Estos cortes ayudan a entender las estrategias de campaña, aunque sus márgenes de error propios impiden convertir cada diferencia en un resultado asegurado.
También importa lo que ocurra con los candidatos menores. Augusto Cury, Ronaldo Caiado, Romeu Zema y Renan Santos reúnen apoyos que podrían volverse relevantes en una segunda vuelta, pero sus votantes no son propiedad transferible de ningún dirigente. Si Lula y Flávio llegan al balotaje, ambos necesitarán hablarle a personas que hoy no los eligen. Allí puede decidir


























