Lilia Lemoine salió a desmentir que Milei haya avalado la autodeterminación de los isleños y recordó que el Presidente únicamente expresó su deseo de que algún día “decidan ser argentinos”. También explicó que los elogios a Margaret Thatcher eran porque hizo las cosas bien para Gran Bretaña. La soberanía quedó intacta; el diccionario pidió licencia.
Lilia Lemoine volvió a cumplir una de las tareas más exigentes de la administración libertaria:
explicar qué quiso decir Milei cuando Milei dijo lo que dijo.
Según la diputada, el Presidente jamás defendió la autodeterminación de los kelpers.
Perfecto.
El inconveniente es que el 2 de abril de 2025 Milei manifestó su deseo de que algún día los habitantes de Malvinas “decidan ser argentinos”.
Pero eso no significa que puedan decidir.
Significa que pueden decidir.
Otra cosa.
—¿Los kelpers deciden?
—Sí.
—¿Eso es autodeterminación?
—No.
—¿Por qué?
—Porque tienen que decidir lo que nosotros queremos.
Geopolítica Montessori.
Lemoine explicó además que Milei había señalado que los isleños no querrían ser argentinos por la situación del país y que aquello era “comprensible”.
Entonces tampoco era autodeterminación.
Era apenas reconocer que los habitantes tienen una voluntad política propia que debe ser considerada para determinar su pertenencia futura.
Por suerte no existe ninguna palabra para eso.
Después apareció Margaret Thatcher.
Milei la elogió reiteradamente y Lemoine encontró la salida:
“Para su país hizo las cosas bien”.
Excelente.
Thatcher era buena para Gran Bretaña.
Malvinas son argentinas.
Los kelpers pueden decidir ser argentinos pero eso no es autodeterminación.
Trump puede ayudarnos porque es aliado.
Y Estados Unidos deberá decidir si sigue neutral o nos apoya.
Cancillería acaba de pedir un pizarrón y tres fibras.
La doctrina Malvinas del Gobierno entra así en una etapa extraordinariamente sencilla:
Thatcher: admirable.
Reino Unido: ocupante.
Kelpers: no se autodeterminan.
Pero deciden.
Trump: aliado.
Estados Unidos: todavía tiene que decidir si nos apoya.
Argentina:
esperando que decidan todos los demás.
Lemoine insiste además en que no hubo ningún giro porque Milei siempre sostuvo que trabajaría por la recuperación de las islas.
Sería solamente una cuestión de “timing”.
Ah.
No cambió la política exterior.
Cambió el horario.
Durante años el mileísmo podía elogiar a Thatcher, hablar de la voluntad de los isleños y explicar que primero Argentina debía convertirse en un país suficientemente atractivo para que quisieran pertenecer a ella.
Ahora Malvinas volvió al centro del discurso oficial y todo aquello necesita traducción simultánea.
Para eso está Lemoine.
No modifica las declaraciones.
Les hace service.
—Presidente, usted dijo “decidan”.
—Sí.
—Pero no quiso decir “decidan”.
—Exactamente.
—¿Y Thatcher?
—Excelente.
—¿La que gobernaba Gran Bretaña durante la guerra?
—Para ellos.
—¿Y las Malvinas?
—Argentinas.
—¿Y los kelpers?
—Que decidan.
—¿Autodeterminación?
—Te dije que no.
La política exterior argentina encontró finalmente una solución al conflicto semántico.
Milei jamás defendió la autodeterminación.
Solamente quiere que los isleños decidan.
Pero sin autodeterminarse mientras deciden.

























