Ezequiel Sabor renunció como secretario de Gobierno y Vínculo Ciudadano de la Ciudad, pero seguirá como director del Banco Ciudad y secretario General del PRO porteño. Jorge Macri perdió un funcionario sin que el funcionario sufriera la desagradable experiencia de perder todos sus cargos. Renovación política con garantía de continuidad laboral.
Ezequiel Sabor renunció.
Bueno.
A una cosa.
Dejó la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano, donde manejaba la relación con las comunas y ocupaba un lugar importante en el armado territorial de Jorge Macri.
Una salida contundente.
Tan contundente que Sabor seguirá como director del Banco Ciudad y además conservará la Secretaría General del PRO porteño.
La política argentina acaba de perfeccionar la renuncia sustentable:
se recicla el funcionario sin arrojarlo al mercado laboral.
Desde el Gobierno porteño explicaron que ahora se concentrará en su tarea en el Banco Ciudad.
Perfecto.
El hombre perdió el Gobierno y se quedó con el banco.
Una crisis que muchos argentinos estarían dispuestos a atravesar.
La historia tiene, además, ese delicado perfume familiar del PRO.
Sabor es un histórico colaborador de Jorge Macri, pero desde que ingresó a la administración porteña era resistido por Mauricio Macri.
Jorge lo quería.
Mauricio no.
Y ahora Jorge deberá elegir al reemplazante en conversaciones que, según la información publicada, incluyen la opinión de Daniel Angelici.
El organigrama porteño quedó sencillo:
—¿Quién gobierna?
—Jorge.
—¿Quién controla?
—Mauricio.
—¿Quién opina?
—Angelici.
—¿Y el jefe de Gobierno?
—Te acabo de decir Jorge. Prestá atención.
Sabor había llegado al cargo hacía poco más de un año, cuando reemplazó al Tuta Torres después de la primera derrota legislativa del oficialismo porteño en más de dos décadas.
Había que renovar.
Entró Sabor.
Ahora hay que volver a renovar.
Sale Sabor.
Pero sigue Sabor.
La renovación del PRO funciona como lavar una remera: cambia el olor, no la prenda.
El detalle del Banco Ciudad vuelve todo particularmente hermoso.
Porque Sabor no tendrá siquiera que atravesar ese momento dramático del funcionario saliente que mete sus pertenencias en una caja de cartón y pregunta dónde dejó el CV.
Ya tiene despacho.
Ya tiene cargo.
Ya tiene silla.
Probablemente solo necesite actualizar la firma del mail.
De “Gobierno y Vínculo Ciudadano” a “Banco Ciudad”. Reinserción laboral completada en 14 segundos.
Y continúa, además, como secretario General del PRO porteño.
Renunció al Gobierno pero conserva partido y banco.
Una especie de paquete básico de supervivencia política:
sin ministerio, pero con techo, comida y estructura partidaria.
Mientras tanto, todavía no se sabe quién ocupará su lugar.
Jorge Macri deberá decidirlo.
Mauricio seguramente tendrá algo que decir.
Angelici participa de las conversaciones.
Y en algún momento aparecerá un nombre que consiga reunir las condiciones fundamentales para administrar la relación política de la Ciudad:
gustarle a Jorge, no disgustarle demasiado a Mauricio y pasar la revisión técnica del Tano.
Después se anunciará como renovación del gabinete.
Habrá foto.
Comunicado.
Agradecimientos por “la tarea realizada”.
“Nueva etapa”.
“Desafíos”.
“Gestión”.
Todo el ceremonial correspondiente a cambiar una pieza sin permitir que ninguna pieza importante termine accidentalmente en LinkedIn buscando empleo.
Porque Sabor efectivamente renunció.
Dejó el gabinete.
Entregó un cargo.
Conservó el Banco Ciudad.
Conservó el PRO.
Y probablemente conserve también una considerable influencia sobre el armado porteño.
En cualquier trabajo normal eso sería cambiar de puesto.
En política argentina se llama renunciar.
Por suerte Sabor entendió perfectamente cómo funciona: cuando te dicen que te vayas, primero preguntá de cuál de tus cargos.

























