A Milei le quedan apenas dos meses para conseguir los votos necesarios para suspender las PASO de 2027. Gobernadores, aliados y hasta el PRO ponen reparos, mientras en el Gobierno ya desempolvan planes B y C. El liberalismo encontró finalmente un mercado que necesita regulación urgente: el de los candidatos.
En Casa Rosada empezó la cuenta regresiva.
—¿Están los votos?
—No.
—¿Cuánto queda?
—Dos meses.
—¿Y después?
—Hay que competir.
—La puta madre.
La suspensión de las PASO se convirtió en una pieza central del operativo reelección. Milei necesita conseguir en el Congreso los votos para eliminar unas elecciones antes de presentarse a otras elecciones.
No es miedo a competir.
Es optimización de mercado.
El inconveniente es que los gobernadores quieren garantías, los aliados quieren gestos y el PRO amenaza con no acompañar.
La Libertad Avanza descubrió así una falla inesperada de la democracia:
los diputados también tienen libertad.
Y algunos la están usando mal.
El calendario tampoco colabora. La Cámara Nacional Electoral advirtió que cualquier cambio debe resolverse pronto para poder organizar 2027.
La motosierra encontró finalmente algo imposible de recortar:
noviembre llega igual.
Por eso empezaron a aparecer los planes B y C.
Si no pueden eliminar las PASO, podrían reemplazarlas por una PAS, una interna no obligatoria.
Es magnífico.
PASO.
PAS.
Si las encuestas siguen bajando:
PA.
Y si aparece balotaje:
AAAAAA.
Porque ése es el otro problema.
En el Gobierno quieren ganar en primera vuelta. El balotaje aparece como un escenario mucho más complicado si la economía llega golpeada, el consumo sigue deprimido, la industria no levanta y el dólar decide ponerse creativo.
Entonces la doctrina libertaria quedó perfectamente ordenada:
Competencia empresarial: buena.
Competencia laboral: excelente.
Competencia internacional: maravillosa.
Competencia electoral:
¿No estaremos exagerando con tanta libertad?
Además, en Casa Rosada calculan que sin PASO el peronismo podría fragmentarse.
Eso sí es confiar en el mercado:
cerrar una elección y esperar que la competencia se destruya sola.
Mientras tanto, Milei necesita negociar con esa misma política que llegó prometiendo dinamitar.
Gobernadores.
PRO.
Aliados.
Senadores.
Diputados.
La casta resultó tener una característica insoportable:
quórum.
Y ahí está la paradoja perfecta.
Para eliminar las PASO necesita votos.
Para conseguir esos votos necesita negociar.
Para negociar necesita aliados.
Y para conseguir aliados tiene que hacer política.
Cuatro años combatiendo la casta para terminar preguntándole si el martes puede levantar la mano.
Quedan dos meses.
Después vendrán las candidaturas, las encuestas y eventualmente las urnas.
Milei llegó al poder prometiendo que cada argentino recuperaría la libertad de elegir.
Ahora solamente falta una pequeña actualización del contrato: elegí libremente.
Pero si podés elegir una vez menos, ayudás a la reelección.

























