La senadora llegó al evento de AmCham con la intención de hablar de inversiones. Pero los periodistas insistieron con el tema que a todos quema: Manuel Adorni. Bullrich, que hace apenas unos días dijo tener el “cuero más duro” que el jefe de Gabinete, se negó a responder. “No voy a hablar de nuevo. Es un tema que lo está llevando la justicia, no es un tema de discusión. Punto, basta. ¿Vamos a hablar de Adorni o de las inversiones?”, espetó con el fastidio a flor de piel. La misma senadora que en Córdoba había soltado que Adorni “está muy tocado, pero Milei decidió mantenerlo”, ahora no quiere ni mencionarlo. Mientras tanto, las dos jubiladas que le prestaron 200 mil dólares sin interés para comprar un departamento en Caballito declararon este miércoles en Comodoro Py con sus teléfonos celulares para que los peritos revisen sus mensajes. El caso no se tapa con un “basta”.
Martes 14 de abril, Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires. Patricia Bullrich llegó al evento anual de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) con la intención de hablar de negocios. En su discurso ante los empresarios, pidió que “saquen los dólares de los colchones” y que “acompañen las reformas del Gobierno”. Todo muy prolijo.
Pero cuando salió, la prensa la esperaba. La primera pregunta fue directa: “Patricia, ¿qué quiso decir con que tiene el cuero más duro que Manuel Adorni?”. La senadora, que en Córdoba había asegurado que Adorni “está muy tocado, pero Milei decidió mantenerlo”, ahora cambió el tono. “No, no voy a hablar de nuevo”, contestó. “Es un tema que lo está llevando la justicia, no es un tema de discusión. Punto, basta, no quiero explicar nada”.

El fastidio que crece
Los periodistas insistieron. “¿Tiene el boleto picado?”, preguntaron. Bullrich, visiblemente molesta, intentó cambiar el eje: “¿Vamos a hablar de Adorni o vamos a hablar de las inversiones que estamos discutiendo hoy para el país?”.
Una cronista le recordó que “la situación de Adorni interesa a gran parte del país”. La senadora respondió con una frase que sonó más a wishful thinking que a certeza: “A gran parte del país le interesa que sigamos trabajando, sigamos en un camino, sigamos en el camino de la estabilidad”.
La tensión era tal que, según fuentes del evento, “varios dirigentes, con solo escuchar el apellido Adorni, ponen mala cara”. Los empresarios criticaron el accionar oficial y evaluaron que el gobierno “quemó a toda velocidad su capital político”. Legisladores aliados anticiparon que el jefe de Gabinete “no puede pisar el Congreso” para dar su informe de gestión porque “va a ser una carnicería”.

La defensa que se desarma
Bullrich había intentado una defensa sinuosa de Adorni la semana pasada, durante su visita a la Bolsa de Comercio de Córdoba. Dijo que el jefe de Gabinete “está muy tocado” y que la decisión de mantenerlo es exclusivamente de Javier Milei. También aseguró que el gobierno “no se entromete con las cuestiones judiciales” y que Adorni “ha decidido mantener una posición de silencio».
Pero esa defensa se desmorona cuando se mira el expediente. El miércoles 15 de abril, las dos jubiladas que le prestaron 200 mil dólares sin interés a Adorni para la compra del departamento de Caballito declararon en los tribunales de Comodoro Py. Beatriz Viegas, de 72 años, llegó tres horas antes de su citación. Claudia Sbabo, de 64, declaró después. La Justicia les pidió que entregaran sus teléfonos celulares para realizar un peritaje de los registros de llamadas, mensajes y correos electrónicos relacionados con la operación.
La notaria Adriana Nechevenko, que gestionó la operación, ya había admitido que conoció a Adorni y a las prestamistas el mismo día que firmaron el préstamo. “Tengo clientes y los reuní. Sé que Adorni les pagará”, declaró. El argumento del gobierno de que todo está en manos de la justicia no les alcanza para frenar el desgaste. Las dos jubiladas ya están declarando. Los teléfonos ya están siendo peritados. La causa avanza.
La senadora que quiere mirar para otro lado
En lugar de hablar de Adorni, Bullrich prefirió enumerar los “logros” del gobierno. Dijo que la Ley de Glaciares “amplía el territorio productivo sin tocar las cuencas de agua”. Aseguró que la reforma laboral permite “hacer sindicatos por empresa”. Pidió a los empresarios que “se animen a contratar trabajadores que tienen un 70% de descuento”.
También celebró la “inocencia fiscal” y volvió a pedir que saquen los dólares del colchón. “La Argentina hoy tiene estabilidad”, afirmó.
Mientras tanto, el jefe de Gabinete sigue siendo el mismo que tiene dos departamentos que no declaró, un country que le prestaron dos jubiladas y un vuelo en jet privado a Punta del Este que pagó su amigo. La estabilidad de la que habla Bullrich no es la misma que sienten los argentinos que ven cómo sus salarios pierden contra la inflación mientras los funcionarios se compran propiedades en countries.
El “basta” que no alcanza
Bullrich dijo “basta”. Cerró el tema con una frase que pretende enterrar el escándalo. Pero los escándalos no se entierran con un “punto, basta”. Se entierran con explicaciones. Y las explicaciones de Adorni, hasta ahora, no convencen a nadie.
Las dos jubiladas declararon. Los teléfonos están siendo peritados. La causa avanza. El gobierno, mientras tanto, sigue apostando a la estrategia del avestruz: esconder la cabeza y esperar que pase la tormenta.
El problema es que las tormentas, cuando son de verdad, no pasan. Se llevan puesto lo que encuentran.
Andá, Patricia, seguí hablando de inversiones mientras Adorni se hunde. Seguí pidiendo que saquen los dólares del colchón mientras tu compañero de bancada explica cómo dos jubiladas le prestaron 200 mil dólares sin interés. La casta que juraron eliminar, al final, resultó ser la suya. Y el “basta” no va a ser suficiente para que la gente se olvide.



























