El 25 de febrero de 2026, el Tribunal Supremo de Brasil condenó a los hermanos Domingos y Chiquinho Brazão a 76 años y 3 meses de prisión por ordenar el asesinato de la concejala Marielle Franco en 2018. El caso, que conmocionó al mundo, destapó las cloacas de Río de Janeiro: la alianza entre políticos, milicias y policía corrupta.
LOS DATOS DUROS DE UNA CONDENA HISTÓRICA
El 25 de febrero de 2026, la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal de Brasil dictó una condena unánime contra los responsables intelectuales del crimen que marcó un antes y un después en la historia política del país .
Las penas fueron contundentes:
- Domingos Brazão (consejero del Tribunal de Cuentas de Río): 76 años y 3 meses de prisión
- João Francisco «Chiquinho» Brazão (exdiputado federal): 76 años y 3 meses de prisión
- Rivaldo Barbosa (exjefe de la Policía Civil de Río): 18 años por obstrucción a la justicia y corrupción
- Ronald Paulo Alves Pereira (expolicía militar): 56 años por vigilancia y participación
- Robson Calixto da Fonseca «Peixe»: 9 años por integrar la organización criminal
Además, el tribunal ordenó una indemnización de 7 millones de reales (aproximadamente 1,2 millones de dólares) para los familiares de las víctimas y la pérdida de todos los cargos públicos de los condenados .
Los autores materiales, Ronnie Lessa (el tirador) y Élcio de Queiroz (el conductor), ya habían sido condenados en octubre de 2024 a 78 y 59 años respectivamente, aunque sus penas fueron reducidas por colaborar con la justicia.
QUIÉNES ERAN LOS BRAZÃO: EL PODER DE LAS CLOACAS
Los hermanos Brazão no eran delincuentes comunes. Eran la personificación de cómo el crimen organizado se incrusta en las instituciones. Domingos era consejero del Tribunal de Cuentas de Río, un cargo de altísimo poder y bien remunerado (según teleSUR, seguía cobrando 10.000 dólares mensuales incluso después de detenido) . Chiquinho había sido diputado federal por el partido Unión Brasil, y fue precisamente su fuero parlamentario lo que obligó a que el caso llegara al Supremo .
Pero lo más revelador lo expresó el juez Alexandre de Moraes durante su voto: «Los Brazão no solo tenían contacto con la milicia. Ellos eran la milicia. Participaban en la milicia. Uno como ejecutor de los actos milicianos, los otros como gran influencia política, la garantía política del mantenimiento de esas zonas que están bajo su dominio».
Es decir, no eran políticos que «recibían apoyo» de grupos paramilitares. Eran la propia estructura criminal con representación institucional.

POR QUÉ MATARON A MARIELLE: TIERRA, PODER Y SILENCIO
Marielle Franco tenía 38 años cuando la acribillaron la noche del 14 de marzo de 2018. Regresaba de un acto sobre el papel de las mujeres negras en la política cuando su auto fue interceptado en el centro de Río. Trece disparos. Cuatro impactos en su cabeza y cuello .
¿El motivo? Según la acusación sostenida por la Fiscalía y aceptada por el tribunal, Marielle representaba un obstáculo para los negocios inmobiliarios de los Brazão en la zona oeste de Río. Ella impulsaba proyectos de regularización de tierras que chocaban directamente con los intereses de las milicias que controlaban territorios enteros mediante la apropiación ilegal de terrenos, la venta irregular de viviendas y la extorsión de servicios como internet y gas .
El fiscal Hindenburgo Chateaubriand Filho describió cómo operaban: el «mercado de homicidios» de Río, el control territorial, la corrupción en la comisaría de homicidios. Y en ese entramado, Marielle era una piedra que había que remover .
El juez Cristiano Zanin lo resumió sin eufemismos: «Para las milicias y los grupos afines, matar significa simplemente remover una piedra del camino» .
LA TRAICIÓN DE RIVALDO BARBOSA: EL POLICÍA QUE ABRAZABA A LA FAMILIA
Uno de los aspectos más siniestros del caso fue el papel de Rivaldo Barbosa. Cuando asesinaron a Marielle, él era el jefe de la Policía Civil de Río. Era la persona que recibía a la familia Franco, que los abrazaba, que les juraba que resolver el caso era «cuestión de honor» .
La propia Marielle confiaba en él. Acudía a denunciar violaciones de derechos humanos en las favelas.
Pero la investigación demostró que Barbosa estaba a sueldo de los Brazão. Según la fiscalía, participó en la planificación del crimen, recomendó no matarla en el trayecto al Ayuntamiento para reducir la repercusión, y luego dirigió la investigación hacia otro lado para garantizar la impunidad . Fue condenado a 18 años, no por el homicidio (de eso lo absolvieron por falta de pruebas), sino por corrupción y obstrucción a la justicia.
Anielle Franco, hermana de Marielle y actual ministra de Igualdad Racial, describió esa revelación como «un retrato cruel del sistema de seguridad pública brasileño, de esas relaciones delictivas entre las milicias y la policía» .
EL SIMBOLISMO DE MARIELLE: NEGRA, FAVELADA, LESBIANA, INCOMODA
Marielle no era una política más. Era mujer, negra, nacida y criada en la favela de Maré, socióloga, defensora de derechos humanos, crítica feroz de la violencia policial y las milicias, y abiertamente lesbiana. Encarnaba todo lo que la extrema derecha y las estructuras tradicionales de poder detestan .
El juez Alexandre de Moraes lo planteó con crudeza durante el juicio: «La cuestión política se combinó con misoginia, racismo y discriminación. Marielle era una mujer negra y pobre que estaba cuestionando los intereses de los milicianos. ¿Qué mensaje más fuerte se podía transmitir? Y en la mente misógina de los culpables, ¿a quién le habría importado?» .
Anielle Franco profundizó esa idea: «Dijeron que era más fácil asesinar a Mari que a un hombre blanco con escolta. Eso es muy emblemático» .
El crimen no fue solo político. Fue también un mensaje de odio racial y de género. Un intento de decirle a todas las mujeres negras que osaran ocupar espacios de poder: este puede ser tu final.
LO QUE LA CONDENA NO RESUELVE
La condena es histórica. Pero como advirtió la jueza Cármen Lúcia durante la sesión, la pregunta incómoda sigue ahí: «Me pregunto, señoras y señores, cuántas otras ‘Marielles’ permitirá Brasil que sean asesinadas antes de que la justicia resurja en este país que todavía muestra tantas cosas indignas» .
El periodista y experto en criminalidad Chico Otávio, autor de un libro sobre el caso, fue aún más directo: «Una condena se venderá a la sociedad como una victoria contra el crimen organizado, pero no es exactamente eso. Los mismos grupos de milicias que podrían estar detrás del asesinato de Marielle son aún más poderosos actualmente. Se expanden a más zonas de la ciudad. La sociedad obtendrá una respuesta sobre su muerte, pero Brasil seguirá estando muy lejos de resolver su problema de crimen organizado» .
Los datos le dan la razón. Según el Mapa de los Grupos Armados publicado en diciembre de 2025 por el Instituto Fogo Cruzado y la Universidad Federal Fluminense, aunque el área controlada por milicias se redujo ligeramente, su poder sigue siendo enorme. Y la violencia política en Brasil ha dejado más de 700 muertos entre cargos electos y activistas en las últimas dos décadas .
Amnistía Internacional celebró la condena pero advirtió: no será suficiente si no se protege a quienes hoy están en la misma línea de fuego que Marielle .
LA VOZ DE LA FAMILIA: «JUSTICIA SERÍA QUE MARIELLE ESTUVIERA VIVA»
Anielle Franco, la hermana, lo dijo sin rodeos: «Justicia sería que Marielle estuviera viva» .
Su madre, Marinete Silva, la matriarca, ha luchado durante ocho años. Abogada jubilada, nunca dejó de exigir respuestas. Y cuando la sentencia se leyó, tanto ella como la hija de Marielle, Luyara, tuvieron que ser atendidas por los servicios de emergencia, desbordadas por la emoción .
Anielle, que hoy es ministra de Igualdad Racial en el gobierno de Lula, resumió el significado más profundo del caso: «El asesinato dejó al descubierto un patrón de violencia, racismo y misoginia en nuestro país. Creemos que el Poder Judicial actuará por la justicia y a favor de nuestro pueblo, fortaleciendo nuestra democracia. Nunca dejaremos de luchar por cada voz que fue silenciada» .
LO QUE QUEDA DESPUÉS DEL FALLO
El 25 de febrero de 2026, la justicia brasileña dio un paso enorme. Los hermanos Brazão, poderosos, intocables durante años, irán a prisión. Rivaldo Barbosa, el policía que traicionó a quienes confiaban en él, también.
Pero la pregunta que flota sobre Río, sobre Brasil, sobre toda América Latina, es la misma que se hacía Cármen Lúcia: ¿cuántas Marielles más?.
Mientras las milicias sigan controlando territorios, mientras la policía siga siendo parte del problema, mientras los cuerpos negros y pobres sigan siendo vistos como descartables, el crimen de Marielle no será un punto final. Será apenas un capítulo en una historia que aún no termina de escribirse.
Porque Marielle se convirtió en símbolo precisamente por eso: porque su muerte no fue una excepción. Fue la regla hecha visible. Y mientras la regla no cambie, su fantasma seguirá preguntando, como en aquella consigna que corearon miles en las calles: ¿Quién mató a Marielle Franco?, ¿Quién ordenó matar a Marielle Franco?.
Hoy sabemos los nombres. Pero el sistema que los produjo sigue intacto. Y esa es la verdadera deuda que Brasil aún no ha pagado.
FICHA TÉCNICA DEL FALLO
Fecha del crimen: 14 de marzo de 2018
Fecha de la condena: 25 de febrero de 2026
Tribunal: Primera Sala del Supremo Tribunal Federal (STF)
Votación: Unánime
Condenados:
- Domingos Brazão: 76 años y 3 meses (autor intelectual)
- Chiquinho Brazão: 76 años y 3 meses (autor intelectual)
- Rivaldo Barbosa: 18 años (obstrucción y corrupción)
- Ronald Pereira: 56 años (vigilancia y participación)
- Robson Calixto: 9 años (organización criminal)
Autores materiales (condenados en 2024):
- Ronnie Lessa: 78 años (tirador)
- Élcio de Queiroz: 59 años (conductor)
Indemnización: 7 millones de reales a los familiares




























