Apropiación intelectual, jerarquías epistémicas y colonialismo académico.
El conflicto no es nuevo. Lo nuevo es que esta vez quedó expuesto sin rodeos. El 16 de enero de 2026, la socióloga y escritora venezolana Esther Pineda G., doctora en Ciencias Sociales y referente del pensamiento feminista latinoamericano, dio por finalizada la etapa de intento de resolución conciliatoria con el historiador francés Ivan Jablonka y publicó un informe donde señala más de 30 infracciones a su derecho de propiedad intelectual.
El eje del conflicto es el concepto de “cultura feminicida”, desarrollado por Pineda G. en su libro Cultura femicida: el riesgo de ser mujer en América Latina (Prometeo, 2019), y retomado por Jablonka en La culture du féminicide (Éditions du Seuil, 2025). Horas después de la publicación del informe, la editorial francesa Éditions du Seuil difundió un comunicado rechazando las acusaciones y exigiendo a la autora venezolana que cese su reclamo público y elimine sus publicaciones en redes sociales.

La doctora en Ciencias Sociales Esther Pineda y el historiador Ivan Jablonka
Qué se discute (y qué no)
Formalmente, la editorial niega que haya existido plagio. Afirma que se trata de “ideas comunes” que circulan libremente en el campo académico y que los autores trabajan desde disciplinas distintas: sociología, en el caso de Pineda; historia, en el de Jablonka. Sostiene además que el concepto no fue creado por la autora venezolana, ya que aparece previamente en trabajos de Diana Russell, Marcela Lagarde, Jill Radford, Caputi y Julia Monárrez Fragoso, entre otras, desde la década de 1990.
Nada de eso es falso.
Pero tampoco es el punto central.
Lo que Pineda G. denuncia no es la circulación del concepto, sino el borramiento de la genealogía intelectual latinoamericana, el desplazamiento de una producción situada —racializada, feminista y del Sur Global— hacia un circuito editorial europeo que la resignifica, la universaliza y la devuelve legitimada desde el centro.
Eso tiene nombre: apropiación intelectual en clave colonial.

Colonialismo académico: cuando el Norte firma y el Sur inspira
El comunicado de Seuil contiene una frase reveladora:
“Las ideas, tanto en el derecho como en la investigación, circulan libremente y no pertenecen a nadie”.
Esa afirmación, presentada como neutral, es profundamente política. En abstracto puede sonar progresista. En la práctica, favorece siempre a quien tiene más capital simbólico, editorial y geopolítico para convertir esa “circulación” en prestigio, contratos, traducciones y autoridad académica.
No es lo mismo que una investigadora feminista latinoamericana publique en una editorial independiente del Sur, que un historiador europeo publique en una de las casas editoriales más influyentes de Francia. Las ideas no circulan en el vacío: circulan en relaciones de poder.
Desde una perspectiva afrofeminista y antirracista, el conflicto expone una tensión estructural del feminismo global: quién produce conocimiento, quién lo legitima y quién aparece como autor universal.
La respuesta editorial y la amenaza legal
Éditions du Seuil informó que, tras revisar ambos libros, decidió no retirar la obra de Jablonka, pero sí incluir en futuras ediciones digitales y reimpresiones una mención a todas las autoras que han utilizado el término “cultura feminicida”, incluyendo a Esther Pineda G.
Al mismo tiempo, la editorial intimó legalmente a Pineda G. y a su editor, Raúl Carioli (Prometeo), para que cesen “de inmediato” las declaraciones públicas que, según Seuil, dañan su reputación, y exigió la eliminación de publicaciones en redes sociales, especialmente en Instagram.
La autora respondió con claridad:
“Mis exigencias son el retiro del libro de Jablonka, que él se abstenga de atribuirse el concepto, una disculpa pública y reparación económica por los daños y perjuicios. Nunca pedí una suma de dinero”.
Y fue aún más explícita:
“La única herramienta que tienen es la amenaza, pero no pienso borrar ninguna publicación. Si la fase conciliatoria terminó, ahora queda el camino legal”.
Feminismo, poder y coherencia
Este conflicto no es una pelea personal ni un debate semántico. Es una disputa política por el sentido del feminismo, por sus raíces, por su historia y por sus voces autorizadas.
Cuando el feminismo europeo se presenta como universal sin reconocer las condiciones materiales, territoriales y raciales desde las que se produjeron muchos de sus conceptos, reproduce las mismas lógicas de extracción que denuncia.
Nombrar autoras no es suficiente si no se reconoce quién puso el cuerpo, el riesgo y la experiencia situada para producir esos saberes. El reconocimiento tardío, impuesto por la denuncia, no repara el daño simbólico ni el desplazamiento epistémico.
Lo que está en juego
Lo que se discute no es solo un libro.
Se discute quién puede hablar en nombre del feminismo, desde dónde y con qué consecuencias.
Se discute si el conocimiento producido por mujeres latinoamericanas seguirá siendo fuente sin firma para proyectos intelectuales del Norte.
Se discute si el feminismo será un campo de disputa real o una marca global con curaduría europea.
Esther Pineda G. puso el conflicto sobre la mesa.
La respuesta editorial intentó cerrarlo con legalismo y neutralidad.
Pero la discusión ya excede a sus protagonistas.
Porque cuando el Sur habla, el problema nunca es solo el contenido.
Es que habló sin pedir permiso.
🖤 InfoNegro — Verdad sin concesiones




























