El gobierno salió a festejar que la pobreza se redujo al 28,2% en el segundo semestre de 2025, el nivel más bajo desde 2018. Milei lo celebró con un triunfalista “Dato, no relato”. El problema es que los datos no cierran. Un informe del Banco Provincia detectó inconsistencias brutales: según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), los salarios del sector privado formal crecieron 17,6% entre 2023 y 2025, pero el índice de salarios del INDEC muestra una caída del 1,4%.
En el sector público, la EPH refleja una mejora del 1% mientras el índice oficial marca una pérdida del 16%. En las jubilaciones, la ANSES muestra una baja del 14% real, pero la EPH indica un aumento del 12%. Los cambios metodológicos en la encuesta, la canasta de consumo congelada desde 2004-2005 y la exclusión del alquiler y los servicios distorsionan todo. Mientras tanto, las ventas en supermercados cayeron 11,3%, la mora en billeteras virtuales duplica a la bancaria, y los propios técnicos del INDEC renunciaron en silencio.
El martes, el INDEC soltó la bomba: la pobreza bajó al 28,2% en el segundo semestre de 2025. Son 13 millones de pobres, sí, pero 6 millones menos que el pico del 52,9% del primer semestre de 2024. Milei lo celebró en X con su latiguillo favorito: “Dato, no relato”. La tropa libertaria salió a los medios a repetir que el liberalismo funciona, que la movilidad social llegó, que la Argentina sale adelante.
El problema no es el relato. El problema es que los datos no cierran. Y no lo dice la oposición, no lo dice el peronismo, no lo dice una ONG sospechosa. Lo dice el Banco Provincia, que analizó los números y encontró inconsistencias que hacen tambalear toda la estadística.
El baile de los números que no bailan
El informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia comparó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) con los registros administrativos oficiales. El resultado es un festival de contradicciones.
Según la EPH, los salarios del sector privado formal habrían crecido un 17,6% en términos reales entre 2023 y 2025. Pero el índice de salarios elaborado por el propio INDEC muestra una caída del 1,4% en ese mismo período. O sea, el mismo organismo se contradice a sí mismo.
En el sector público, la brecha es todavía más escandalosa: la EPH refleja una leve mejora del 1%, mientras que el índice oficial marca una pérdida del 16%. En las jubilaciones, la cosa se pone peor: según datos de la ANSES, los haberes, incluyendo bonos, registraron una baja del 14% real, pero la EPH indica un aumento del 12%.
¿Cómo puede ser que una encuesta muestre que los jubilados ganan más plata cuando la ANSES dice que perdieron 14%?. No es magia. Es metodología.
La trampa de la encuesta
La EPH introdujo cambios en su cuestionario a partir del cuarto trimestre de 2023. Incorporó nuevas preguntas orientadas a captar ingresos no laborales y transferencias sociales, lo que amplió el universo de recursos relevados y afectó la comparabilidad de las series con años anteriores.
En criollo: antes no preguntaban por ciertos ingresos, ahora sí. Entonces, la línea de base (2023) está subdeclarada, y las mediciones posteriores aparecen más altas. No porque la gente tenga más plata, sino porque ahora la encuesta es más fina para detectarla. Eso no es pobreza que baja. Es estadística que se ajusta.
El informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPPYP) advirtió que la mejora en los indicadores podría estar sobreestimada en al menos 4 puntos porcentuales. Estimaciones preliminares indican que la pobreza real estaría cerca del 32%, no del 28,2%.
La canasta del año del caldo
Pero el problema más grave no es la encuesta. Es la canasta. La Canasta Básica Total que utiliza el INDEC para medir la pobreza se basa en la estructura de consumo que surge de la Encuesta de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004-2005. Hace 21 años.
Sí, leyeron bien. La canasta con la que se mide si una familia es pobre o no tiene los patrones de consumo de cuando ganó River la final del mundo. No contempla el alquiler, que en la Ciudad de Buenos Aires representa entre el 30% y el 40% del ingreso de una familia. No pondera adecuadamente los servicios públicos, que se fueron a las nubes en los últimos dos años. Subestima el transporte, la salud, la educación.
La propia exdirectora del INDEC, Graciela Bevacqua, lo advirtió cuando renunció en 2024 en medio de una polémica por la manipulación de los índices de pobreza. Y no fue la única. Técnicos del organismo también se fueron en silencio, cansados de que les pidieran ajustar los números para que dieran bien.
El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) señaló que la magnitud y la velocidad de la “mejora social” reportada por el INDEC “resultan difíciles de conciliar” con el comportamiento de otros indicadores del bienestar, como el empleo, los salarios reales, el consumo y las privaciones materiales.
Lo que pasa en la calle (y no sale en la estadística)
Mientras el INDEC celebraba la baja de la pobreza, los números reales de la economía contaban otra historia. Las ventas en supermercados cayeron 11,3% en enero de 2026 respecto a noviembre de 2023. En los mayoristas, la baja fue del 18,7%. La yerba mate, ese producto que en los hogares populares suele reemplazar a la comida cuando la cosa se pone fea, tuvo una caída del 9% interanual en febrero. En un país donde la pobreza supuestamente baja, los sectores populares no pueden comprar ni el producto que sustituye comidas en tiempos de crisis.
El economista Roberto Cachanosky fue lapidario: “Los salarios del sector formal crecieron por debajo de la inflación, mientras que los informales aparecen con subas mucho mayores. Eso eleva el promedio y hace que más personas queden por encima de la línea de pobreza. Uno ve lo que pasa en la calle y no coincide con estos números”.
El consumo se sostiene a base de endeudamiento. Un informe del Banco Provincia reveló que el nivel de mora en entidades no financieras duplica al de los bancos tradicionales, y que cuanto más pobre se es, mayor es el atraso: 1 de cada 5 créditos menores a un millón de pesos está en mora. La deuda no es ingreso. La mora no es bienestar.
La renuncia silenciosa de los técnicos
El escándalo metodológico tiene una cara que el gobierno prefiere ocultar: los propios técnicos del INDEC renunciaron en silencio durante los últimos meses. Profesionales con años de experiencia en el organismo, especialistas en medición de pobreza, cansados de que les pidieran ajustar los números para que el relato oficial no se caiga a pedazos.
No hubo denuncias públicas. No hubo declaraciones grandilocuentes. Hubo renuncias silenciosas, puertas que se cerraron, oficinas que se vaciaron. Porque cuando el que te pide los números es el poder, y el poder no quiere saber la verdad, lo único que te queda es irte.
El relato que no cierra
Milei dice que la pobreza bajó porque el liberalismo funciona. Los números del INDEC le dan la razón, pero los números del INDEC son cada vez más difíciles de creer. La canasta no se actualiza desde 2004, la encuesta cambió su metodología a mitad de camino, los salarios formales cayeron pero los informales “subieron” mágicamente, y los técnicos del organismo se fueron en silencio.
La pregunta que flota en el aire es incómoda: si la pobreza realmente bajó al 28,2%, ¿por qué las ventas de supermercados se desploman?, ¿Por qué la mora en las billeteras virtuales se duplicó? ¿Por qué la yerba mate, el producto de la subsistencia, vende menos que nunca?. ¿Por qué los propios técnicos del INDEC renunciaron?.
La respuesta es más simple que un informe técnico: cuando la estadística no refleja la calle, la estadística miente. O la calle está equivocada. Y la calle, en la Argentina, nunca se equivoca.
Milei. Ahí tenés el “dato, no relato” que festejaste en X. 13 millones de pobres sigue siendo una cifra de mierda. Y si los técnicos del INDEC se van renunciando en silencio, si la canasta es del 2004, si los números de la encuesta no cierran con los registros administrativos, entonces el problema no es el relato. Es el dato. Ojalá te dure el festejo. Porque acá afuera, la calle no compra tus estadísticas. La calle compra lo que puede, y cada vez puede menos.



























