Los trabajadores desmotadores de algodón cerraron una paritaria anual del 44,5%, casi 15 puntos por encima de la inflación proyectada para 2026 y de la pauta salarial impulsada por el Gobierno. El acuerdo llevará los salarios de las categorías más altas por encima de los $2,1 millones y se suma a los convenios logrados por bancarios y aceiteros, que también quedaron fuera del techo oficial.
Mientras el Gobierno nacional busca contener las negociaciones paritarias para sostener su estrategia de desaceleración inflacionaria, algunos gremios continúan desafiando la pauta salarial promovida por la administración de Javier Milei. El último caso fue el de los trabajadores desmotadores de algodón, que cerraron un incremento anual del 44,5%, muy por encima de la inflación prevista para este año y del porcentaje que el Ministerio de Economía pretende consolidar como referencia para el resto de las actividades.
El acuerdo fue alcanzado por la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIODyARA) y el Sindicato de Trabajadores Aceiteros y Desmotadores de Algodón del Chaco (STADYCA) junto con las cámaras empresarias del sector.
La negociación incorpora aumentos escalonados entre mayo y septiembre, sumas extraordinarias y una cláusula de revisión en octubre, mecanismo que permitirá reabrir la discusión si la evolución de los precios supera las previsiones actuales.
Con este convenio, los desmotadores se suman a un reducido grupo de gremios que logró perforar el denominado «techo paritario» impulsado por el Ejecutivo, junto con los trabajadores bancarios y los aceiteros.
Un aumento casi 15 puntos por encima de la inflación prevista
El nuevo acuerdo contempla una recomposición acumulada del 44,5% durante 2026.
Los incrementos fueron distribuidos de la siguiente manera:
- 26,7% en mayo
- 8% en julio
- 3% en agosto
- 3% en septiembre, con los tres últimos aumentos aplicados de manera acumulativa.
El porcentaje final supera ampliamente las proyecciones oficiales y privadas sobre la evolución de los precios.
Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central, la inflación acumulada para diciembre de 2026 rondaría el 30%.
Si esa proyección se cumple, la recomposición salarial de los desmotadores quedará aproximadamente 14,5 puntos porcentuales por encima del índice de precios esperado, permitiendo una mejora real del poder adquisitivo.
En un contexto donde gran parte de las negociaciones salariales intentan simplemente acompañar la inflación, este convenio representa una recuperación efectiva de los ingresos.
Sueldos superiores a los $2 millones
Con los aumentos acordados, el salario conformado —que incluye el básico y los adicionales convencionales— alcanzará en septiembre los siguientes valores:
- Categoría C: $1.822.493,35
- Categoría B: $1.969.097,90
- Categoría A: $2.105.368,02
Esto significa que los trabajadores de mayor categoría superarán los dos millones de pesos mensuales, ubicándose entre los salarios industriales más elevados del empleo registrado argentino.
Además del incremento permanente sobre los básicos, el convenio incorpora pagos extraordinarios.
Los trabajadores de la categoría C cobrarán una suma no remunerativa de $90.000.
Los de la categoría B recibirán $100.000.
En tanto, los empleados de la categoría A percibirán $120.000, montos que serán abonados durante la primera quincena de julio.
Estos pagos se agregan a otra suma extraordinaria de $150.000 que ya había sido acordada durante la negociación correspondiente a la revisión de la paritaria 2025/2026 y que fue liquidada junto con los salarios de junio.
El tercer gremio que rompe el techo oficial
El convenio adquiere relevancia porque vuelve a mostrar las dificultades del Gobierno para imponer un límite uniforme a las negociaciones colectivas.
Desde comienzos del año, el Ministerio de Economía endureció el criterio para homologar acuerdos salariales que superaran determinados porcentajes, buscando evitar que las recomposiciones alimentaran nuevas presiones sobre la inflación.
En algunos casos, esa política derivó en demoras administrativas para validar convenios ya firmados e incluso en pedidos para renegociar incrementos considerados excesivos por el Ejecutivo.
Sin embargo, algunos sindicatos conservaron suficiente capacidad de negociación para cerrar acuerdos por encima de esa pauta.
Los bancarios fueron uno de los primeros en conseguir incrementos superiores a los porcentajes promovidos por el Gobierno.
Los aceiteros también mantuvieron su estrategia histórica de negociar salarios utilizando como referencia el concepto constitucional de Salario Mínimo, Vital y Móvil, en lugar de limitarse a seguir la inflación esperada.
Ahora, los desmotadores de algodón se incorporan a ese reducido grupo de gremios que logró romper el techo salarial impulsado por la administración libertaria.
Una negociación basada en el Salario Mínimo, Vital y Móvil
La Federación Aceitera explicó que la negociación no estuvo basada únicamente en la evolución del índice de precios.
El sindicato sostuvo nuevamente el criterio que viene aplicando desde hace varios años: calcular los salarios sobre la base del artículo 14 bis de la Constitución Nacional y del artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo, que definen el concepto de Salario Mínimo, Vital y Móvil.
Según esa interpretación, el ingreso de un trabajador debe permitir cubrir nueve necesidades fundamentales:
- alimentación adecuada,
- vivienda digna,
- educación,
- vestimenta,
- asistencia sanitaria,
- transporte,
- esparcimiento,
- vacaciones,
- previsión social.
Esta metodología diferencia a los aceiteros y desmotadores de otros gremios que negocian tomando como referencia únicamente la inflación proyectada o los porcentajes acordados en actividades similares.
Gracias a ese criterio, el sector consiguió durante distintos gobiernos algunos de los salarios básicos más altos de la industria argentina.
La revisión de octubre deja abierta la negociación
El acuerdo no cierra definitivamente la discusión salarial.
Las partes volverán a reunirse durante octubre para analizar la evolución de la economía y revisar los ingresos si el comportamiento de los precios modifica las condiciones contempladas al momento de la firma.
Las cláusulas de revisión se transformaron en una herramienta habitual de las negociaciones colectivas durante los últimos años, independientemente del signo político del gobierno nacional.
En un contexto de inflación todavía elevada y de proyecciones sujetas a cambios, permiten corregir acuerdos cuando los aumentos pactados pierden capacidad de compra antes de finalizar el período de vigencia.
Para los sindicatos representan una garantía adicional frente a escenarios económicos inciertos. Para las empresas, constituyen un mecanismo que evita renegociaciones permanentes mes a mes.
Una señal para el resto de las paritarias
El acuerdo de los desmotadores tiene un impacto que excede al sector algodonero.
Cada convenio que supera la pauta oficial fortalece la posición negociadora de otros gremios que todavía deben discutir salarios durante el segundo semestre.
Al mismo tiempo, incrementa la presión sobre el Gobierno, que intenta sostener una política de moderación salarial como parte de su estrategia para consolidar la desaceleración de la inflación.
La administración de Javier Milei sostiene que las recomposiciones deben ser compatibles con la evolución esperada de los precios para evitar que los aumentos alimenten nuevas tensiones inflacionarias.
Los sindicatos, en cambio, argumentan que las paritarias deben recuperar el poder adquisitivo perdido y que limitar administrativamente las negociaciones vulnera el derecho a la negociación colectiva previsto por la legislación laboral.
En ese escenario, el convenio firmado por los desmotadores vuelve a mostrar que algunos sectores con mayor capacidad de organización continúan logrando acuerdos por encima del techo impulsado por el Ejecutivo.
Con un aumento anual del 44,5%, salarios que superarán los $2,1 millones, sumas extraordinarias y una revisión prevista para octubre, el acuerdo se convierte en una de las referencias salariales más importantes de 2026 y confirma que, pese a la presión oficial, todavía existen gremios capaces de imponer condiciones alejadas de la pauta promovida por el Gobierno nacional.


























