Mandos militares estadounidenses presentaron a Donald Trump nuevas opciones de acción contra Irán, en un escenario marcado por el bloqueo marítimo, la caída del tránsito por el estrecho de Ormuz y el aumento del costo económico de la guerra. Teherán advierte que los buques estadounidenses podrían convertirse en objetivo si Washington reanuda los ataques.
Una nueva fase de tensión militar
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ingresó en una nueva fase de tensión. Según reportes de Axios confirmados por Reuters, mandos militares estadounidenses tenían previsto informar al presidente Donald Trump sobre nuevas opciones de acción militar contra Irán. El almirante Bradley Cooper, jefe del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), formó parte de esas deliberaciones, en medio de versiones sobre ataques “cortos pero contundentes” contra objetivos iraníes.
La formulación no es menor. Washington no comunicó oficialmente una decisión final sobre una nueva ofensiva, pero el hecho de que el CENTCOM eleve opciones militares al Ejecutivo muestra que la administración Trump evalúa ampliar el margen operativo de una campaña iniciada el 28 de febrero junto con Israel.
La respuesta de Teherán fue directa. Majid Mousavi, jefe de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, advirtió que Irán responderá a cualquier nuevo ataque con acciones “prolongadas y contundentes”, y sostuvo que los buques estadounidenses podrían convertirse en objetivos militares si continúan las hostilidades.
La trampa de Ormuz
El estrecho de Ormuz es, desde hace décadas, la yugular del sistema energético global. Por allí pasa una parte sustancial del petróleo y el gas que mueve al mundo. Y ahora, esa yugular está parcialmente estrangulada.
Según la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el tránsito por Ormuz cayó de alrededor de 130 buques diarios en febrero a apenas seis en marzo. Una reducción del 95 por ciento. La agencia lo dijo sin vueltas: es un golpe profundo para el comercio, los precios y las condiciones financieras internacionales.
Estados Unidos impuso un bloqueo sobre el tráfico marítimo que entra y sale de puertos iraníes. No es exactamente un cierre total del estrecho, pero el efecto sobre los mercados es el mismo: incertidumbre, especulación y precios por las nubes.
El costo de la guerra (y quién lo paga)
La campaña militar ya tiene un precio, y no es menor. CBS News informó, con base en funcionarios estadounidenses familiarizados con evaluaciones internas, que el costo real de la guerra contra Irán estaría más cerca de los 50.000 millones de dólares que de los 25.000 millones estimados públicamente por el Pentágono.
El dato es revelador porque muestra una de las constantes de la historia: los costos reales de las guerras imperiales siempre terminan siendo más altos de lo que confiesan los gobiernos. Y esos costos, directa o indirectamente, los terminan pagando los contribuyentes.
Mientras tanto, el crudo Brent superó los 120 dólares por barril, su nivel más alto desde 2022. El bloqueo en Ormuz, combinado con la incertidumbre sobre la duración del conflicto, disparó los precios energéticos. Y como siempre, las consecuencias las sufren los países más vulnerables, aquellos que importan energía y ya venían ahogados por la deuda y la inflación.

El rol de Israel y la ampliación del frente
En paralelo, Estados Unidos entregó a Israel 6.500 toneladas adicionales de municiones y equipo militar para la campaña contra Irán, bautizada por Tel Aviv como “León Rugiente”. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, no descartó lanzar nuevas operaciones contra Irán si considera que los objetivos estratégicos no se han alcanzado.
El mensaje es claro: la guerra no es solo un asunto bilateral entre Washington y Teherán. Es una alianza militar que busca reconfigurar el equilibrio de poder en Medio Oriente.

La alerta de la ONU
El secretario general de la ONU, António Guterres, fue contundente: el bloqueo del estrecho de Ormuz «estrangula la economía global». Advirtió que podría empujar a decenas de millones de personas a la pobreza y conducir al mundo hacia una recesión.
“Aunque las restricciones se levantaran hoy, las cadenas de suministro tardarán meses en recuperarse”, afirmó Guterres, e instó a ambas partes a abrir el estrecho y continuar el diálogo para alejar al mundo del “abismo”.
Pero el diálogo parece ser lo último que ambas partes tienen en mente. Mientras el Pentágono evalúa el “golpe final”, la administración Trump también lanzó una ofensiva diplomática paralela para reunir apoyo internacional. La llamada “Iniciativa de Libertad Marítima” busca legitimar el bloqueo y construir una coalición de países que respalde la posición estadounidense.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán se encuentra en un punto de inflexión. Washington evalúa nuevas opciones militares; Teherán promete una respuesta prolongada; el tránsito por Ormuz está en niveles mínimos; y el costo económico de la guerra empieza a pesar dentro y fuera de Estados Unidos.
La advertencia de Naciones Unidas es clara: una escalada sobre Ormuz puede transformar una crisis regional en un problema económico global. Y cuando eso ocurre, los costos los pagan siempre los mismos: los países periféricos, las economías frágiles y las poblaciones que ya venían resistiendo.
El estrecho sigue cerrado. El petróleo sube. La guerra no termina. Y mientras los poderosos juegan al ajedrez geopolítico, los de abajo pagan las fichas.



























