Mientras el Gobierno predica el ajuste y el «no hay plata», la Agencia de Administración de Bienes del Estado saca una nueva versión del reglamento para vender muebles, autos, computadoras y hasta animales. Transparencia, dicen. Subastas online, prometen. Pero la historia enseña que cuando el Estado vende, siempre hay algún amigo que compra barato. Y cuando sobran dudas, siempre falta quién controle.
BUENOS AIRES, 24 de febrero de 2026 – El Estado argentino tiene un problema: acumula cosas. Autos que no se usan, computadoras obsoletas, muebles que hacen juego con los gobiernos que ya se fueron, y hasta animales (sí, semovientes, les llaman) que comen y no producen. La solución, según la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), es vender todo. Y para eso, sacaron una nueva versión del reglamento. La número 4, para ser exactos.
La Resolución 3/2026, firmada por Tania Yedro y Bárbara Yael Pintelos el 18 de febrero, aprueba el texto ordenado del «Reglamento de Administración y Disposición de Bienes Muebles y Semovientes del Estado Nacional» . Detrás del nombre rimbombante se esconde una maquinaria burocrática destinada a convertir en plata los bienes que el Estado ya no quiere o no puede mantener.
¿DE QUÉ SE TRATA (Y POR QUÉ DEBERÍA IMPORTARTE)?
El reglamento no es nuevo. Viene de 2019, con modificaciones en 2020 y 2024. Pero esta versión 4 incorpora cambios introducidos por decretos recientes (636/24 y 195/25) que buscan «adecuar la normativa» y «fortalecer los principios de transparencia y publicidad» . En criollo: quieren vender más rápido y, supuestamente, con menos riesgo de choreo.
Entre las novedades, se habilita el uso de herramientas tecnológicas para subastas online, con el objetivo de «ampliar la concurrencia de oferentes, optimizar procesos y agilizar las modalidades de enajenación» . Traducción: ahora podés pujar por un auto oficial desde la comodidad de tu casa, siempre y cuando tengas conexión a internet y algo de plata.
LO QUE EL REGLAMENTO NO DICE (PERO DEBERÍA)
La norma está llena de palabras lindas: eficiencia, transparencia, publicidad, interés público. Pero como siempre, el diablo está en los detalles que faltan.
🔹 ¿Qué se vende? Bienes muebles (autos, computadoras, muebles, maquinaria) y semovientes (animales). Sí, el Estado tiene animales. Caballos de la policía, por ejemplo, o animales decomisados. Todo puede ir al martillo.
🔹 ¿Quién tasa el valor? El reglamento no lo aclara. Pero en la práctica, suelen ser tasaciones internas, con peritos que dependen del mismo Estado que quiere vender. El riesgo de subvaluación es enorme.
🔹 ¿Quién controla que no se vendan cosas robadas o que no se regalen a amigos? La norma menciona la intervención de la Unidad de Auditoría Interna y la Oficina Nacional de Contrataciones, pero no especifica mecanismos de control ciudadano. La transparencia queda en manos de los mismos que ejecutan.
🔹 ¿Dónde va la plata? Al Tesoro, se supone. Pero el Tesoro es un pozo sin fondo. No hay partida específica, no hay destino prefijado. La plata de la venta de bienes públicos se diluye en el presupuesto general y nadie sabe bien en qué se gasta.
EL ANÁLISIS POLÍTICO (O CÓMO EL «AJUSTE» SE CONVIERTE EN NEGOCIO)
El gobierno de Javier Milei pregona el ajuste, la motosierra, la eliminación del gasto superfluo. Vender bienes del Estado entra en esa lógica: si no se usan, que se vendan. Pero la experiencia argentina en subastas públicas es un cementerio de sospechas.
Durante la gestión de Mauricio Macri, se subastaron aviones presidenciales, autos de lujo y propiedades. Muchas operaciones terminaron en la justicia o en la sospecha de amigos del poder comprando barato. Con Alberto Fernández, las subastas continuaron, pero con menos ruido. Ahora, con Milei, se actualiza el reglamento para «agilizar». Agilizar, en criollo, significa menos controles, más velocidad, y más chances de que algo se escape.
EL ANÁLISIS ECONÓMICO (O CÓMO SACARLE PLATA A LO QUE YA NO SIRVE)
Desde el punto de vista fiscal, vender bienes ociosos es razonable. Un auto que no se usa, además de ocupar espacio, se deprecia. Una computadora vieja vale menos cada día. Mejor venderlas y usar la plata para otra cosa.
El problema es que el Estado no es una empresa. Sus bienes no son solo activos: son patrimonio de todos. Y cuando se venden, se venden a precio de remate, muchas veces por debajo del valor real, y la plata desaparece en la bolsa del Tesoro. No hay un fondo especial para reponerlos, no hay una cuenta específica para mejorar el parque automotor. Es simplemente: se vende, se recauda, se gasta.
EL ANÁLISIS SOCIAL (O CÓMO LA GENTE MIRA DE AFUERA)
Para el ciudadano común, esta resolución es una más en el mar de papeles del Boletín Oficial. No le cambia la vida. Pero sí hay una dimensión simbólica: cuando el Estado vende sus bienes, está diciendo que ya no puede mantenerlos. Que no tiene capacidad de gestión, de reparación, de reciclaje. Que prefiere deshacerse de ellos antes que ponerlos a funcionar.
En un país donde los hospitales públicos no tienen insumos, donde las escuelas se caen a pedazos, donde los patrulleros faltan, vender una flota de autos oficiales (muchos de ellos en desuso) suena a medida de sentido común. Pero el sentido común también dice que la plata debería ir a esos hospitales, a esas escuelas, a esos patrulleros. Y eso no está garantizado.
LA IRONÍA FINAL
La Resolución 3/2026 es un monumento a la burocracia: 4 páginas de considerandos, 4 artículos y un anexo de 38 páginas que nadie va a leer. Todo para decir: «Vamos a vender las cosas viejas, y lo vamos a hacer por internet para que sea más transparente».
Pero mientras el Estado se prepara para subastar sus cachivaches, los argentinos siguen pagando impuestos, siguen viendo cómo la plata no alcanza, y siguen esperando que alguna vez la «transparencia» no sea solo una palabra en un decreto.
El Estado vende, el Gobierno ajusta, y la gente mira. Entre subastas online y reglamentos nuevos, la pregunta sigue en pie: ¿a dónde va la plata?, ¿Quién controla que no se la lleven los amigos?. Y lo más importante: ¿Cuándo vamos a dejar de creer que la solución es vender lo que queda en vez de ponerlo a funcionar?.



























