Un informe encargado por la propia Conferencia Episcopal Alemana en 2022 documentó 16 denuncias de abuso sexual contra Emil Stehle, el poderoso obispo alemán que marcó el desarrollo de Santo Domingo de los Tsáchilas. Mientras la ciudad debate si retirar su nombre de avenidas, escuelas y una condecoración municipal, la sobrina de Stehle, Ulrike Bay, viajó desde Alemania para testimoniar que ella también fue una víctima. La diócesis local admite que Stehle cometió una «equivocación grave», pero sostiene que, sin una condena judicial en Ecuador, el homenaje no se toca. La tensión entre las obras sociales y los abusos encubiertos expone el dilema de una ciudad que debe decidir qué pesa más en la memoria pública: los puentes o el dolor.
En una rotonda de Santo Domingo de los Tsáchilas, una estatua de seis metros de altura vigila el tránsito. Es la figura de Emil Lorenzo Stehle, el obispo alemán que entre 1987 y 2002 transformó la fisonomía de esta provincia ecuatoriana con puentes, carreteras, escuelas y la creación de la Universidad Católica . Para muchos, su nombre es sinónimo de progreso. Sin embargo, desde 2022, esa imagen pétrea convive con un informe oficial que la erosiona desde los cimientos.
La investigación, encargada por la Conferencia Episcopal Alemana y la organización Adveniat, que Stehle dirigió durante años, fue publicada en agosto de 2022. La abogada Bettina Janssen revisó archivos y correspondencia institucional y llegó a una conclusión que la jerarquía eclesiástica alemana calificó con «profunda conmoción»: existen 16 denuncias e «indicios de abusos sexuales» contra Stehle . Los testimonios abarcan toda su carrera: desde su tiempo como sacerdote en Bogotá en los años 50, su paso por Essen (Alemania) como jefe de coordinación de Adveniat, y su ejercicio como obispo auxiliar de Quito y luego obispo de Santo Domingo .
Pero la figura de Stehle no solo es señalado por actos propios. El informe alemán detalla que, desde su posición de poder en la Oficina de Coordinación Fidei Donum y Adveniat en los años 70, facilitó que al menos tres sacerdotes acusados de delitos sexuales en Alemania eludieran a la justicia. Utilizó la codificación de nombres y direcciones encubiertas, y financió su permanencia en América Latina, un destino recurrente para sacerdotes problemáticos que debían desaparecer del radar europeo . El padre Martin Maier, actual director de Adveniat, fue tajante: Stehle fue «autor de abuso sexual y cómplice de otros agresores» desde una posición de poder institucional .

El dolor que viajó para ser escuchado
A fines de enero de 2026, la controversia dejó de ser un rumor lejano. Organizaciones de mujeres de Santo Domingo (Tsa Fem, Mujeres por el Cambio, la Coordinadora Política de Mujeres) realizaron una rueda de prensa con una invitada estremecedora: Ulrike Bay, sobrina de Stehle, quien viajó desde Alemania para contar su verdad . Bay relató que fue víctima de abuso sexual por parte de su tío cuando ella tenía solo 10 años . Su testimonio no era un caso aislado; las víctimas cuyas denuncias dieron forma al informe alemán no se conocían entre sí, pero sus relatos presentaban «paralelismos» que hicieron imposible para los investigadores descartar los hechos .
Bay fue clara en sus dos pedidos: que no se vuelva a levantar el monumento a su tío y que las mujeres sudamericanas que pudieran haber sido afectadas encuentren el valor para hablar, sin temor a ser estigmatizadas . Recordó que en Alemania, donde Stehle falleció en mayo de 2017 sin enfrentar un juicio, ya se han rebautizado fundaciones y calles que llevaban su apellido como parte de un proceso de reparación simbólica .

La defensa y el dilema de las obras
Frente a la ofensiva de los colectivos, que exigen la derogación de la ordenanza que creó la condecoración municipal «Emilio Lorenzo Stehle», el cambio de nombre de una avenida y una unidad educativa, se alza una voz local poderosa. Gonzalo Yépez, periodista y amigo personal del exobispo, ha salido a defender el legado. Su argumento no niega el informe alemán, pero lo matiza con el contexto local: sin una sentencia judicial firme en Ecuador, borrar el nombre de Stehle sería, a su juicio, borrar una parte de la historia de Santo Domingo .
Yépez enumera las obras que, según él, explican los homenajes: el puente sobre el río Toachi (1993), los puentes sobre los ríos Mulaute y Chigüilpe, la gestión de fondos para la Universidad Católica, la consolidación del Santuario del Bombolí y el fortalecimiento de hogares de protección social como Valle Feliz y Hogar de Jesús . Para él, la discusión debe separar a la persona de su obra social. «Ninguna obra justifica el daño», responden las organizaciones de mujeres. Teresa Bolaños, de Mujeres por el Cambio, lo expresó sin ambages: «No hay ninguna obra por monumental que haya hecho que justifique el daño generado a través del abuso sexual a una niña a una mujer» .

La posición de la Iglesia: ¿condena sin tribunal?
El obispo actual de la Diócesis de Santo Domingo, Bertram Wick, ha tenido que navegar estas aguas turbulentas. En un comunicado, Wick afirmó que la investigación alemana encontró responsabilidades, pero recordó que la determinación penal corresponde a los tribunales . Señaló que la diócesis revisó sus archivos en busca de posibles encubrimientos durante la gestión de Stehle en Adveniat, pero que no hallaron «indicios de comportamiento delictivo en Ecuador» .
Wick admitió que Stehle cometió una «equivocación bastante grave» . En un video difundido en redes sociales, reconoció que «hay cosas dolorosas, lo reconocemos, pedimos perdón a Dios, a las personas, a los fieles que de alguna forma sufren también de estas debilidades humanas, que son repudiables» . Sin embargo, respecto al retiro de los honores públicos, su postura es de delegación: solo las instituciones que los otorgaron pueden retirarlos, y él respetará sus decisiones .
Nalda Bustamante, del Movimiento de Mujeres de Santo Domingo, resume la paradoja que enfrenta la ciudad: «Resultan todos estos reconocimientos contradictorios cuando nosotros nos enterábamos de que han habido múltiples víctimas que han presentado las denuncias… incluso que han sido indemnizadas en Alemania».
16 denuncias, 3 décadas de abarcar, un continente usado como refugio para curas acusados. Ese es el otro lado del legado de Emil Stehle. Santo Domingo se enfrenta ahora a una pregunta que trasciende sus fronteras: ¿puede una estatua de seis metros y una avenida con su nombre convivir con el testimonio de una sobrina que fue abusada y un informe eclesial que lo confirma?. Mientras la Iglesia alemana ya pidió perdón y desterró su nombre, en Ecuador, la memoria sigue atada al concreto de los puentes.


























