Elegirme

Ser madre, soltar, volver a empezar: nada fue como lo soñé.
Aprendí a irme de lo que duele, a sostener lo que importa.
Y en ese camino, elegirme también fue salvarme.

Hay algo que cambia cuando una empieza a mirarse con honestidad, cuando deja de intentar ser la madre perfecta, la mujer que puede con todo, la que nunca falla, y acepta, aunque cueste, que es simplemente la madre que le tocó a sus hijos, con sus errores, con sus límites, con su cansancio, pero también con una forma de amor que no negocia, que no se mide, que no depende de lo que tiene sino de lo que es capaz de dar incluso cuando todo falta.

Porque la realidad pesa.

Las situaciones económicas no son una idea abstracta, se sienten en el cuerpo, en las decisiones, en lo que se puede y en lo que no, en esos momentos donde una tiene que explicar que no siempre se puede cumplir todo, que hay cosas que esperan, que hay caprichos que llegan cuando hay y que cuando no, no se puede, y aun así sostener la mirada de los hijos, mantener la calma, hacer que no sientan la falta como una herida sino como parte de la vida, es también una forma de maternar, una forma de enseñar sin palabras que el amor no depende de lo material.

Y en ese camino también aparecen las otras pérdidas.

Las que no tienen que ver con la familia de origen ni con las parejas, sino con las amistades, con esas personas que una cree cercanas, que ayuda, que acompaña, que incluye, y que con el tiempo se desdibujan, se borran, aparecen solo cuando necesitan algo, como si el vínculo hubiera sido unilateral desde el principio y una no lo hubiera querido ver.

A los veintiséis años entender que muchas veces la amiga era una sola, que el interés no era mutuo, que la compañía no era real, deja un vacío distinto, más silencioso, pero igual de profundo, y obliga otra vez a rearmarse, a aceptar que no todo el mundo que pasa por tu vida se queda, pero que eso no invalida lo que una es capaz de dar.

Hoy no hay pareja.

No hay muchas amistades.

Pero hay algo que antes no estaba: una claridad.

Las personas que llegan ahora son distintas.

Más recientes.

Más sinceras.

Y aunque el vínculo sea nuevo, hay algo en esa mirada, en ese interés, que genera confianza, que permite bajar la guardia de a poco, sin entregarse del todo, pero sin cerrarse como antes.

Porque a pesar de todo, me hice.

No completa.

No perfecta.

Pero mía.

Hubo un momento en el que entendí que tenía que abrazar a la nena que fui.

No como una imagen tierna, sino como una responsabilidad.

Como una promesa.

Decirle que iba a seguir luchando por nosotras, que todo lo que había pasado no iba a definir todo lo que vendría, que ese pasado —aunque siga doliendo— ya no es presente, y que lo que importa ahora es lo que puedo construir a partir de acá.

Vivo un día a la vez.

Pero no sin rumbo.

Tengo metas.

Terminar la secundaria.

Estudiar.

Ser algo más que la historia que me tocó.

Y en ese proceso apareció alguien que marcó una diferencia.

Alguien que no vino a salvarme, sino a mostrarme herramientas, a decirme que escribir también es una forma de ordenar lo que duele, de sacar afuera lo que pesa, de entender que no soy un caso perdido, que todavía hay camino, que todavía hay futuro.

Escribir bajó el ruido.

Los ataques de pánico siguen.

Pero son menos.

Y en ese “menos” hay un logro que nadie ve, pero que yo siento.

Porque cada vez que escribo, algo se acomoda.

Algo respira.

También está la historia del amor.

O de lo que creí que era amor.

Cuando lo conocí, él también estaba roto.

Y eso nos unió.

Dos personas cansadas, golpeadas por la vida, que encontraron en el otro una especie de refugio, una pausa, una ilusión de que esta vez podía ser distinto.

Y al principio lo fue.

Él me dio algo que yo necesitaba: tranquilidad, presencia, una mano tendida en un momento donde nadie más estaba, incluso cuando mi propia madre me dio la espalda en el hospital, él apareció y dijo que no me preocupara, que nos cuidaba, y en ese gesto encontré algo parecido a la seguridad.

Por eso me quedé.

Por eso creí.

Por eso acepté.

Nos casamos.

Y durante un tiempo todo funcionó.

Hasta que dejó de hacerlo.

No de golpe.

De a poco.

Como se rompen las cosas importantes.

Los celos.

El control.

La sensación de que ya no era una compañera sino una propiedad.

Las discusiones.

La violencia.

Los golpes.

Y después las disculpas.

Siempre las disculpas.

Como si el amor pudiera justificarlo todo.

Pero no.

No puede.

El día que me fui no hubo escena.

No hubo gritos.

Solo una decisión.

Silenciosa.

Irme cuando él no estaba.

Porque a veces irse también es sobrevivir.

Volvimos.

Porque irse no siempre alcanza para soltar.

Porque hay algo en las mujeres que insiste, que cree, que espera.

Pero yo ya no era la misma.

Algo en mí se había quebrado.

Y aunque él volviera a ser el de antes, yo ya había visto lo otro.

Y no se puede dejar de ver.

Después de unos meses, se fue.

Esta vez sin pelea.

Sin ruido.

Y dejó un vacío distinto.

Pero ya no me destruyó igual.

Porque había algo más fuerte que ese dolor.

Mis hijos.

Siempre mis hijos.

Seguí.

Porque no había opción.

Porque ser madre no te permite quedarte en el suelo.

Con el tiempo entendí algo que me costó aceptar: que a veces una se aferra a lo que le hace mal porque tiene miedo de soltar, porque no sabe qué viene después, porque el vacío asusta más que el dolor conocido.

Pero cuando una decide no sufrir más, aunque no sepa cómo, aparece algo nuevo.

El amor propio.

No como frase.

Como límite.

Como decisión.

Hoy estoy sola.

Pero no desde la falta.

Desde la elección.

Entendí que una familia no es solo mamá, papá e hijos.

Que también somos familia nosotros cuatro.

Mis hijos y yo.

Y que eso no tiene nada de incompleto.

Al contrario.

Es real.

Es suficiente.

Y es nuestro.

Sé que muchas mujeres se quedan.

Por miedo.

Por dependencia.

Por amor confundido.

Y no las juzgo.

Porque yo también estuve ahí.

Pero también sé que se puede salir.

Que el camino es difícil.

Que hay incertidumbre.

Que no siempre se sabe cómo se va a seguir.

Pero se sigue.

Y el vacío que deja alguien que dijo amarte, se llena.

No con otra persona.

Con el amor de tus hijos.

Con el amor propio.

Con esa voz que empieza a decirte que no merecés menos.

Hoy, si lo extraño, no es porque quiera volver.

Es porque hubo una parte de mí que creyó.

Pero ya no volvería.

Porque ahora sé.

Sé que mis hijos necesitan una madre presente.

Sana.

Fuerte.

No perfecta.

Pero entera.

Y eso es lo que elijo ser.

Por ellos.

Y por mí.

Porque amar no es quedarse.

Amar también es irse.

Y no volver nunca más a donde te rompieron.

  • Related Posts

    Las que se quedan

    Crecer también es aprender a soltar a quienes nunca estuvieron de verdad.Entre ausencias, decepciones y nuevos afectos, entendí que sanar no siempre hace ruido.A veces, simplemente significa seguir adelante sin…

    “Nuestra hermana aguafiestas”: un club de lectura retoma la novela afrofeminista de Ama Ata Aidoo

    El encuentro será el sábado 30 de mayo de 2026 a las 13 horas de Argentina y continuará el recorrido iniciado en 2025 con la lectura del capítulo “Las ciruelas”.…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    You Missed

    Fin de mayo anticipado: los astros meten presión y nadie sale ileso

    Fin de mayo anticipado: los astros meten presión y nadie sale ileso

    Motosierra para jubilados, Cybertruck para libertarios

    Motosierra para jubilados, Cybertruck para libertarios

    Vaca Muerta acelera bajo el RIGI: YPF anuncia una inversión récord de USD 25.000 millones

    Vaca Muerta acelera bajo el RIGI: YPF anuncia una inversión récord de USD 25.000 millones

    Milei desactiva el swap con China y resigna USD 4.400 millones de poder de fuego financiero

    Milei desactiva el swap con China y resigna USD 4.400 millones de poder de fuego financiero

    Comer carne ya es un lujo: el consumo cayó casi 7% y el salario no alcanza

    Comer carne ya es un lujo: el consumo cayó casi 7% y el salario no alcanza

    La crisis llegó al campo: 70% de pobreza entre familias campesinas

    La crisis llegó al campo: 70% de pobreza entre familias campesinas

    Jorge Macri salvó la ampliación presupuestaria con Larreta y pactó el RIGI que exigía Milei

    Jorge Macri salvó la ampliación presupuestaria con Larreta y pactó el RIGI que exigía Milei

    Caputo privatiza rutas por 20 años con peajes más caros y denuncias de obras mínimas

    Caputo privatiza rutas por 20 años con peajes más caros y denuncias de obras mínimas

    La Cámpora recuperó la llave de los jueces y el peronismo bonaerense evitó partirse en vivo

    La Cámpora recuperó la llave de los jueces y el peronismo bonaerense evitó partirse en vivo

    Las que se quedan

    Las que se quedan

    Patricia ya le reza al cadáver político de Milei mientras Adorni se hunde en vivo

    Patricia ya le reza al cadáver político de Milei mientras Adorni se hunde en vivo

    El GUR ucraniano usa combatientes latinoamericanos para vender drogas en Europa

    El GUR ucraniano usa combatientes latinoamericanos para vender drogas en Europa

    El peronismo se quebró en el Senado y salvó a Mahiques con una mayoría aplastante

    El peronismo se quebró en el Senado y salvó a Mahiques con una mayoría aplastante

    Washington llamó al verdadero presidente: Santiago Caputo viajó de urgencia por el derrumbe libertario

    Washington llamó al verdadero presidente: Santiago Caputo viajó de urgencia por el derrumbe libertario

    Bullrich ya entrega cadáveres políticos: «Si quieren matar a Adorni, mátenlo»

    Bullrich ya entrega cadáveres políticos: «Si quieren matar a Adorni, mátenlo»

    “Nuestra hermana aguafiestas”: un club de lectura retoma la novela afrofeminista de Ama Ata Aidoo

    “Nuestra hermana aguafiestas”: un club de lectura retoma la novela afrofeminista de Ama Ata Aidoo

    El nuevo orden mundial y la Argentina subordinada: Milei se entrega al poder sionista a cambio de nada

    El nuevo orden mundial y la Argentina subordinada: Milei se entrega al poder sionista a cambio de nada

    Sturzenegger se enojó con la ANMAT porque no le aprobaron un aerosol «anti mufa» para el Mundial

    Sturzenegger se enojó con la ANMAT porque no le aprobaron un aerosol «anti mufa» para el Mundial

    La morosidad de las familias alcanzó un nuevo récord desde 2004: el 11,5% de los deudores bancarios no paga

    La morosidad de las familias alcanzó un nuevo récord desde 2004: el 11,5% de los deudores bancarios no paga

    ARGENTINA NEGRA: EL LIBRO QUE ROMPE EL MITO DEL BORRAMIENTO

    ARGENTINA NEGRA: EL LIBRO QUE ROMPE EL MITO DEL BORRAMIENTO

    De diputada libertaria a troll judicializado: Lilia Lemoine y el caso Ian Moche

    De diputada libertaria a troll judicializado: Lilia Lemoine y el caso Ian Moche

    Generación Z frente a la IA: productividad extrema, dependencia digital y el riesgo de perder el pensamiento crítico

    Generación Z frente a la IA: productividad extrema, dependencia digital y el riesgo de perder el pensamiento crítico

    Inflación al 2,6%: bajan los precios, sube el ajuste

    Inflación al 2,6%: bajan los precios, sube el ajuste

    El Gobierno rodeó el INTI con gendarmes para frenar un acto de apoyo de industriales pyme

    El Gobierno rodeó el INTI con gendarmes para frenar un acto de apoyo de industriales pyme

    Médicos argentinos viajan a Ginebra para frenar la salida de la OMS

    Médicos argentinos viajan a Ginebra para frenar la salida de la OMS

    La guerra con Irán condiciona la cumbre entre Trump y Xi Jinping mientras se enfrían las negociaciones de paz

    La guerra con Irán condiciona la cumbre entre Trump y Xi Jinping mientras se enfrían las negociaciones de paz

    Cuba estalla en protestas por cortes de luz de hasta 22 horas mientras el bloqueo de Trump ahoga la isla

    Cuba estalla en protestas por cortes de luz de hasta 22 horas mientras el bloqueo de Trump ahoga la isla