Walter «Chanchi» Riquelme, máxima autoridad partidaria, vende perfumes traídos de Paraguay en chats internos. La segunda del partido en la zona es jefa de Aduana.
El libre mercado, versión libertaria, tiene un costado más oscuro que una cueva financiera mal iluminada. En San Lorenzo, el principal referente de La Libertad Avanza, Walter «Chanchi» Riquelme, fue denunciado por vender perfumes y celulares de contrabando traídos desde Paraguay. El dato no menor: la segunda del partido en la ciudad, Elizabeth Mastrizzo, es una de las jefas de Aduana.
Riquelme, designado en el cargo por la diputada Romina Diez, ofrece sus productos en grupos internos de WhatsApp. «Si quieren un perfumito, de marca, lindo, mándenme al privado que paso precio», dice el dirigente en un mensaje filtrado, promocionando un Le Male Elixir de Jean Paul Gaultier. En el mismo chat, también difunde sus «servicios financieros» informales. O sea, una cueva.
En San Lorenzo, el rumor es vox populi: el referente libertario viaja periódicamente a Paraguay, ingresa la mercadería de manera ilegal y la vende sin control. El problema es que Mastrizzo, su compañera de partido, tiene la obligación de controlar el contrabando en uno de los polos portuarios más grandes del mundo. «Le pasan los perfumes y los celulares por adelante y no los ve», ironizó un militante libertario.
El escándalo llegó a oídos de los propios libertarios, que ya venían golpeados por los casos de corrupción en el gobierno nacional. «Después de fumarnos lo de Adorni ahora nos van a caer con lo de Walter», repiten preocupados en el armado local.
Riquelme fue ungido por Romina Diez, la diputada de máxima confianza de Karina Milei en Santa Fe, después de ganarle la interna a Eugenia Rolón (la novia de Iñaki Gutiérrez, que tuvo que bajar el perfil tras chocar borracha). No es un militante de base: es la máxima autoridad partidaria en una ciudad que Milei visitó durante su mandato.
Lo curioso del caso es que Riquelme no es un pobre emprendedor que revende productos para llegar a fin de mes. Es el jefe del partido que pregona «orden, disciplina y lucha contra la casta». La misma casta que, según Milei, saquea el Estado y evade impuestos. Pero cuando la casta es propia, los perfumes de contrabando y la cueva financiera se disfrazan de «emprendedurismo».
Mientras el gobierno nacional ajusta, despide y persigue a los que piensan distinto, sus propios referentes montan negocios paralelos al amparo de una funcionaria de Aduana que, casualmente, es su compañera de partido.
San Lorenzo no es el Moloch libertario que prometía la motosierra. Es, por ahora, una pequeña muestra de lo que pasa cuando el «orden» se delega en los mismos de siempre: contrabando, cuevas financieras y una jefa de Aduana que mira para otro lado mientras su compañero de fórmula trae perfumes de Paraguay.
La casta no es una ideología. Es una práctica. Y al parecer, en La Libertad Avanza también la practican.



























