El secretario de Finanzas, Federico Furiase, se anotó en el club de los funcionarios libertarios que accedieron a créditos millonarios del Banco Nación con una particularidad que no tiene defensa: la línea era para primera o segunda vivienda, y él ya tenía dos casas. La denuncia la hizo Alejandro Bercovich en C5N: Furiase compró una propiedad de 300 mil dólares en el country Los Pilares, en Pilar, de 200 metros cubiertos sobre un terreno de 880 metros cuadrados, con pileta. El funcionario ya tenía una casa en Ramos Mejía (declarada) y otra propiedad no declarada. O sea, el préstamo fue para la tercera. Cuando el escándalo estalló, Javier Milei salió a defender a los tomadores de crédito con un argumento que merece un premio al despropósito: «¿Eso mató gente?».
El escándalo de los créditos hipotecarios del Banco Nación no para de crecer. Primero fue Felipe Núñez, después Sharif Menem, después los diputados libertarios. Ahora el foco está en Federico Furiase, secretario de Finanzas y uno de los hombres de máxima confianza de Luis Caputo. Y el dato, en este caso, es mucho más comprometedor que los anteriores.
Alejandro Bercovich reveló en C5N que Furiase utilizó un crédito del Banco Nación para comprarse una casa de 300 mil dólares en el country Los Pilares, en Pilar. La propiedad, de 200 metros cubiertos sobre un terreno de 880 metros cuadrados, tiene pileta y está en una de las zonas más caras del conurbano norte. El problema no es el crédito en sí mismo. Es que la línea del Nación era para primera o segunda vivienda. Y Furiase ya tenía dos propiedades.
Según la denuncia de Bercovich, el secretario de Finanzas ya tenía una vivienda en Ramos Mejía (que está en su declaración jurada) y otra propiedad más que no trascendió en los papeles oficiales. O sea, el préstamo fue para la tercera casa. Algo que viola las condiciones de la línea de crédito.
El conflicto de intereses que nadie quiere ver
El rol de Furiase en el sistema financiero argentino no es el de un simple ahorrista. Cuando pidió el crédito, en agosto de 2024, era director del Banco Central. La entidad que regula a todos los bancos, incluido el Nación. Un dato que no es menor y que ya está siendo analizado en Comodoro Py, donde hay denuncias por el rol del BCRA en la aprobación de estos préstamos.
La cronología es reveladora: la tramitación del crédito habría comenzado entre junio y julio de 2025, justo cuando el BCRA liberó las LEFI, una medida que desató una fuerte volatilidad financiera y un descalabro en las tasas de interés. Después de eso, el BCRA endureció la política monetaria con una suba de encajes y las tasas hipotecarias se dispararon.
Furiase, como director del BCRA, era parte de las decisiones que afectaban el costo del crédito para el resto de los argentinos. Mientras tanto, él mismo accedía a una tasa preferencial que hoy sería imposible de conseguir.
El sueldo que no cierra
Además del crédito del Nación por 367 millones de pesos, Furiase ya había tomado un préstamo hipotecario en 2017 en el Banco Ciudad por el equivalente a unos 106 mil dólares. Eso significa que el funcionario tiene espalda para pagar dos créditos hipotecarios al mismo tiempo. Algo que para un asalariado común es sencillamente imposible.
El sueldo de un secretario de Finanzas ronda los 5 millones de pesos brutos. Con eso, pagar cuotas de dos hipotecas de ese tamaño es, como mínimo, una proeza contable. O, como dicen los malpensados, una muestra más de que la casta no es la que ellos denunciaban, sino la que ellos mismos conforman.
La defensa insólita de Milei
Cuando el escándalo empezó a tomar estado público, Javier Milei salió a bancar a los funcionarios con un argumento que merece ser enmarcado en la entrada del Congreso. En una entrevista con el albertista Antonio Aracre, el Presidente preguntó: «Si un funcionario toma un crédito en el Banco Nación, la pregunta es ¿haber tomado ese crédito mató gente? O sea, ¿violenta el derecho a la vida?».
Siguió con su enumeración de valores morales: «Primer punto de nuestros valores morales que definen la moral como política de Estado, no está vulnerado. Vamos al segundo punto: la libertad. ¿Alguien perdió la libertad por eso?. Es decir, vos te podés seguir expresando, podés seguir caminando por tu calle, podés seguir haciendo negocios».
El argumento, que intenta relativizar el escándalo comparándolo con un homicidio, es una muestra más de cómo el gobierno intenta bajar el impacto de las denuncias cambiando el eje del debate. El problema no es que los funcionarios hayan matado a alguien. El problema es que usaron su poder e influencia para acceder a créditos que el resto de los argentinos no pueden ni soñar.
La lista que no para de crecer
Furiase se suma a una lista que ya incluye a Felipe Núñez (director del BICE, 475 millones de pesos), Juan Pablo Carreira (Juan Doe, 112 millones), Santiago Santurio (diputado, 340 millones), Mariano Campero (diputado, 322 millones), Alejandro Bongiovanni (exdirector de la Fundación Libertad, 255 millones) y Lorena Villaverde (diputada, 225 millones).
Todos ellos, defensores a ultranza del ajuste, del libre mercado, de la eliminación del Estado. Todos ellos, beneficiarios de ese mismo Estado al que juran combatir.
La motosierra que cortó para los de siempre
Milei prometió poner la motosierra al gasto público, terminar con la casta, eliminar los privilegios. Sus funcionarios, mientras tanto, se llenaron los bolsillos con créditos a tasa baja del Banco Nación, la misma institución que el Presidente prometió privatizar.
Furiase, que se la pasa explicando en redes sociales los fundamentos macroeconómicos del gobierno, ahora tiene que explicar cómo hizo para conseguir un crédito para su tercera casa. Milei, que justifica todo con que «no mató a nadie», tendría que explicar por qué la casta que juró exterminar resulta ser la que lo rodea.
La motosierra, al final, cortó para los de siempre. Los únicos que no perdieron nada fueron ellos.
Andá, Furiase, seguí explicando las LEFI mientras disfrutás la pileta en tu casa de 300 mil dólares. Andá, Milei, seguí preguntando si mató a alguien. La respuesta es que no, pero la ética no se mide con el mismo termómetro que un homicidio. La casta, al final, no eran los políticos de siempre. Eran ustedes.



























