La autoridad aeronáutica brasileña restringió la expansión de la low cost y, según la información difundida, frenó la comercialización de vuelos hacia Florianópolis, Maceió y Salvador de Bahía. Además, Flybondi deberá demostrar que puede sostener regularmente Buenos Aires-Río de Janeiro para evitar nuevas restricciones desde el 5 de agosto. La decisión llega en medio de una crisis operativa que también provocó reclamos y actuaciones en Argentina.
Flybondi enfrenta un nuevo capítulo de su crisis operativa, pero esta vez la respuesta llegó desde Brasil. La Agencia Nacional de Aviación Civil brasileña (ANAC) adoptó medidas contra la compañía después de detectar un fuerte deterioro en la regularidad de sus operaciones y problemas reiterados en la atención de pasajeros.
De acuerdo con la información conocida este miércoles, la autoridad brasileña prohibió a Flybondi comercializar pasajes para tres destinos que todavía no estaba operando: Florianópolis, Maceió y Salvador de Bahía, rutas que la compañía proyectaba ofrecer desde Buenos Aires y Córdoba durante la temporada de verano.
La medida adquiere mayor gravedad porque la empresa tampoco podrá, mientras permanezca la restricción, ampliar su presencia en Brasil mediante nuevos destinos, frecuencias u operaciones.
El próximo punto crítico será Río de Janeiro. Flybondi deberá acreditar ante la autoridad brasileña que cuenta con capacidad suficiente para operar regularmente la conexión con Buenos Aires. Si no satisface los requerimientos, podría enfrentar desde el 5 de agosto nuevas restricciones sobre la venta de pasajes de esa ruta.
Una crisis marcada por las cancelaciones
La intervención brasileña se produce después de semanas particularmente críticas para la compañía.
Según los datos atribuidos al organismo brasileño, Flybondi habría cancelado el 79% de sus vuelos hacia Brasil entre el 1 y el 27 de julio, un nivel que encendió las alarmas regulatorias.
ANAC dispone de sistemas públicos de información para evaluar los porcentajes de atrasos y cancelaciones por compañía y ruta.
Las irregularidades no comenzaron, sin embargo, con el mercado brasileño.
Durante julio, Flybondi atravesó una severa reducción de sus operaciones en Argentina. Distintas fuentes registraron que la empresa llegó a permanecer varios días sin realizar vuelos comerciales regulares mientras continuaba ofreciendo pasajes.
La compañía comenzó posteriormente a recuperar parte de sus servicios, aunque las cancelaciones y reprogramaciones continuaron afectando a pasajeros.
El cuadro también incluye una reducción importante de la disponibilidad de aeronaves y suspensiones de personal, dentro de un proceso de reorganización de la compañía.
Brasil pone el foco en los pasajeros
Las objeciones brasileñas no se limitarían a determinar cuántos aviones despegan.
Entre los problemas señalados aparecen las diferencias entre los vuelos programados y los efectivamente realizados, dificultades en los canales de atención, demoras o inconvenientes relacionados con reembolsos y reprogramaciones y deficiencias en la asistencia brindada a pasajeros afectados.
La situación llevó al regulador a poner bajo observación la capacidad de Flybondi para mantener una operación estable.
La consecuencia es especialmente delicada para una aerolínea: puede vender solamente aquello que tenga capacidad razonable de operar. La decisión brasileña busca precisamente evitar que continúe aumentando la cantidad de pasajeros expuestos a futuras cancelaciones mientras existen dudas sobre su capacidad operativa.
En Argentina también hubo actuaciones, aunque no una medida equivalente
El título original que presenta la decisión brasileña como producto de una absoluta “inacción de Milei” necesita una precisión.
Es correcto señalar que Argentina no adoptó hasta ahora una prohibición nacional de venta comparable con la medida atribuida al regulador brasileño, pese a la magnitud de la crisis.
Pero no es correcto afirmar que ningún organismo argentino intervino.
En Córdoba, por ejemplo, la Dirección General de Defensa del Consumidor intimó a Flybondi por las cancelaciones y exigió la devolución del dinero a pasajeros afectados. La actuación provincial también dio intervención a la ANAC argentina para evaluar la situación operativa de la empresa.
Por eso, la comparación políticamente más precisa no es decir que en Argentina “nadie hizo nada”, sino señalar la diferencia en la intensidad de las medidas regulatorias adoptadas.
Mientras en Argentina hubo reclamos, intimaciones y actuaciones administrativas, Brasil avanzó —según la información conocida— directamente sobre una herramienta particularmente sensible para cualquier aerolínea: la posibilidad de seguir vendiendo vuelos.
Flybondi, bajo presión a ambos lados de la frontera
La crisis deja a la low cost ante un escenario difícil.
Para conservar y eventualmente ampliar sus operaciones brasileñas deberá demostrar que puede sostener una programación regular, contar con capacidad operacional suficiente y responder adecuadamente ante cancelaciones y cambios.
La situación afecta además la confianza de pasajeros que compran vuelos con meses de anticipación. En una aerolínea que funciona mediante ventas futuras, la imposibilidad de comercializar determinadas rutas puede transformarse rápidamente en un problema financiero además de operativo.
La próxima fecha clave será el 5 de agosto, cuando podría entrar en juego una nueva restricción sobre la conexión Buenos Aires-Río de Janeiro si la empresa no logra acreditar las condiciones exigidas.
Brasil decidió así intervenir antes de que la crisis se profundice sobre sus pasajeros. Y la comparación deja una pregunta incómoda del lado argentino: si una autoridad extranjera considera suficientemente grave la situación de Flybondi como para limitar sus ventas, ¿qué medidas debería adoptar el Estado argentino para proteger a los pasajeros que compran sus pasajes dentro del país?.


























