La Libertad Avanza necesita un candidato competitivo para negociar con el PRO en la Ciudad, pero el casting viene complicado: Adorni quedó fuera de carrera, Bullrich mira la fórmula presidencial y Santilli hace demasiada falta en Provincia. Ahora Karina Milei evalúa a Martín Menem. Cuando faltan candidatos, siempre queda revisar si hay algún Menem disponible.
Karina Milei tiene un problema en la Ciudad de Buenos Aires: quiere sentarse frente a Jorge Macri con una amenaza electoral arriba de la mesa, pero todavía no encuentra a quién sentar en la silla. La Libertad Avanza necesita un candidato que mida, tenga conocimiento público y, fundamentalmente, provoque en el PRO algo más intenso que un bostezo. Después de revisar el inventario, apareció Martín Menem.
No sabemos si fue estrategia electoral o si Karina metió la mano en una galera y salió lo primero que encontró con apellido conocido.
El problema empezó con la caída política de Manuel Adorni, que había sorprendido al PRO con su triunfo porteño en 2025 y se perfilaba como una carta poderosa para disputar o negociar la Ciudad. Sin Adorni disponible, el karinismo descubrió una de las leyes fundamentales de la política: es mucho más sencillo amenazar con un candidato cuando se tiene candidato.
Entonces apareció Diego Santilli.
El Colorado parecía ideal. Conoce la Ciudad, tiene instalación, experiencia electoral y suficiente recorrido como para que Jorge Macri al menos dejara el café sobre la mesa y prestara atención. Pero inmediatamente apareció otro pequeño inconveniente: Santilli hace falta en Provincia.
Sebastián Pareja, el hombre fuerte del karinismo bonaerense, no tendría por ahora el nivel de conocimiento e intención de voto que permita garantizar una competencia cómoda contra el peronismo. Y mandar a Santilli a CABA podría significar dejar la provincia más importante del país en manos de un candidato que todavía necesita ser presentado antes de pedirle el voto a la gente.
Así que el Colorado volvió a cruzar mentalmente la General Paz.
La política libertaria consiguió de esta manera una modalidad novedosa de armado electoral: mover candidatos entre jurisdicciones como si fueran muebles durante una mudanza.
—¿Santilli entra acá?
—Sí, pero queda vacío Provincia.
—Bueno, devolvelo.
—¿Y Menem?
—Probemos al lado de la ventana.
Patricia Bullrich tampoco parece dispuesta a solucionar el problema. Es la dirigente libertaria que mejor mediría entre las alternativas disponibles, pero sus aspiraciones están bastante por encima de administrar bicisendas y discutir el horario de los contenedores. Bullrich apunta como mínimo a acompañar a Milei en una fórmula presidencial y no tendría interés en competir por la Jefatura de Gobierno.
Es decir: la que mide no quiere, el que sirve hace falta en otro lado y los que quieren todavía tienen que medir.
Una maravilla de casting.
También está Pilar Ramírez, referente del karinismo porteño, pero en el propio espacio consideran que todavía no reúne suficiente volumen electoral como para colocar nervioso a Jorge Macri. Porque ese es el verdadero objetivo. La Libertad Avanza no necesariamente necesita anunciar mañana al próximo jefe de Gobierno: necesita conseguir alguien que Jorge Macri crea que podría serlo.
La candidatura funciona primero como arma de negociación y después, eventualmente, como candidatura.
Y ahí apareció Martín Menem.
Presidente de la Cámara de Diputados, riojano de nacimiento y residente en Buenos Aires desde hace más de tres décadas, Menem podría acreditar domicilio porteño y reunir las condiciones necesarias para competir. El requisito territorial, por lo menos, estaría encaminado. Después habrá que resolver esa nimiedad que en política suele aparecer sobre el final: conseguir votos.
Pero tiene algo que ningún focus group necesita explicar demasiado: apellido.
Menem.
Treinta años después, la política argentina sigue pudiendo abrir un armario y encontrar uno.
El apellido tiene además una resonancia particularmente exquisita dentro de un espacio que llegó prometiendo terminar con “la casta”. Martín Menem ya ocupa la presidencia de Diputados, Eduardo “Lule” Menem integra el círculo político de confianza de Karina y ahora Martín podría transformarse en candidato porteño. La lucha contra las familias tradicionales de la política argentina avanza satisfactoriamente, especialmente para algunas familias tradicionales de la política argentina.
No es nepotismo: es reciclaje histórico.
Mientras tanto, Jorge Macri observa el casting desde la Jefatura de Gobierno. El dirigente del PRO estaría abierto a negociar una fórmula conjunta con los libertarios, pero cualquier negociación depende de cuánto daño pueda hacer cada parte si decide competir por separado. Y ahí está el drama de Karina: para exigir una porción grande de la torta primero necesita demostrar que tiene dientes.
Por eso cada nombre que aparece funciona también como mensaje para el macrismo.
Adorni podía competir.
Santilli podía competir.
Bullrich podría competir, pero no quiere.
Pilar quiere, pero todavía no asusta.
Entonces: Menem.
Si tampoco funciona, probablemente la próxima reunión del karinismo porteño incluya guía telefónica.
El problema se vuelve todavía más interesante porque Santilli y Cristian Ritondo vienen fortaleciendo su estructura en Provincia, con movimientos en delegaciones de organismos nacionales como PAMI y ANSES. Eso aumenta el valor territorial del Colorado precisamente cuando Karina necesita conservar una figura competitiva para enfrentar al peronismo bonaerense.
Moverlo a Capital sería algo parecido a sacar al único matafuegos del living para llevarlo a una habitación donde todavía no empezó el incendio.
Así llegamos a Martín Menem, el candidato que por ahora cumple con una condición fundamental: está disponible para ser mencionado.
Todavía falta saber cuánto mide, qué nivel de competitividad tendría frente a Jorge Macri, cómo reaccionaría el electorado porteño y si finalmente la amenaza se convierte en candidatura real o queda como instrumento para negociar lugares con el PRO.
Pero la maquinaria ya está funcionando.
Karina necesita alguien que asuste a Jorge Macri y sigue revolviendo la galera libertaria buscando una figura suficientemente grande. Primero salió Santilli, pero hubo que devolverlo porque hacía falta en Provincia. Bullrich directamente se negó a entrar. Pilar Ramírez todavía necesita crecer.
Y entonces apareció Martín Menem.
La Libertad Avanza todavía no sabe quién puede quedarse con la Ciudad, pero al menos confirmó algo fundamental para la renovación política argentina: cuando todo lo demás falla, siempre queda algún Menem.


























