La inversión volvió a retroceder en junio y cerró la primera mitad de 2026 en terreno negativo. Según el relevamiento de Orlando J. Ferreres & Asociados, la Inversión Bruta Interna Mensual cayó 6,2% interanual durante junio y acumuló una contracción del 7,6% en los primeros seis meses del año. El deterioro fue especialmente fuerte en maquinaria y equipos, una de las variables que permiten anticipar la capacidad futura de producción de la economía.
Medida en dólares, la inversión alcanzó unos USD 7.464 millones durante junio y representó el 17,2% del Producto Bruto Interno (PBI) en términos desestacionalizados. El propio informe privado reconoce que los niveles continúan siendo bajos y que todavía no aparecen señales claras de una recuperación sostenida.
Los números contrastan con uno de los argumentos centrales del programa económico del gobierno de Javier Milei: que el ordenamiento fiscal, la desregulación, la apertura de la economía y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) generarían las condiciones para un salto de la inversión privada. Al menos durante la primera mitad de 2026, ese despegue todavía no aparece en los indicadores agregados.
Maquinaria y equipos, el dato más preocupante
La mayor caída se produjo en maquinaria y equipo, donde la inversión retrocedió 11,2% frente a junio de 2025. La contracción alcanzó tanto a los bienes provenientes del exterior como a los fabricados en Argentina.
La adquisición de maquinaria importada cayó 12,7% interanual, mientras que la inversión en equipos nacionales disminuyó 9,5%.
El dato resulta especialmente relevante porque la inversión en bienes de capital está directamente relacionada con la ampliación y modernización de la capacidad productiva. Cuando una empresa posterga la compra de una máquina, una línea de producción o nuevos equipos, no solamente reduce su gasto presente: también puede limitar su capacidad para producir, incorporar tecnología y generar empleo en el futuro.
La construcción mostró una situación diferente. Durante junio avanzó apenas 0,4% interanual, aunque todavía acumula una caída del 1,7% durante 2026. El pequeño crecimiento mensual, por lo tanto, todavía no alcanza para revertir el retroceso de la primera mitad del año.
El diagnóstico de Ferreres es contundente: “al promediar el año en curso la inversión sigue marchando a niveles muy bajos, y no se ven aún señales claras que inviten a pensar en una recuperación”.
Algunos indicadores puntuales ofrecieron una señal diferente. La construcción y el patentamiento de vehículos comerciales pesados registraron resultados positivos durante junio. Sin embargo, esos movimientos todavía no alcanzan para modificar el cuadro general.
El RIGI todavía no mueve la aguja
Una parte importante de las expectativas oficiales está depositada en las grandes inversiones asociadas al RIGI, especialmente en energía, minería e infraestructura.
El problema es el tiempo.
Los anuncios de proyectos multimillonarios no necesariamente se convierten inmediatamente en inversión ejecutada. Entre la presentación de un proyecto, su aprobación, el financiamiento, la construcción de infraestructura y el desembolso efectivo pueden transcurrir meses o incluso años.
El propio informe de Ferreres considera que las inversiones relacionadas con el RIGI podrían modificar la tendencia, aunque introduce una advertencia importante: “los plazos y cronogramas de estas inversiones son flexibles, sujetos a cierta discrecionalidad”.
La diferencia entre inversión anunciada e inversión efectivamente realizada resulta central para interpretar los números. Mientras el Gobierno exhibe proyectos y compromisos de largo plazo como prueba de confianza empresarial, el indicador que mide la inversión que efectivamente está ocurriendo muestra una realidad mucho más débil: se invierte menos que hace un año.
Además, la composición del fenómeno plantea otro interrogante. Buena parte de los grandes proyectos anunciados se concentra en hidrocarburos, minería y actividades exportadoras, mientras numerosas ramas manufactureras vinculadas al mercado interno enfrentan caída de ventas, capacidad instalada ociosa y dificultades para financiar nuevas inversiones.
Así, incluso una eventual aceleración de los desembolsos asociados al RIGI no garantiza por sí misma una recuperación homogénea de la inversión en toda la economía.
Mientras cae la inversión, Economía vuelve al mercado de deuda
En paralelo con los datos sobre inversión productiva, el Ministerio de Economía realizó la segunda licitación de deuda de julio.
La Secretaría de Finanzas enfrentaba vencimientos por $8,5 billones y recibió ofertas por $13,98 billones, de las cuales adjudicó $12,21 billones. Según informó oficialmente la cartera económica, el resultado implicó un rollover del 144,53% de los compromisos que vencían.
El Tesoro también consiguió USD 309 millones mediante la colocación del bono AO29, con una tasa interna de retorno efectiva anual (TIREA) del 8,33% y una TNA del 8,02%.
El instrumento de mayor demanda fue el bono TAMAR/dólar linked con vencimiento en 2028, mediante el cual se colocaron unos $4,72 billones.
Felipe Núñez, director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y asesor económico de Luis Caputo, señaló que la operación permitió extender la duración promedio de la cartera en 0,92 años y trasladar aproximadamente $5,5 billones de vencimientos hacia 2028.
La licitación permite al Gobierno despejar compromisos financieros inmediatos, pero pertenece a una dimensión diferente del problema económico: conseguir financiamiento para el Tesoro no equivale a generar inversión productiva.
El desafío detrás del 6,2%
La caída de junio adquiere mayor relevancia porque no constituye un movimiento aislado. Con una contracción acumulada del 7,6% durante el primer semestre, la inversión continúa mostrando dificultades para transformarse en uno de los motores de la economía.
La cuestión tampoco pasa únicamente por cuánto dinero se invierte. Importa dónde se invierte, qué sectores reciben esos recursos, cuántos empleos generan y cuánto de ese capital se destina a ampliar la capacidad productiva.
El Gobierno apuesta a que los proyectos energéticos, mineros y de infraestructura asociados al RIGI terminen modificando los números durante los próximos meses. Ferreres también contempla una desaceleración de la caída y una eventual recuperación paulatina.
Por ahora, sin embargo, la fotografía disponible es otra: la inversión real cayó 6,2% en junio, maquinaria y equipos retrocedieron 11,2% y el primer semestre terminó con una contracción acumulada del 7,6%.
La prometida lluvia de inversiones puede estar en los anuncios y en los proyectos futuros. En los números de la economía real, todavía no empezó a llover.


























