Israel lanzó la ofensiva más intensa desde la tregua y dejó al menos 28 civiles muertos en Gaza, entre ellos niñas y mujeres. Desde 2023, la guerra ya supera los 71.000 palestinos asesinados, según datos aceptados por la ONU.
Al menos 28 personas murieron en la Franja de Gaza el 31 de enero de 2026 como consecuencia de una nueva oleada de ataques aéreos israelíes, la más intensa desde el inicio de la segunda fase del alto el fuego acordado en octubre pasado entre Israel y Hamás, con mediación de Estados Unidos.

El padre de las tres chicas de la familia Al Atbash llora desconsolado su muerte.
Según la Defensa Civil de Gaza, entre las víctimas se encuentran niños y mujeres, y varios ataques impactaron zonas residenciales, campamentos de personas desplazadas, tiendas de campaña y edificios de departamentos, especialmente en Jan Yunis y la ciudad de Gaza. En uno de los bombardeos, helicópteros artillados alcanzaron una carpa que albergaba a familias desplazadas por la ofensiva militar en curso.
Las autoridades sanitarias locales informaron que siete de las víctimas pertenecían a una misma familia desplazada, mientras que el hospital Al Shifa confirmó la muerte de tres niños y dos mujeres tras un ataque aéreo sobre un edificio de viviendas.
El Ejército israelí confirmó los bombardeos y sostuvo que se trató de una respuesta a una presunta violación del alto el fuego por parte de Hamás, alegando la detección de combatientes saliendo de infraestructura subterránea en el este de Rafah. Según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), los ataques se dirigieron contra objetivos militares, incluyendo supuestos comandantes, depósitos de armas y bases de lanzamiento.
Sin embargo, las consecuencias materiales y humanas registradas sobre el terreno muestran que los ataques afectaron de manera directa a población civil, en un contexto donde más de dos millones de personas viven desplazadas, sin acceso pleno a agua potable, electricidad, atención médica ni alimentos suficientes.
Hamás condenó los bombardeos y acusó a Israel de violar sistemáticamente el alto el fuego, calificando la ofensiva como parte de una política de destrucción sostenida sobre la población palestina. También instó a Estados Unidos —garante del acuerdo— a intervenir de manera inmediata.
Desde Egipto, país que controla junto a Israel el paso fronterizo de Rafah, el Ministerio de Asuntos Exteriores expresó su condena a los ataques y llamó a las partes a “actuar con la máxima moderación”, en momentos en que se preveía la reapertura parcial del cruce fronterizo.
Datos duros que explican el contexto
La actual guerra comenzó tras el ataque del 7 de octubre de 2023 en el sur de Israel, donde murieron unas 1.200 personas y 251 fueron tomadas como rehenes. Desde entonces, la respuesta militar israelí sobre Gaza ha provocado, según el Ministerio de Salud de Gaza, más de 71.660 muertes palestinas.
Desde la entrada en vigor del alto el fuego el 10 de octubre de 2025, al menos 509 palestinos han muerto, además de cuatro soldados israelíes. Aunque Israel ha cuestionado históricamente estas cifras, fuentes de seguridad israelíes citadas por medios locales reconocen que el número de muertos palestinos supera los 70.000.
Las cifras del Ministerio de Salud de Gaza son consideradas fiables por la ONU y organizaciones internacionales de derechos humanos, y han sido ampliamente utilizadas por organismos humanitarios. Israel, por su parte, no permite el ingreso de periodistas internacionales a Gaza, lo que impide la verificación independiente in situ.
Más allá del relato de “enfrentamiento”
La reiteración de ataques sobre población civil, en un territorio sitiado, densamente poblado y con infraestructura colapsada, plantea cuestiones centrales de derecho internacional humanitario: proporcionalidad del uso de la fuerza, protección de civiles y responsabilidad estatal.
Desde una perspectiva antifascista y antirracista, el tratamiento de Gaza como zona sacrificable, donde la muerte civil se vuelve estadística tolerable, revela una jerarquización racializada de las vidas en el orden global. La impunidad sostenida, la asimetría militar extrema y la normalización del castigo colectivo no son “excesos de guerra”: son decisiones políticas.
Mientras continúan los llamados a la “moderación”, los cuerpos siguen apareciendo bajo los escombros. Y el alto el fuego, en Gaza, vuelve a demostrar que no es sinónimo de paz cuando no hay justicia, ni garantías reales de vida para la población civil.
InfoNegro
Verdad sin concesiones.



























