Con el respaldo de 40 países, el presidente de Ghana, John Dramani Mahama, presentará la iniciativa ante Naciones Unidas en marzo. Busca que la trata transatlántica de personas esclavizadas sea reconocida como el mayor crimen contra la humanidad, sentando las bases para futuras reparaciones. La propuesta reabre debates incómodos: el papel de las potencias occidentales, la participación de élites africanas, la comparación con otros genocidios y la pregunta sobre qué hacer con el pasado sin descuidar el presente.
Buenos Aires, 28 de febrero de 2026 – Cuatrocientos años de historia condensados en una cifra: más de 15 millones de personas. Hombres, mujeres y niños arrancados de sus tierras, encadenados en barracones, hacinados en barcos, vendidos como mercancía. Entre 1,5 y 2 millones murieron durante la travesía. Sus cuerpos, arrojados por la borda, alimentaron el Atlántico mientras Europa y América construían sus fortunas.
El próximo marzo, esa historia podría dar un paso hacia su reconocimiento formal. El presidente de Ghana, John Dramani Mahama, presentará ante la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución respaldada por 40 países de la Unión Africana que busca declarar la esclavitud transatlántica como «el crimen más grave contra la humanidad» .
La base de la iniciativa: verdad histórica y obligación moral
Mahama, quien ya había expuesto la postura africana ante la ONU en septiembre de 2025, sostiene que la iniciativa se apoya en «una sólida base jurídica» y una «obligación moral innegable» . No se trata, dice, de establecer sumas de dinero en esta primera etapa, sino de lograr un reconocimiento histórico. Las reparaciones, afirma, vendrán después, entendidas como «instrumentos con visión de futuro y vinculados al desarrollo» .
Kojo Asante, experto en derechos humanos del Centro para el Desarrollo Democrático de Ghana (CDD-Ghana), respalda la propuesta. En diálogo con DW, señaló que la trata transatlántica «marcó profundamente a los países afectados, con consecuencias que aún se sienten» y que «durante mucho tiempo, los Estados han luchado por el reconocimiento y, al menos, una disculpa de los perpetradores» .
El nudo del debate: resistencias en Occidente y el fantasma de la comparación
La iniciativa enfrenta obstáculos previsibles. Asante advierte sobre un «creciente contramovimiento, particularmente en círculos ultraconservadores de Estados Unidos» . En el marco de la política de seguridad nacional de Donald Trump, el argumento recurrente es que «la gente no quiere rendir cuentas por las acciones de sus antepasados» .
Pero la resistencia también viene de otro lado. Cuando Mahama afirmó que «no ha habido mayor injusticia contra la humanidad en la historia reciente que la trata de personas esclavizadas», surgió la pregunta inevitable: ¿esto relativiza otros crímenes históricos, como el Holocausto?
Asante rechaza la comparación. No se trata, dice, de «jerarquizar las atrocidades históricas», sino de reconocer la trata transatlántica por lo que fue: «una práctica profundamente inhumana con consecuencias globales». Los efectos persistentes del racismo, argumenta, demuestran la relevancia de este capítulo de la historia. «Lo crucial es el reconocimiento y la lección de que tales crímenes no deben repetirse jamás».
La historia completa: el rol de las élites africanas
Mahama insiste en que la verdad debe ser «contada completa». Y eso incluye un capítulo incómodo para el propio continente: la participación de reinos, comerciantes y élites africanas que capturaban y vendían a otros africanos a los traficantes europeos.
Los historiadores estiman que una gran proporción de las personas esclavizadas fueron capturadas por otros africanos. Existían formas de esclavitud en las sociedades del continente incluso antes del comercio transatlántico. Asante reconoce que «esta historia también debe reconocerse, ya que tuvo consecuencias sociales y económicas».
Sin embargo, argumenta que el comercio transatlántico fue distinto por su escala y sus repercusiones globales. No se trató solo de una práctica local, sino de un engranaje que moldeó economías enteras, consolidó el racismo como estructura de poder y sentó las bases del orden mundial actual.
El foco en el presente: la juventud y la gobernanza
La iniciativa, según Asante, ha encontrado eco especialmente entre los jóvenes ghaneses interesados en la historia. Pero también lanza una advertencia: «La justicia histórica es importante, pero lo decisivo es lo que las élites políticas hacen con su poder hoy». Muchos problemas en los Estados africanos, señala, «son de origen local y no pueden atribuirse únicamente a las potencias coloniales».
El desafío, entonces, es doble: lograr que el mundo reconozca el horror del pasado sin que ese reconocimiento se convierta en una excusa para evadir las responsabilidades del presente.
Lo que viene
La resolución que Mahama presentará en marzo es solo un primer paso. Si logra el respaldo necesario, abrirá la puerta a debates más complejos: disculpas oficiales, comisiones de verdad, mecanismos de reparación. Pero también pondrá a prueba la voluntad de las potencias que durante siglos se beneficiaron de la trata de personas.
Mientras tanto, en Ghana, en Salaga, un relieve esculpido en piedra recuerda lo que fue: figuras encadenadas, cuerpos doblados, miradas que miran a ninguna parte. La historia no se puede cambiar. Pero cómo se cuenta, quién la cuenta y qué se hace con ella, eso aún está en disputa.
📍 Quince millones de personas arrancadas de su tierra, dos millones muertas en el océano, cuatrocientos años de historia. La Unión Africana pide que la ONU lo reconozca como el crimen más grave contra la humanidad. No se trata de abrir una competencia de horrores, dicen sus impulsores, sino de admitir que el racismo, la desigualdad y el orden mundial actual no se entienden sin ese capítulo. La pregunta es si el mundo está dispuesto a escuchar.




























