Un 62,8% de la sociedad desconfía por igual de Milei y de la CGT: la central obrera convocó al paro que le pidieron hace tres meses, pero lo hizo sin movilización, sin entusiasmo y con los sectores más combativos reclamando que sea indefinido. Maturano propone parar hasta que “se arreglen los políticos”. La pregunta es: ¿alguien sigue creyendo que esto va en serio?.
Hay que reconocerlo: la CGT tiene timing. Siempre llega cuando la torta ya se enfrió, cuando el café está lavado, cuando el debate ya pasó por el Senado y los diputados ya tienen los votos contados. Este lunes, con la presión de los gremios combativos haciéndoles peso en la nuca y una encuesta en la mano que muestra que nadie les cree ni a ellos ni al gobierno, los triunviros se conectaron por Zoom —sí, Zoom, la herramienta de las reuniones que no requieren presencia física ni compromiso corporal— y resolvieron convocar a un paro nacional para el día que se trate la reforma en Diputados .
La medida incluye el apoyo total del transporte —colectivos, trenes, subtes, taxis, aviones—, lo que garantiza que el jueves 19, si todo sale según lo previsto, el país se pare . Pero no habrá movilización al Congreso. La CGT convocó a un paro «sin marcha», una especie de huelga light, de esas que no generan imágenes para la televisión pero sí dolores de cabeza para el que necesita llegar al trabajo .
LA ENCUESTA QUE LO EXPLICA TODO
Analogías salió con un estudio que debería preocupar a propios y ajenos: analizaron 314 notas en medios y miles de publicaciones en redes, y detectaron que el 62,8% de la gente expresa un sentimiento de «desconfianza generalizada» frente a las posiciones en pugna . Eso es más que la comunidad oficialista (45,2%) y que la sindical/peronista (38,7%). Traducción: la sociedad mira el ring y ve dos pesos pesados bailando sin tocarse, mientras ella paga la entrada.
Lo más interesante es lo que el estudio señala sobre la propia comunidad sindical: «Se observan señales incipientes de autocrítica sindical dentro de la propia comunidad» . Eso significa que hasta los propios trabajadores empiezan a preguntarse si sus dirigentes no estarán más preocupados por salvar la cuota solidaria —esa que Maturano dice que a él no le interesa pero que a otros sí— que por frenar el desguace de derechos.
MATURANO, EL LOCO QUE QUIERE ROMPER TODO
Omar Maturano, el maquinista de La Fraternidad, es la voz que grita en el desierto sindical. Viene pidiendo desde enero un paro por tiempo indeterminado . Esta vez lo repitió: «La única manera de que el Gobierno dé marcha atrás sería convocar a un paro por tiempo indeterminado. Que después ellos —los gobernadores, el Presidente, los políticos— se arreglen; ya no es nuestro problema» .
Maturano tiene un punto: si el país se para por tiempo indeterminado, el problema deja de ser del laburante que no llega a fin de mes y pasa a ser de la dirigencia que no puede gobernar. «Para los trabajadores es igual: si llega fin de mes y no le pagan, o le pagan en cuotas», sentenció . La frase es brutalmente lógica: el que ya vive con lo justo, no distingue entre un paro de 24 horas y una crisis terminal. Ya está en crisis terminal.
Pero la CGT no escucha. O escucha pero no quiere. El paro sin movilización es una señal de que la conducción —esa que negoció a escondidas para salvar el financiamiento sindical— sigue pensando que el conflicto se resuelve con fotos y comunicados, no con gente en la calle .
LO QUE VIENE
El Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), que integran UOM, Aceiteros, ATE y las dos CTA, ya anunció que ellos sí van a movilizar al Congreso el jueves . La izquierda, los piqueteros y los gremios combativos también prometen calles . La CGT, mientras tanto, se queda en sus cuarteles de invierno, confiando en que el transporte parado baste para mostrar el poder de fuego.
Pero el dato de la encuesta no miente: la sociedad desconfía. No cree en Milei, pero tampoco cree en la CGT. Y cuando la desconfianza es generalizada, el único que gana es el que tiene el micrófono más grande. Hoy lo tiene el Gobierno, que ya avisó que el artículo 44 —ese que recorta las licencias por enfermedad al 50%— lo van a modificar por decreto reglamentario para evitar que la sangre llegue al río .
La CGT convocó al paro. El transporte para. Maturano pide indefinido. Los combativos marchan. La sociedad desconfía. El gobierno ajusta.
Cada uno hace lo que puede. El problema es que los que deberían estar en la misma vereda, hace rato que miran para distintos lados. Y mientras tanto, la reforma avanza.
La pregunta ya no es si el paro va a ser contundente. La pregunta es si a alguien le importa. Porque cuando la desconfianza llega al 62%, el único que gana es el que sigue hablando. Y hoy, el micrófono lo tiene el poder.



























