El jueves hay debate por la reforma laboral en Diputados. Y mientras los gremios afilan las uñas y los jubilados calientan las palmas, el Ministerio de Seguridad Nacional sacó un comunicado que, en lugar de garantizar cobertura, parece un guion de película de la dictadura pero con tuits.
Bajo el argumento de «preservar la integridad» de los trabajadores de prensa, la cartera que conduce Alejandra Monteoliva delimitó una zona exclusiva para móviles sobre Avenida Hipólito Yrigoyen al 1700. Hasta ahí, podría sonar a orden y protocolo. Pero el diablo, como siempre, está en los detalles.
«Nuestras Fuerzas actuarán»
El comunicado sugiere que los periodistas eviten ubicarse entre «eventuales focos violentos» y el personal de seguridad. Y advierte: si las recomendaciones «no se acatan», será considerado una «autopuesta en peligro». Traducción al criollo: si te pasa algo, fue culpa tuya por estar donde no debías. Ah, y cierra con un «Nuestras Fuerzas actuarán» que más que advertencia parece amenaza de ajuste de cuentas.
El texto, que difundió el propio Ministerio en sus redes, fue interpretado por amplios sectores del periodismo como un mensaje intimidatorio. Y no es para menos: condiciona la cobertura, delimita dónde se puede y dónde no se puede estar, y anticipa un escenario donde la fuerza pública va a «actuar» contra… ¿contra quién? ¿Contra los violentos? ¿O contra los que registren a los violentos?
El antecedente que pesa
La medida llega cuando está por cumplirse un año de la agresión al fotógrafo Pablo Grillo. Para el que no se acuerda: Grillo fue herido mientras cubría una movilización en la misma zona. Un año después, el gobierno de Javier Milei, que se autoproclama defensor de la libertad, emite disposiciones que en la práctica cercenan la libertad de expresión y buscan condicionar el registro de posibles excesos.
Porque claro: si los periodistas están confinados a una zona, lejos de los «eventuales focos de violencia», ¿quién va a filmar si a un manifestante le parten la cabeza? ¿El dron oficial? ¿El teléfono de un funcionario?
Las críticas que llueven
En redes sociales y ámbitos sindicales, las críticas no tardaron en multiplicarse. Desde el Sindicato de Prensa ya adelantaron que van a desconocer la medida y que los trabajadores van a cubrir desde donde consideren necesario. Porque el oficio no se ejerce con el culo pegado a una zona de estacionamiento, sino yendo al conflicto, viendo los ojos de los que protestan y los garrotes de los que reprimen.
El comunicado, que en su versión oficial suena a «cuidamos a los periodistas», en los hechos es una mordaza con forma de mapa. Una forma de decir: «Ustedes quédense allá, que acá nosotros nos encargamos». Y cuando el Estado te dice «nos encargamos», en la historia argentina reciente suele significar «no miren».
Lo que viene
El jueves, el Congreso va a ser una olla a presión. La reforma laboral no es cualquier cosa: es ajuste, es flexibilización, es pérdida de derechos. Los que van a marchar no son «violentos» en su mayoría, son laburantes que defienden el pan. Pero en el comunicado del Ministerio no se habla de garantizar el derecho a protestar, se habla de «focos de violencia» y de «actuación de las fuerzas».
Y mientras tanto, los periodistas, esos a los que el gobierno dice defender cuando le conviene, van a tener que elegir entre acatar la zona delimitada (y perderse la noticia) o saltarse la valla (y arriesgarse a que las fuerzas «actúen» contra ellos).
Redoblante
Lo más patético de todo es que el gobierno de Milei, que se la pasa twitteando contra «la casta periodística» y «los medios hegemónicos», ahora sale con un comunicado que parece sacado del manual de la misma casta que dicen combatir. Porque al final, cuando el poder se siente acorralado, lo primero que hace es tratar de controlar la imagen. Y la imagen, en este siglo, la llevan los periodistas con un celular o una cámara.
El fotógrafo Pablo Grillo no pudo cubrir la nota de hace un año porque estaba herido. El jueves, varios compañeros suyos van a estar en la misma zona, con el mismo riesgo, pero con un plus: ahora el gobierno ya avisó que «las fuerzas actuarán». Como si hiciera falta decirlo. Como si no lo supiéramos.
Qué duro que viene el 2026, y recién estamos en febrero.



























