La diputada libertaria apuntó contra Patricia Bullrich y avaló versiones de una supuesta operación política. El propio Javier Milei salió a respaldarla públicamente. El cruce tensiona la relación con el PRO en un momento clave para el Gobierno en el Congreso.
La interna del oficialismo volvió a estallar, esta vez en redes sociales, y con efectos que ya empiezan a sentirse en la política real.
La diputada Lilia Lemoine lanzó una serie de mensajes contra Patricia Bullrich en los que abonó la idea de una supuesta maniobra política para amplificar el escándalo que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

El punto de partida fue un tuit que Lemoine decidió amplificar: allí se hablaba de una “Operación Bullrich” detrás de la difusión de información sobre el patrimonio de Adorni. La legisladora no solo lo replicó, sino que sumó mensajes propios con tono irónico y despectivo hacia la ministra, a la que vinculó con sectores del macrismo.
La reacción no tardó en escalar.
Lejos de desactivar el conflicto, el propio Javier Milei decidió respaldar públicamente a Lemoine. En un mensaje en redes, defendió su postura y cuestionó a los medios por, según su visión, intentar “ensuciar” al espacio libertario con voces que no forman parte del oficialismo.
El respaldo presidencial no es un dato menor. Convierte lo que podría haber quedado en una pelea marginal en una señal política clara: la interna no solo existe, sino que se expone sin filtros.
Y el momento elegido tampoco es casual.

El cruce llega pocos días después de que el entorno de Karina Milei escenificara un acercamiento con Bullrich, en medio de negociaciones más amplias para sostener acuerdos legislativos. Esa imagen de convivencia duró poco. La intervención de Lemoine vuelve a tensar un vínculo que el Gobierno necesita, especialmente en el Congreso.
Porque mientras en redes se acumulan acusaciones, en Diputados el oficialismo intenta avanzar con proyectos clave, como la eliminación de las PASO, donde depende en gran medida del acompañamiento del PRO.
Ahí es donde el ruido deja de ser anecdótico.
Dentro del propio oficialismo reconocen que este tipo de intervenciones complica el armado político. Algunos dirigentes libertarios admiten en privado que las declaraciones de Lemoine generan un efecto contrario al buscado: en lugar de consolidar apoyos, los erosionan.
El problema no es solo el contenido, sino la forma.
En un espacio donde la comunicación digital es central, los mensajes no quedan encapsulados. Impactan directamente en las relaciones políticas, en las negociaciones y en la construcción de mayorías.
La ofensiva de Lemoine no se limitó a Bullrich. También dejó comentarios sobre dirigentes del PRO como Diego Santilli, en una discusión que volvió a poner en evidencia la fragilidad de los acuerdos dentro del oficialismo ampliado.
En ese contexto, el caso Adorni funciona como telón de fondo.
Las dudas sobre su situación patrimonial y los viajes de su entorno familiar ya generaban incomodidad en el Gobierno. La irrupción de teorías de conspiración dentro del propio espacio oficialista no hace más que amplificar el problema.
La escena es clara: mientras el Gobierno intenta ordenar su agenda legislativa y sostener alianzas, parte de su propio espacio dinamita esos vínculos desde adentro.
Y en política, esas tensiones no suelen quedar en redes.
Terminan en el Congreso.



























