Representantes de Javier Milei en el parlamento regional resisten la línea oficial sobre Venezuela y exponen diferencias con la Cancillería. La falta de viáticos y la ausencia de conducción política dejan al descubierto fisuras dentro del oficialismo.
Mercado, libertad, Estado mínimo. La doctrina libertaria suena prolija en los manuales. Pero cuando esa libertad la ejercen los propios representantes del oficialismo, el Estado —en este caso, la Cancillería— aparece para ordenar. O al menos lo intenta.
Un grupo de parlamentarios libertarios del Parlasur decidió no alinearse con la postura impulsada por el canciller Pablo Quirno respecto del rechazo al eventual regreso de Venezuela al organismo regional. No fue un desacuerdo técnico ni un matiz diplomático. Fue otra cosa: una desobediencia política en un tema de política exterior.
La tensión no es nueva. Esta vez, simplemente, se hizo visible.
La queja que incomoda
Según relataron participantes de las reuniones convocadas desde Cancillería, los legisladores plantearon un reclamo directo: la falta de viáticos y cobertura de gastos para cumplir sus funciones.
“No nos pagan los viáticos, pero nos dan órdenes”.
La frase no es solo una queja. Es una síntesis. Un gobierno que exige alineamiento político mientras recorta condiciones básicas para ejercer representación.

Venezuela como detonante
El conflicto se activa en torno a Venezuela, suspendida del Mercosur desde 2017 tras la aplicación de la cláusula democrática.
Pero el escenario regional empezó a moverse. Brasil, Uruguay y Paraguay han dado señales de revisar posiciones en distintos momentos. Argentina, en cambio, se mantiene rígida.
Ahí aparece la grieta interna: no todos dentro del oficialismo están dispuestos a sostener esa postura sin discusión.
Más que diplomacia
Detrás del debate formal, distintas fuentes políticas mencionan factores menos declarados: energía, mercado y posicionamiento regional.
Las reservas de Venezuela y el peso estratégico de Vaca Muerta no son variables menores. Cuando esos intereses entran en juego, la retórica sobre valores empieza a tensionarse.
Una interna que se vuelve visible
Desde Cancillería se intentó ordenar la posición del bloque. Hubo reuniones, llamados, alineamiento buscado.
Pero la respuesta no fue homogénea.
Y eso es lo que queda expuesto: no es solo una diferencia puntual. Es una interna que empieza a filtrarse en la política exterior. Porque cuando legisladores propios desobedecen en un tema internacional, el problema deja de ser diplomático. Pasa a ser político.
El Parlasur vuelve a sesionar con una escena que el gobierno no puede ocultar: Cancillería da órdenes, sus propios representantes las discuten.
La imagen es clara. Un oficialismo que busca disciplina hacia afuera, pero no logra imponerla hacia adentro.
Y en el medio, una frase que explica más que cualquier documento diplomático: no hay viáticos, pero sí órdenes.



























