Lo que el Carnaval de Río no dejó morir: Rita Lee, Carolina de Jesus y el candomblé

En la segunda noche del Carnaval 2026, las escuelas de samba convirtieron el Sambódromo en un archivo de la memoria prohibida. Homenajearon a una rockera que enfrentó a la dictadura, a una escritora que narró el hambre desde la favela y a los dioses africanos que la Iglesia y el Estado nunca pudieron exterminar. Una crónica desde la Argentina, que también sabe de olvidos.

Hay algo que los manuales de turismo no cuentan sobre el Carnaval de Río. Algo que no aparece en las postales ni en los paquetes de viaje. Algo que las cámaras de televisión capturan de refilón, entre destello y destello, sin detenerse demasiado. Y es que el samba no es solo ritmo: es archivo. Es memoria. Es el lugar donde Brasil guarda lo que la historia oficial prefiere enterrar.

La segunda noche de desfiles del Grupo Especial en el Sambódromo fue una lección de eso. Mientras el mundo miraba plumas, lentejuelas y sonrisas de propaganda, las escuelas de samba estaban diciendo algo más. Estaban diciendo que este país no se entiende sin las mujeres que se negaron a callar. Estaban diciendo que la dictadura militar, que gobernó Brasil con mano de hierro entre 1964 y 1985, no pudo con una pelirroja de guitarra eléctrica. Estaban diciendo que la favela, con todo su hambre y su violencia, parió a una escritora que puso al descubierto las tripas de la desigualdad. Estaban diciendo que los dioses africanos, perseguidos durante siglos, siguen bailando.

CAROLINA MARIA DE JESUS: LA VOZ QUE BROTÓ DE LA BASURA

Nació el 14 de marzo de 1914 en Sacramento, Minas Gerais, hija de padres negros y pobres, nieta de esclavos . Tuvo apenas dos años de educación formal, los suficientes para aprender a leer y escribir y desarrollar un gusto por la literatura que nunca la abandonaría . En 1937, después de la muerte de su madre, migró a São Paulo. Diez años después, en 1947, desempleada y embarazada, se instaló en la favela do Canindé, una de las primeras que surgían en la ciudad, a orillas del río Tietê .

Allí construyó su propia casa con madera, lata, cartón y cualquier material que pudiera encontrar. Para alimentar a sus tres hijos —João José, José Carlos y Vera Eunice— salía todas las noches a recolectar papel por las calles de São Paulo . Pero Carolina hacía algo más mientras caminaba entre la basura: recolectaba también cuadernos, hojas sueltas, lápices. Y en esos cuadernos, en las madrugadas después de jornadas interminables, escribía.

Escribía diarios, poemas, ficción. Escribía sobre el hambre, sobre la violencia, sobre la humillación cotidiana de ser negra, pobre y mujer en la mayor ciudad de Brasil. «La fome é uma nova escravidão», anotó en uno de esos cuadernos . Y también: «Quando estou na cidade tenho a impressão que estou na sala de visita com seus lustres de cristais, seus tapetes de ‘viludos’, almofadas de ‘sitim’. E quando estou na favela tenho a impressão que sou um objeto fora de uso, digno de estar num quarto de despejo» .

En 1958, el jornalista Audálio Dantas visitó la favela para hacer una reportaje y encontró a Carolina. Ella amenazó con escribir sobre unos adultos que estaban destruyendo los juegos infantiles de la plaza. Dantas le preguntó qué quería decir con eso, y ella le mostró los cuadernos . Él quedó impresionado. Primero publicó una nota en la Folha da Manhã, después en la revista O Cruzeiro. Y finalmente ayudó a Carolina a publicar sus diarios en forma de libro.

En agosto de 1960, Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada llegó a las librerías. El éxito fue inmediato y arrollador: diez mil ejemplares vendidos en la primera semana, más que Jorge Amado con Gabriela, cravo e canela en la lista de más vendidos . El libro fue traducido a catorce idiomas y publicado en más de cuarenta países . Carolina Maria de Jesus se convirtió en un fenómeno editorial mundial.

Pero el éxito no la salvó. Los vecinos de la favela, sintiéndose expuestos, le arrojaban el contenido de los orinales a ella y a sus hijos . La prensa la llamaba «vedete da favela», una especie de curiosidad exótica . Cuando publicó su segundo libro, Casa de Alvenaria (1961), donde narraba su vida después de salir de la favela, el interés decayó. Nadie quería leer a una ex-favelada negra viviendo en un barrio de clase media . Carolina intentó seguir publicando: Pedaços de Fome (1963), Provérbios (1963). Pero los contratos editoriales se deshicieron, los derechos de autor dejaron de pagarse. Una edición de bolso de Quarto de Despejo vendió más de 300 mil ejemplares en Estados Unidos, pero Carolina no recibió un centavo .

En 1969, con el dinero que le quedaba, compró un terreno en Parelheiros, en la zona sur de São Paulo, una región árida y pobre. Allí vivió sus últimos años, plantando maíz y hortalizas, leyendo el periódico, envejeciendo sola . Murió el 13 de febrero de 1977, a los 62 años, víctima de una crisis de insuficiencia respiratoria provocada por el asma. Fue enterrada como una más, en una fosa común .

La Unidos da Tijuca le devolvió esta noche lo que Brasil le negó en vida. Convirtió el Sambódromo en un libro abierto. Páginas gigantes, cuadernos manuscritos, escenas de la vida en la favela recreadas con una precisión que no era folclore, era justicia. Una bailarina con el rostro de Carolina caminó por la avenida mientras la batería marcaba el ritmo de una historia que este país prefiere no contar .

Porque Carolina incomoda. Su existencia es una pregunta incómoda: ¿cuántos genios se pierden en la miseria? ¿Cuántas voces se apagan antes de poder hablar? En un Brasil donde la desigualdad es cada vez más escandalosa, donde las favelas crecen mientras los discursos de «orden y progreso» las invisibilizan, recordar a Carolina Maria de Jesus es un acto de desobediencia.

RITA LEE: LA BRUJA QUE LE CANTA A LA DICTADURA EN LA CARA

Rita Lee Jones nació en São Paulo el 31 de diciembre de 1947, en una familia de clase media. Pero a diferencia de Carolina, ella tuvo acceso a la educación, a la música, a la industria cultural. Podría haber sido una estrella dócil. En cambio, eligió ser una piedra en el zapato del poder.

En 1966, junto con Arnaldo Baptista y Sérgio Dias, formó Os Mutantes, una de las bandas fundamentales del tropicalismo. Mezclaban rock psicodélico con ritmos brasileños, guitarras distorsionadas con samba, y lo hacían con una actitud irreverente que no pasaba desapercibida para los militares que gobernaban Brasil desde 1964.

La dictadura brasileña fue una de las más largas y crueles de América Latina: 21 años, 434 muertos y desaparecidos reconocidos oficialmente (las organizaciones de derechos humanos elevan la cifra a más de 400), tortura sistemática, censura, exilio. Rita Lee vivió todo eso desde el escenario.

En 1970, Os Mutantes se presentaron en el Festival Internacional da Canção. Rita apareció con un vestido de plástico transparente y cantó «Ando Meio Desligado». La censura ya había comenzado a operar, y la banda empezó a tener problemas. En 1972, Rita dejó Os Mutantes y formó la banda Tutti Frutti. Su carrera solista despegó, pero también los problemas con el régimen.

En 1976, Rita Lee fue detenida junto con su compañero Roberto de Carvalho mientras viajaban por San Pablo. La acusación: posesión de marihuana. Pero todos sabían que era una excusa. Rita llevaba años siendo un símbolo de rebeldía, de libertad sexual, de irreverencia política. Cantaba «Ovelha Negra», «Saúde», «Baila Comigo», canciones que hablaban de deseo, de placer, de autonomía femenina en un país donde las mujeres debían ser sumisas y los hombres, machos. Pasó tres meses presa, sufrió humillaciones, pero nunca se arrepintió. Nunca pidió perdón. Cuando salió, volvió a cantar.

La escuela que la homenajeó esta noche entendió eso. Convirtió el Sambódromo en un gigantesco escenario de rock, con carrozas que recreaban los conciertos de los años 70, con cientos de bailarines luciendo pelucas rojas como la melena indomable de Rita, con coreografías que revivían la energía de una mujer que hizo de la irreverencia un arma.

Rita Lee murió el 8 de mayo de 2023, a los 75 años. Pero en Brasil, Rita Lee no muere nunca. Cada vez que una mujer agarra una guitarra y se niega a ser dócil, cada vez que alguien canta contra el poder, cada vez que el rock suena más fuerte que los discursos de odio, Rita Lee resucita.

En un Brasil donde los militares volvieron a sonar fuerte en los últimos años, donde la memoria de la dictadura se intenta enterrar bajo discursos de orden y progreso, donde las mujeres siguen siendo minoría en los escenarios principales, recordar a Rita Lee es un acto de resistencia. Bailar su música es bailar contra el olvido.

EL CANDOMBLÉ: LOS DIOSES QUE NO MURIERON

La campeona vigente, Beija-Flor de Nilópolis, eligió un tema que late en el corazón de Brasil pero que muchos preferirían que no latiera tanto: el candomblé.

Traído al Brasil por los africanos esclavizados, el candomblé es mucho más que una religión: es un sistema de resistencia cultural, una forma de preservar la memoria, la lengua, la cosmovisión de los pueblos yoruba, fon y bantú que fueron arrancados de sus tierras y obligados a trabajar hasta morir en las plantaciones de caña y café.

Durante siglos, el candomblé fue perseguido. En el Brasil colonial e imperial, los terreiros eran allanados, los objetos sagrados destruidos, los fieles encarcelados. La Iglesia Católica veía en esas prácticas «paganas» una amenaza a la fe verdadera. El Estado veía en ellas un foco de desorden. Los negros debían ser cristianos, dóciles, obedientes. No podían adorar a sus propios dioses.

Pero los dioses no murieron. Se escondieron detrás de los santos católicos en un sincretismo que fue, ante todo, una estrategia de supervivencia. Oxalá se volvió Jesús, Iemanjá se volvió Nossa Senhora, Xangô se volvió San Jerónimo. Los negros rezaban a los santos en público, pero en el fondo de sus corazones, en las noches de terreiro, seguían bailando para los orixás.

Y siguieron bailando hasta hoy. El candomblé es una de las religiones más importantes del Brasil, con millones de fieles, con una influencia cultural que atraviesa la música, la danza, la comida, la lengua. Pero también sigue siendo perseguido. Las iglesias evangélicas, en su crecimiento explosivo, demonizan a los orixás. Los niños de candomblé son agredidos en las escuelas. Los terreiros son atacados con piedras, con balas, con fuego. La violencia cambió de forma pero no de fondo.

Beija-Flor llevó esa historia a la avenida con la majestuosidad que solo el carnaval puede tener. Carrozas que recreaban los altares de los orixás, bailarines que danzaban al ritmo de los atabaques, colores que evocaban las vestiduras sagradas. Pero no fue un desfile folclórico. Fue una declaración de guerra simbólica contra la intolerancia religiosa. Fue un grito: aquí estamos, no nos vamos, nuestra fe es tan brasileña como el samba, y los tambores que callaron durante siglos volvieron a sonar, esta vez en la avenida, esta vez sin miedo.

LO QUE ARGENTINA ENTIENDE DE ESTA NOCHE

A miles de kilómetros de distancia, en esta Argentina nuestra del 2026, esta noche del carnaval brasileño nos toca más cerca de lo que parece.

Nos toca porque sabemos de dictaduras. Porque tuvimos la nuestra, porque todavía buscamos a nuestros desaparecidos, porque la memoria sigue siendo un campo de batalla. Rita Lee cantando contra los militares nos recuerda a nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a nuestras locas de la ronda, a todas las que se negaron a callar cuando callar era lo más fácil. La diferencia es que acá los militaros mataron mucho más que en Brasil: 30 mil desaparecidos contra 400. Pero el mecanismo es el mismo: el poder que mata y después niega.

Nos toca porque sabemos de escritoras que no entran en el canon. Porque Juana Manso murió sin reconocimiento, porque Alfonsina Storni se tiró al mar, porque las voces de nuestras mujeres negras, indígenas, pobres, siguen siendo las más difíciles de escuchar. Carolina Maria de Jesus nos pregunta cuántas escritoras se perdieron en el hambre del norte argentino, cuántas voces callaron para siempre en los barrios de tierra de nuestras ciudades.

Nos toca porque también acá perseguimos religiones. Porque las comunidades afroargentinas, las que existen desde la época colonial, las que mantuvieron vivos los tambores del candombe en las llamadas «naciones», siguen siendo invisibles para el Estado y para la sociedad. Porque las religiones de matriz africana —el candomblé, la umbanda, el batuque— son miradas con desconfianza mientras otras crecen con poder y plata.

El Carnaval de Río fue esta noche un espejo. Y en ese espejo, Argentina también se ve.

Cuando el sol comenzó a asomarse sobre el Sambódromo, cuando los últimos bailarines abandonaron la avenida y el silencio volvió a ocupar su lugar, quedó flotando algo en el aire. No era solo la resaca de la fiesta. Era la certeza de que esa noche había sido diferente.

Porque Rita Lee volvió a cantar. Porque Carolina Maria de Jesus volvió a escribir. Porque los orixás volvieron a bailar. Porque el carnaval, esa máquina de producir olvido, se convirtió por unas horas en una máquina de producir memoria.

Las escuelas de samba entendieron algo que los museos, las universidades y los gobiernos muchas veces no entienden: que la memoria no se guarda, se celebra. Que el pasado no se conserva en vitrinas, se baila. Que los muertos no descansan en paz cuando los recordamos con alegría.

En un Brasil donde la desigualdad es una máquina de matar pobres, donde el racismo sigue siendo estructural, donde la memoria de la dictadura se intenta enterrar bajo discursos de orden y progreso, esta noche fue un acto de resistencia. Un acto de justicia poética. Un acto de amor.

Y mientras haya una batucada, mientras haya una escuela de samba dispuesta a recordar, mientras haya tambores que no callan, esas voces seguirán sonando.

Para siempre.

  • Foto del avatar

    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

    Related Posts

    Trump usa Malvinas para golpear a Londres y se ofrece a resolver la crisis que imagina

    Desde Irlanda, el presidente estadounidense habló de un «potencial desastre» entre la Argentina y el Reino Unido y aseguró que podría intervenir para resolverlo. No anunció un cambio en la…

    La IA ya burló sus controles: sus creadores piden bajar la velocidad antes de otro ataque

    Dario Amodei, CEO de Anthropic, advirtió que en seis a doce meses agentes más capaces podrían organizar una red de computadoras comprometidas y causar daños masivos en internet. Su pronóstico…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    You Missed

    Lemoine aclaró que Milei nunca habló de autodeterminación: sólo dijo que los kelpers tenían que decidir

    Lemoine aclaró que Milei nunca habló de autodeterminación: sólo dijo que los kelpers tenían que decidir

    Bullrich le marca un límite a Milei: la recuperación no llega al bolsillo

    Bullrich le marca un límite a Milei: la recuperación no llega al bolsillo

    PISA 2025: la escuela argentina pierde la batalla por el aprendizaje y la atención

    PISA 2025: la escuela argentina pierde la batalla por el aprendizaje y la atención

    Quirno endurece el discurso por Malvinas y su hijo integra una ONG vinculada a Londres

    Quirno endurece el discurso por Malvinas y su hijo integra una ONG vinculada a Londres

    Trump usa Malvinas para golpear a Londres y se ofrece a resolver la crisis que imagina

    Trump usa Malvinas para golpear a Londres y se ofrece a resolver la crisis que imagina

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    La IA ya burló sus controles: sus creadores piden bajar la velocidad antes de otro ataque

    La IA ya burló sus controles: sus creadores piden bajar la velocidad antes de otro ataque

    El cielo pide definiciones: amor intenso, noticias inesperadas y una semana en la que hablar de más puede salir caro

    El cielo pide definiciones: amor intenso, noticias inesperadas y una semana en la que hablar de más puede salir caro

    La inflación baja en el promedio, pero sube más rápido en la mesa: la canasta alimentaria trepó 39,6%

    La inflación baja en el promedio, pero sube más rápido en la mesa: la canasta alimentaria trepó 39,6%

    Milei quiere eliminar las PASO: la libre competencia termina cuando aparecen competidores

    Milei quiere eliminar las PASO: la libre competencia termina cuando aparecen competidores

    Kicillof suma al Evita y convierte Villa Domínico en su plataforma presidencial

    Kicillof suma al Evita y convierte Villa Domínico en su plataforma presidencial

    De los trolls a los puertos: la trama que conecta a Cerimedo con Losada y Bullrich en la Hidrovía

    De los trolls a los puertos: la trama que conecta a Cerimedo con Losada y Bullrich en la Hidrovía

    Carrizo convirtió peronistas en cucarachas: ella pasó de Cristina a Milei sin inteligencia artificial

    Carrizo convirtió peronistas en cucarachas: ella pasó de Cristina a Milei sin inteligencia artificial

    Imputaron al Chiqui Tapia y Jorge Macri presiona a Kicillof para sacarlo del CEAMSE

    Imputaron al Chiqui Tapia y Jorge Macri presiona a Kicillof para sacarlo del CEAMSE

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Kicillof podría unificar: si Milei se hunde, que lleve puestos a todos

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    Los gobernadores le creen a Milei: por eso quieren todo firmado

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más